sábado, 24 de mayo de 2014

El Vidente…

Todos lo buscaban, tenía un poder especial del que nadie comprendía pero que a todos sorprendía, lo conocían como El Vidente; tenía la capacidad de adivinar lo que iba a suceder, sus visiones le llegaban en sueños, donde predecía el futuro de quien se acercaba a consultarlo.
 
Tenía 34 años, a los 11 años se dio cuenta de su capacidad de tener sueños que se hacían realidad. El primero fue con su padre, a quien solo veía un par de veces al año, un día soñó en cómo venía a visitarlo, pero no con un fin amistoso, sólo le quería hacer una prueba de sangre para comprobarle al mundo que él no era su padre. Este sueño para un joven de su edad fue devastador, un golpe muy fuerte para su tierno corazón; si bien no tenía contacto directo con él, siempre tenía la ilusión de algún día estar junto a él, como cualquier niño de su edad. Esa vez despertó llorando y se lo contó a su madre, quien sólo lo abrazo y le dijo que no se preocupara, que sólo era una pesadilla, que no era más que un mal sueño.
 
Ese día pasó normal, como cualquier otro, fue a la escuela, regresó, jugó con sus medios hermanos, frutos del segundo matrimonio de su mamá. Cuando ya había olvidado lo soñado, recibió una llamada, era su padre, que preguntaba si iba a estar en la casa porque quería visitarlo, el niño sintió como si recibiera un baño de agua helada, serenamente le dijo que ahí iba a estar y que lo esperaba. 
 
El padre llegó una hora después, la mamá no estaba, él llegó acompañado de una persona que presentó como a un amigo. Lo saludó, lo abrazó, platicó un poco con él de todo y de nada y después le pidió que le dejara que le tomaran una muestra de sangre - Es sólo para ver si no tienes problema de salud - le había dicho el papá. El niño lloró profundamente por dentro sin soltar una sola lágrima, dejó que le levantaran la manga de la playera que portaba, dejó que le sacaran un poco de sangre, dejó que su padre lo abrazara de nuevo; agradeciéndole que le permitiera hacer eso y sin decir nada más se retiraron del lugar.
 
Ese día sufrió lo peor que le puede pasar a niño de su edad, confirmar el rechazo de un padre, un golpe del que nunca se pudo recuperar. 
 
A partir de ese día, los sueños siguieron, eran cada vez más reales, sólo bastaba que escuchara el problema de alguien para soñar algo referente al tema. De inicio no comprendía lo que sucedía, fue cuando empezó a platicarle a la mamá de los extraños sueños, que ella se dio cuenta del don de su hijo. 
 
Una vez, estando en la escuela, tuvo un problema con su maestra. Lo regañó por estar distraído en clases, la maestra tenía problemas con su pareja, por lo que su frustración se reflejó en el niño, quien esa noche soñó cómo la maestra tenía un viaje y en el trayecto sufría un accidente; vio en detalle como el vehículo en el que viajaba chocaba de frente con un autobús de pasajeros, vio cómo quedaba prensada, luchando por salir y como, a los pocos minutos, se empezaba a incendiar su vehículo, con ella adentro, atrapada, prensada. La veía cómo intentaba escapar, pero era inútil, sus piernas estaban atrapadas entre los hierros retorcidos, gritaba para que le ayudaran, pero los pasajeros que alcanzaron a bajar del autobús estaban muy golpeados para reaccionar. La maestra gritaba al sentir cómo sus pantalones se empezaron a quemar, fundiéndose la tela a la piel, ampollada por el fuego que la consumía. Ella gritaba histérica pero de nada servía, nadie se acercaba a ayudarla, los que se bajaron del autobús, sin moverse, sólo veían cómo el fuego, poco a poco, la consumía... 
 
El niño despertó gritando, llamando a su madre, quien acudió a su cuarto espantada, su hijo le contó lo que había visto, lo que había soñado y la mamá angustiada intentaba calmarlo - Es sólo un sueño, no todo lo que sueñas tiene que hacerse realidad - le decía mientras lo abrazaba, sin estar ella misma convencida de eso. En el fondo, sabía que sus sueños eran premoniciones de cosas que realmente sucederían. 
 
