lunes, 2 de diciembre de 2013

Por todo lo que me quito...

Desde la desarreglada cama ella lo veía, era un joven Adonis admirándose en el espejo, tenía un cuerpo de atleta resultado de horas dedicadas al gimnasio con una estricta dieta...
 
Ella era una mujer esbelta, con un porte de reina, siempre enjoyada, tenía un poco más de sesenta años, no recordaba bien cómo fue que empezó esa aventura, no lo recordaba ni le importaba, era feliz, se sentía plena, emocionada y como hace mucho tiempo que no sucedía... Se sentía satisfecha.
 
Las amigas de su edad Cougar le decían, ella solo sonreía cuando las escuchaba, se sentía envidiada por la mayoría, Si por ellas fuera, todas un hombre así tendrían, pensaba para sus adentros.
 
Ella lo conoció una noche en un bar, acudió con sus amigas y al transcurrir la noche, termino sentada platicando con ese atractivo joven, esta noche no pasó nada, solamente se conocieron, pero a partir de esa noche... Raras coincidencias sucedieron.
 
Primero lo vio de nuevo en el gimnasio que ella siempre frecuentaba, después, en sus rutinas diarias siempre se lo encontraba, ella disfrutaba esas raras coincidencias, Es el destino, siempre se decía, no recordaba que en aquella noche en que se conocieron, ella le conto todos los detalles de su vida, no hay nada más frágil, que una mujer ilusionada.
 
Las coincidencias siguieron, donde quiera se encontraban, después ya juntos iban a todas partes, disfrutaban de las mismas cosas, compartían los mismos gustos, ella estaba completamente ilusionada, la primera noche en que el la hizo suya, ella quedo convencida de que realmente era el amor de su vida... 
 
Los regalos de ella para el llegaron, relojes varios, cadenas de oro, los mejores trajes, las mejores prendas, todo de marca, todo lo que aquel semental merecía...
 
Primero eran regalos espontáneos lo que ella le daba, después fueron regalos para cumplir los caprichos de su joven amante, caprichos que se hicieron cada vez más demandantes. El amor  ciega, pero más ciega la necedad de quien no quiere ver, le puso un departamento en el centro de la ciudad, se lo equipo con una enorme televisión de pantalla, sillones de cuero, con un extenso guardarropa, llego un momento que todo esto junto con las joyas y relojes a sus cuentas hicieron mella, ella tenía dinero suficiente para vivir tranquilamente lo que le quedaba de vida, pero ese capricho le hizo gastar tanto dinero, como si tres vidas hubiera vivido ya.
 
Esto siguió y cuando menos ella lo esperó, en la quiebra quedó, las bancos de las tarjetas de crédito sin pagar su casa le fueron a embargar, perdió donde vivir, perdió su estabilidad, sus hijos perdonaron su imprudencia y juntos le pagaron una modesta vivienda.
 
El guapo novio en cuanto vio sus entradas mermar, de la misma forma en que a su vida llegó, igual de repentino, con todas las cosas nuevas, desapareció, se llevó todo lo que le había comprado, ella ya no supo de él, solo tenía las inmensas deudas como recuerdo de ese amor desenfrenado.
 
 
Los meses pasaron, de la quiebra nunca se repuso, del ánimo solo con la ayuda de familia y amigos se compuso, el recuerdo del joven amante, como un mal sueño en sus recuerdos quedo difuso. 
 
Pasaron un par de años, era el cumpleaños de su hijo mayor y todos fueron a un bar, llegando vio a una vieja conocida, una muy guapa señora de su misma generación, estaba sentada en la barra platicando y riendo con un joven apuesto, Mira que emocionada esta mi amiga, le dijo a su hijo... La amiga volteo y al reconocerla de inmediato se levantó y la fue a saludar. 
 
Ven, acompáñame, ¡Acabo de conocer a un joven ejemplar! ¡Ven, que te lo tengo que presentar!... Contagiada con la alegría de su amiga la acompaño, el referido galán estaba de espaldas a medio voltear, la conocida le toco el hombro... Mira, ella es mi amiga, te la quiero presentar.
 
El sonriente Don Juan, con la mejor de sus sonrisas volteo, solo un instante la sonrisa le duro, una bofetada cruzo su cara, tan fuerte se escuchó, que todos callaron a su alrededor.
 
Era el mismo joven amante que su fortuna exprimió, la amiga incrédula airada le reclamo, ¡Qué demonios te pasa! ¿Estás loca?
 
No, ella serenamente le contesto, Simplemente es mi forma de darle las gracias a este joven galante... Por todo lo que me quito.