jueves, 7 de agosto de 2014

En su olvido...

 Cuelga el teléfono, le acaban de avisar que un buen amigo está agonizando, ya no le dan esperanza, son de la misma edad, recuerdos de una niñez que ha quedado muy atrás, vuelven a su mente...
 
Se sienta en la mesa en donde ha contestado el teléfono, tiene la vista fija en el teléfono sin estarlo viendo, está perdido en sus recuerdos, las imágenes vivas de tantas experiencias compartidas le hacen más difícil digerir la noticia, sería el tercer amigo que perdiera, en caso de que no pudiera salir adelante de la enfermedad que lo tiene postrado en ese hospital.
 
Fueron grandes amigos de la infancia, amigos que compartieron muchas cosas, compañeros en la transición de niño a joven, de joven a adulto.
 
Ahora recuerda por todo lo que pasaron, pero no recuerda porque simplemente se distanciaron, por qué permitió el dejar de estar en contacto, reflexionando amargamente de cuántos amigos ha lamentado su ausencia, lamentando no seguir en contacto cuando le avisan que están a punto de morir o que ya han fallecido, sin comprender que realmente desde hace muchos años a esos amigos... Los ha dejado partir.
 
Ahora no sabe qué hacer, le han avisado que está tan grave que no recibe visitas, no le pasan llamadas, emite un profundo suspiro y se levanta de esa mesa, para seguir con su vida, con su amigo en su mente, lamentando su suerte... Pero sin tomarse un minuto para llamarle a todos aquellos que aún siguen presentes.
 
Los mismos que van a continuar en su olvido, hasta que alguien le llame para avisarle... Que a otro ser querido ha perdido.