Ya no pudieron dormir, el niño se la pasó llorando asustado abrazando a su madre, ella también asustada por el alcance que estaban teniendo estas visiones de su hijo. 
 
Amaneció, se arreglaron para ir a la escuela y el niño le rogó a su madre que lo acompañara, quería que ella le advirtiera a su maestra de lo que le iba a pasar, pero ella se negó. Sabía que no le iban a creer y que probablemente se iban a burlar de él. 
 
El niño llegó a la escuela, entró al salón y en la primera oportunidad se acercó a la maestra, con lágrimas que le brotaron desde el fondo de su alma le dijo - Maestra, no haga ese viaje, va a tener un accidente, no vaya, por favor no vaya... -  Se lo imploraba sin poder detener las lágrimas. La maestra se quedó helada, a nadie le había dicho de ese viaje, tenía planeado visitar a su novio, de quien ya no sabía nada, él no contestaba sus llamadas, no le contestaba sus correos, sus amigas le habían dicho que ya había conocido a alguien más, que mejor se olvidara de él, pero ella no lo podía creer, tenía que verlo con sus propios ojos.
 
A nadie le había contado que pensaba ir ese fin de semana, cuando el niño le dijo eso, no supo que decir.  - No sé de qué me estás hablando, ¿De cuál viaje? ¿Quién te dijo que pensaba viajar? - Le contestó un poco alterada la maestra. - Nadie me lo ha dicho, yo lo vi en mis sueños, vi cómo viajaba en su automóvil y cómo tenía un accidente con un autobús por ir llorando, por favor no vaya, no viaje, le juro que siempre voy a estar atento a todas sus clases - Le contestó el niño llorando profundamente. 
 
La maestra no supo qué decir, no sabía qué estaba pasando, no sabía si era una broma pesada de alguna de sus colegas, que estaba usando a ese niño para quitarle la idea querer buscar a su novio. Al ver cómo no dejaba de llorar el pequeño, le dijo - Ya, calma, si no tengo pensado viajar, fue sólo un mal sueño, una pesadilla, no te preocupes más, te prometo que no voy a viajar... - El niño, al escucharla, se sintió más tranquilo, secó sus lágrimas y con una gran sonrisa salió al patio a jugar. 
 
El día transcurrió normal, salieron de clases, la mamá y su esposo se llevaron a los niños a acampar de fin de semana, jugaron mucho, rieron mucho, la pesadilla que había tenido ya la había olvidado. 
 
El lunes muy temprano llegó a la escuela, cuando llegó vio a varias maestras con las caras muy serias, como iban llegando los niños los estaban regresando, comentándoles que no había clases, que se regresaran a sus casas. A los niños que iban solos les llamaban a los padres para informarles que se habían suspendido las clases, porque su maestra había tenido un fatal accidente. La mamá, cuando escuchó esto, sintió un hueco en su corazón, no sabía cómo explicárselo al niño, pero no hizo falta, el niño la volteó a ver y sólo le dijo - No te preocupes mamá, sé que la maestra no me creyó y que hizo ese viaje- Y sin decir más se volteó para las caricaturas que estaba viendo. 
 
A partir de ese día las cosas cambiaron, la maestra le había platicado a sus colegas lo que había pasado, de cómo el niño la había intentado asustar, diciéndole que iba a tener un accidente, ella lo hizo, para intentar descubrir cuál de sus compañeras le había dicho que hiciera eso al niño. Después del accidente lo veían como si fuera un ave de mal agüero, alguien que traía mala suerte, no como un joven vidente que podía predecir el futuro, sino como un ser maldecido que traía sólo una pésima suerte. 
 
El rumor se corrió; se decía que había un niño que veía el futuro, se acercaron muchos buscando mejorar su suerte, le preguntaban sobre números de lotería, de cosas del trabajo, de infidelidades, muchos temas que no podía digerir un niño de su edad, pero que hicieron que madurara con una velocidad asombrosa. 
 
Muy pronto aprendió que podía ganar dinero con sus sueños, primero aceptaba lo que le dieran, cuando comprendió que le iban a dar lo que él pidiera, las cosas de nuevo cambiaron. A los 18 años ya contaba con un capital que le administraba su madre, se habían cambiado de casa, ahora ya era una propia; nunca se separó de su madre y su padrastro se convirtió en el padre que realmente nunca tuvo, aceptaron su don y supieron vivir con él, nunca hicieron nada para buscar aprovecharse de él. 
 
