miércoles, 16 de abril de 2014

Jugando en la arena...

Sentado, callado, concentrado, en la arena un niño juega, tiene una pequeña pala a un lado, un pequeño martillo y una cubeta en el otro lado, esta hincado, sin voltear a ver a nadie, no se aprecia lo que está haciendo, su mama está dentro de la casa, haciendo limpieza, preparando la comida, de vez en cuando le echa un vistazo para ver que este bien, solo ve su pequeña espalda y las herramientas tiradas a un lado de él.
 
Tiene cinco años, es hijo de un militar que lo ha educado con la misma estricta disciplina de su trabajo, la mama es una ama de casa más ocupada en su vida social que en la atención y cuidado de un infante de su edad, el niño no está acostumbrado a expresiones de cariño, no hay abrazos, no hay besos, se le trata como a un adulto sin permitírsele errores, no interactúa con otros niños.
 
Cuando está el padre en la casa su hijo tiene que estar a su lado, sentado, callado, viendo las noticias y programas violentos que acostumbra ver el papa, no hay caricaturas, por lo menos no cuando alguien lo está cuidando.
 
Sus juguetes son todos relacionados con la milicia, como deben ser para un niño, como se debe educar a un hombre, como debe ser para un digno heredero de tan ejemplar padre.
 
Sigue jugando en la arena, esta frente a un montículo que está intentando aplanarlo, alisarlo, buscando que todo quede a un mismo nivel, toma la pequeña pala y la clava a un lado para sacar más arena, con la pala sale una pequeña garra, es de un gato, del mismo color del que sale en las fotografías de los cartelones que está pegando el vecino, donde angustiado busca su mascota, donde da una recompensa a quien le pueda dar noticias de su amado gato.
 
El niño se espanta cuando ve la pata salir de entre la arena, voltea a todas partes y confirma que no lo está viendo nadie, toma la pala y haciendo un hoyo más profundo la entierra de nuevo, ahora sonríe al ver que ya no se nota, que el montículo ahora ya ha desaparecido, ya no hay vestigios de que algo ahí está enterrado.
 
Se sacude la tierra, se levanta, toma el pequeño martillo que le dio su padre, ve que está manchado de sangre, se acerca a una fuente que está en medio del jardín, lo mete en el agua junto con la palita, con detalle los limpia, tal cual como se lo han enseñado, como se debe limpiar perfectamente todo cuando se deja de jugar… Tal como lo ha aprendido en esa rigurosa educación militar.
 
 
 
 
 
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