A los 34 años ya era famoso en casi todo el país, había gente que viajaba y esperaba horas para poder verlo. Ayudaba a la gente a tomar decisiones de sus negocios, de sus parejas, nunca pudo predecir nada que fuera de juegos de azar, loterías, apuestas, no podía verlo, o por lo menos nunca aceptó que lo podía ver. 
 
No tardó para que un hombre muy poderoso de las Vegas supiera de él, de inmediato pensó en todo lo que podría ganar, de lo que podia conseguir con alguien que pudiera adivinar cómo terminarían las carreras de caballos, las peleas, todo aquello que no tenía arreglado, todo aquello que no podía controlar en su negocio de apuestas de esa gran ciudad. 
 
Ordenó que le consiguieran toda la información; de quién era, dónde vivía, quiénes formaban su familia. Estaba decidido a conseguir que El Vidente trabajara para él, que hiciera de su negocio de apuestas una empresa internacional, controlando todos los eventos en los que se pudiera apostar. 
 
Su orden fue cumplida, El Vidente fue bien localizado, cada miembro de su familia fue identificado, las horas en que se movía, los lugares que frecuentaba, las horas en que atendía, todo sus movimientos fueron cuidadosamente vigilados, sin que él se diera cuenta, sin que notara que era vigilado. Sabían que si él veía a uno de ellos, bastaba para que todos los malignos planes se reflejaran en sus sueños. 
 
Cuando tuvieron toda la información completa, bien confirmada, el empresario mandó a su hijo para que se entrevistara con El Vidente, el enviado llevaba un expediente con cientos de fotografías; cada una detallando cada parte de su vida actual. Fotos de la casa donde vivía, de su consultorio, de su madre, de su novia, de amigos queridos, un tétrico collage de la vida de un protagonista que pensaba que era perfecta. 
 
Llegó al domicilio del consultorio donde atendía El Vidente, el visitante estaba consciente de que no podía estar mucho tiempo ahí, no podía darle el tiempo suficiente a El Vidente para que lo escaneara, ésta era una visita práctica y rápida de negocio, donde le iba a presentar la propuesta y no había lugar para ninguna negociación. Era simplemente presentarle a El Vidente, quién era su nuevo jefe. 
 
Se presentó, le comentó rápidamente quién era el, a quién representaba, le mostró el expediente que llevaba, todo de una forma casi mecánica. Le explicó que necesitaban de su don para conocer el resultado de los eventos deportivos, de olimpiadas, de copas mundiales. Le ofreció un porcentaje de las ganancias y lo más importante, el poder continuar con la compañía en vida de su amada y de su mamá. 
 
El Vidente no mostró ningún signo de alteración en su rostro, tenía la mirada fija en su visitante, nadie podría adivinar sus pensamientos, nadie podría adivinar qué tanto le había dolido el sentir en peligro a la gente que amaba. Sin decir nada despidió a su visita, quien sólo se levantó de su silla y puso una tarjeta de presentación en su escritorio, sólo agregó antes de irse - Necesitamos su confirmación, no venimos por una negación ni a negociar nada, necesitamos que empiece la próxima semana, no lo haga por usted, hágalo por la vida de los que más ama... -  Y el hijo del empresario se retiró del lugar. El Vidente se quedó por largo tiempo sentado, desde que su padre le había fallado cuando era niño, nunca había sentido de nuevo ningún grado de angustia, ahora sentía como todos esos años de felicidad se venían abajo, se derrumbaban, se evaporaban, como una neblina que ocultaba un mundo del que no conocía, del que nuca había formado parte, del que tanto se había cuidado para no mezclarse. 
 
Esa noche llegó a su casa donde lo esperaba su novia; era una hermosa mujer que había quedado impactada con él desde que lo conoció, cuando acompañó a su padre para consultarlo por su negocio, desde ese momento mantuvieron el contacto. Ahora ya tenían un par de meses que vivían juntos, la abrazó y al sentir el cuerpo de ella pegado al suyo sintió unas ganas inmensas de llorar, cómo si fuera un niño otra vez, como si hubiera soñado con el accidente de su maestra otra vez. 
 
Su novia sintió ese abrazo distinto a los demás, le preguntó si todo estaba bien y él solo le contestó que sí, El Vidente guardó su compostura y continuó como sin nada pasara. Cenaron, platicaron de cómo les había ido en el día, vieron un rato la televisión abrazados, ahora él más que nunca necesitaba sentirla junto a él. Intentó lo más que pudo el evitar irse a dormir, temía de lo que pudiera soñar, para evitar soñar le hizo el amor a su amada con mucha pasión, dedicándole minutos completos a cada parte de su cuerpo, intentando alargar lo más que pudiera esa pasión. Pero tanto amor tuvo su clímax y cayeron agotados, uno al lado del otro y sin poder evitarlo, terminó profundamente dormido. 
 
De repente se vio en su consultorio, atendiendo gente, cuando recibió una llamada, era de su madre. Le informaba que su casa se estaba quemando, colgó y dejando a sus pacientes sentados corrió a su hogar, llegando vio las llamas cómo salían de las ventanas, vio a su madre con su ropa ennegrecida gritándole a los bomberos que acaban de llegar, gritándoles que su nuera estaba adentro, que entraran a rescatarla. Cuando escuchó esto sólo pudo emitir un grito de dolor, sin pensarlo, corrió a la puerta de su casa, los bomberos intentaron detenerlo, pero no hay reacción más inmediata, que la de un hombre cuando ve en peligro a su amada. Pateó la puerta que de inmediato se abrió, vencida por el calor, entró como pudo. El interior estaba lleno de humo, había flamas por todos lados, intentó avanzar, pero el humo no le permitía respirar, ver, sólo caminaba guiado por la memoria de tanto tiempo de recorrer el mismo camino. Sentía cómo su ropa se empezaba a incendiar, pero no le importaba, sólo gritaba el nombre de su novia, hasta que sintió cómo lo jalaban por la espalda, eran dos bomberos que por la fuerza lo sacaban. En cuanto quedaron fuera, se escuchó una explosión y todo se vino abajo... 
 
Cuando vio caer la casa, él también se derrumbó, quedando de rodillas, con las manos sujetándose la cabeza, gritando profundamente y con tanto dolor, que no emitía sonido alguno; volvió a tomar aire para gritar de nuevo, pero ahora con un grito espeluznante, con la mirada perdida en el cielo, gritando por todo lo que perdía, por ese mundo perdido que siempre pensó que era perfecto. 
 
Su novia lo despertó, el grito fue más allá del sueño, un grito que pudieron escuchar algunos de sus vecinos, quienes prendieron sus luces para ver qué había pasado, ella lo abrazó, él, al verla, la abrazó llorando, tan profundamente que se agitaba con cada lamento, lloraba de emoción por verla viva, de miedo por verla amenazada, de dolor por saberla muerta. 
 
Al día siguiente le llamó al hijo del empresario, le dijo que estaba de acuerdo, que podían verse para ver los detalles, El Vidente sólo les pidió que fuera en un lugar donde nadie los pudiera ver. No podía correr el riesgo de que alguien lo relacionara con gente que se dedicara a las apuestas, tenía un prestigio que cuidar y él estaba siendo obligado a llevar a cabo esa nueva actividad.
 
No podían verse en la ciudad donde él vivía pero tampoco en donde vivían el empresario y su hijo, debía ser en un lugar donde fueran pocos los testigos, donde las probabilidades de que los reconocieran fueran remotas. 
 
El Vidente propuso que se vieran en un viaje en tren, había una sección de compartimientos de primera clase, privados, donde podrían hablar para ponerse de acuerdo, así eran mínimas las probabilidades de que los vieran juntos y que pudieran vincularlo con las actividades del magnate de las apuestas. 
 
El empresario y su hijo estuvieron de acuerdo, en la ruta del tren, uno iba a subir en una ciudad y los otros en otra. Para que no hubiera error y cuidando todos los detalles, El Vidente se encargó de ver lo de los boletos, le envió los suyos al empresario y a su hijo y él compró el suyo. Tal como lo habían dicho, lo hicieron; subieron al tren en lugares distintos y cuando todos abordaron, se vieron en el compartimiento del empresario. Ahí llegó El Vidente y empezó la negociación, el plan era muy sencillo, él tenía que viajar a donde estuviera entrenando, practicando o preparándose cualquiera de los jugadores, equipos o peleadores a los que iban a apostar, para que pudiera soñar con lo que iba a pasar, con el marcador, con los puntos con que iba a ganar, etc. Toda la información que pudieran necesitar para ganar sus apuestas, El Vidente a todo accedió, tenía aun presente el sueño de cómo se había quemado su casa, sabía que estas gentes estaban decididas a todo, si enviaba a otra ciudad a su novia lo iban a hacer con su madre. Si ellos se cambiaban a otro país, sabía que era fácilmente localizable, por su pura fama, y El Vidente no tenía otra forma de ganarse la vida, simple y sencillamente él estaba en sus manos... 
 
El empresario le ofreció darle un porcentaje de las ganancias, un porcentaje tan bajo que era humillante el sólo escucharlo, una burla del empresario sólo para demostrar quién tenía el poder, El Vidente, bajando la mirada, lo aceptó. 
 
Después de ponerse de acuerdo en cómo les iba a hacer llegar la información, del porcentaje y en confirmarles que los iba a ayudar en todo, padre e hijo se pusieron a brindar. Abrieron una botella del mejor de los whiskies y se pusieron a tomar, como si El Vidente no existiera, como si sólo fuera un mueble más, del elegante compartimiento. Profundamente humillado, él se levantó y salió a su propio compartimiento, cerrando las puertas tras de sí, escuchando las carcajadas de esos dos que felices celebraban, el gran negocio que acababan de cerrar. 
 
El Vidente llegó a su compartimiento, preparó las pocas cosas que llevaba y esperó a la siguiente parada para dejar ese tren. El tren llegó a la estación, era una ciudad que estaba a solo un par de horas antes de llegar a Las Vegas, bajando le marcó a su madre y después a su novia. Sólo quería confirmar que ambas estaban bien, en eso estaba cuando el tren reinició su marcha, El Vidente vio cómo se alejaba desde el andén de llegada; se quedó viendo hasta que se perdió en la distancia. Se dio la vuelta para retirarse de la estación, cuando sonó de nuevo su celular; esta vez la llamada era de uno de sus clientes, una persona que estaba muy agradecida con él, por haberle salvado la vida, por haberlo prevenido de un accidente fatal, la persona le hablaba sólo para agradecerle de nuevo por haberlo prevenido, El Vidente lo escuchó paciente, estaba acostumbrado a esas muestras tan expresivas de agradecimiento.
 
Tenía solo unos días de que lo había prevenido de su viaje, por lo que aún su cliente estaba muy impresionado y emocionado por salvarle la vida. Él era ganadero, uno de los más ricos de la región, una semana antes lo había visitado para pedirle consejos sobre un nuevo negocio que iba a realizar, El Vidente lo vio y lo citó después para darle información, como siempre lo hacía, para poder darse el tiempo de soñar. 
 
Cuando lo vio de nuevo le previno para que no viajara, le comentó que iba a tener un accidente, que se olvidara de viajar. El afortunado cliente sentía cómo se le iba la sangre del cuerpo cuando El Vidente le explicaba en detalle de todo lo que iba a pasar, sin decir más se puso a llorar. Ese viaje significaba mucho para su negocio, porque era para verse con un nuevo cliente, pero le daba pavor viajar por avión, por lo que había hecho arreglos para viajar por tierra, pero después de lo que le dijo El Vidente reprogramó su viaje, ahora por avión... 
 
Ese día, El Vidente tomo los fatídicos boletos que dejó su cliente, eran unos boletos de tren, los metió en un sobre, escribió el nombre del destinatario y una dirección y los envió por correo.
 
Eran los mismos boletos que habían recibido y utilizado el empresario junto con su hijo, para subirse a ese tren. En ese viaje en donde habían obligado a El Vidente a trabajar para ellos, el mismo tren del que se  había bajado El Vidente hacía unos minutos en esa parada previa a un fatal accidente, donde un tren, por el defecto de una vía, se iba a descarrilar. Un percance tan mortal, que nadie iba a sobrevivir. Tan imprevisto, que muchos de sus pasajeros los iba a tomar desprevenidos. Tan instantáneo, que algunos no iban a tener el tiempo ni de dejar la copa… Con la que estuvieran celebrando.