miércoles, 29 de octubre de 2014

Como si fuera ayer…

Despierta en su cama, es temprano, ha despertado con el rostro bañado de lágrimas, aún recuerda parte de su sueño. Iba caminando junto a quien fuera su esposa, como en los tiempos cuando aún estaban casados, estaban planeando fugarse para darse un momento a solas, estaban platicando rodeados de gente, jugando con sus manos, tocándose, acariciándose, riéndose, sonriendo, siempre mirándose a los ojos, ambos estaban jóvenes, igual que cuando vivieron juntos, cuando estaban casados, cuando todo era miel en la casa en la que vivían...
 
Ella le dice que lo espere en un cuarto de lo que aparenta ser una casa muy grande, le explica que está acompañada, pero que va a zafarse para ir a su lado, él sólo la escucha, buscando cualquier excusa para pegarse a ella mientras la mira a los ojos, está muy excitado, ambos están muy excitados, sintiéndose a través de la ropa, deseándose, ansiosos se separan, quedando de verse a una hora acordada...
 
Él se separa y camina hacia lo que parece ser el patio de la casa, está lleno de parientes suyos, están sus padres, sus tíos, primos, es como si fuera una fiesta familiar donde están todos reunidos, los familiares apegados y hasta los familiares lejanos, todos juntos, todos conviviendo, a todos saluda, todos con gusto lo abrazan cuando pasa entre ellos, todos sonriendo, todos bromeando, todos buscando el sentirlo a su lado cuando pasa junto a ellos, va caminando hasta cruzar el gran jardín para llegar a lo que parece ser otra parte de la casa, entra, pasa por una sala,  que al igual que el patio, está llena de gente, pero aquí no son parientes suyos, son puros familiares de su esposa, ve a sus cuñadas, tíos políticos, algunos vecinos, todos lo saludan, pero el saludo es frío, formal, sin expresar nada más allá de una simple cordialidad, un saludo que se le da a quien no se conoce, con una sonrisa que es solo un gesto de educación, sin venir del corazón.
 
Pasa entre todos y sigue caminando, es un caminar sin sentido, sin saber exactamente a dónde va, sin saber por qué debe avanzar.
 
Sale de ese cuarto y pasa por lo que aparenta ser una gran cocina, con gente concentrada en lo que aparenta la preparación de un gran banquete, diferentes platillos se ven preparándose en una gran estufa, mucha gente está ahí dentro, pero nadie conocida, nadie lo saluda, simplemente lo voltean a ver para no chocar con él, hay mucho movimiento en esa cocina, pasa entre todos, librando trastes, ollas, hasta pasar de largo, atraviesa una puerta que lo lleva a una recámara, un gran cuarto que está vacío, sin gente, solo una cama y una gran ventana toda iluminada, se acerca a la ventana y ve hacia el patio, ahí de nuevo ve a todos sus parientes, están todos sonriendo, todos conviviendo, felices, contentos, él sólo los ve a lo lejos, en ese cuarto vacío, de entre toda la gente ve caminando a su esposa, sonriendo, vestida de novia, pasa entre todos sus tíos, primos, abuelos y todos la abrazan, la besan, se ve que todos la felicitan, ella se ve radiante, caminando con ese traje de novia de un color blanco, tan blanco que parece que brilla, lleva un ramo en la mano, perfectamente maquillada y peinada, él la ve desde la ventana, cómo va caminando entre todos sus parientes, sonriendo de lo bella que se ve, de ver como toda su familia le da tantas muestras de cariño, la ve caminando hasta llegar al otro lado del jardín, donde la está esperando un hombre vestido de esmoquin,  él intentando reconocerlo, por si es alguno de sus hermanos o algún primo, pero no es nadie conocido, ella toma su mano y se acerca a su lado, dándole un gran beso en la boca, mientras se pega a su cuerpo...
 
Él todo lo ve desde la ventana, con las dos manos y frente recargadas al vidrio, el vapor de su respiración empaña parte del cristal, él le empieza a llamar, primero quedamente, hasta ir levantando la voz cada vez más fuerte, pero ellos no lo escuchan, ahora los ve caminando de la mano a lo que parece ser la entrada a una iglesia, donde un padre los espera en la puerta.
 
Él les grita con toda su fuerza, pero nadie lo escucha, todos están al pendiente de cómo la pareja avanza, es como si nadie notara que fuera la esposa de su pariente, están todos con una gran sonrisa en la cara, es como si estuvieran viendo el final feliz de una telenovela, un final feliz que todos esperaban...
 
La pareja sigue avanzando mientras él les sigue gritando, desde la ventana que sólo permite ver hacia afuera, no tiene forma de abrirse, no puede moverse, sólo puede gritar con todas sus fuerzas, hasta quedarse poco a poco afónico, la voz se le está hiendo, como se le estaba hiendo su esposa, que sin mirar atrás y tomada de la mano de su acompañante seguía caminando hacia la iglesia...
 
Él ahora también le pegaba al cristal con la cabeza, mientras seguía gritándoles, pero nadie lo escuchaba, sus gritos ahora también se ahogaban con su llanto, llorando porque ella no lo escuchaba, porque nadie  notaba su ausencia, porque nadie intentaba detenerla a ella, lloraba con un sentimiento tan profundo que todo su cuerpo se agitaba, ya no gritaba, ahora sólo lloraba, recargado en el vidrio, viendo cómo su mujer desaparecía en el interior de la iglesia...
 
Ahora su mirada volteaba al cielo, gritando, llorando, desahogando el dolor que sentía dentro del alma, llorando con tanto dolor, que su frente de nuevo empezó a golpear la ventana, cada vez más fuerte, llorando ahora con los ojos cerrados, solo golpeando hasta que sintió como el cristal estalló, llenándolo de un aire helado que recorrió su cuerpo.
 
Eso lo despertó, el aire helado que sintió era el del aire acondicionado que tenía en su cuarto, despertó bañado en lágrimas, recordando su sueño, sintiendo cómo aún tenía un dolor muy adentro de su alma, recordando como si fuera ayer, el día en que se divorció, de cuando le dijo a su esposa que era mejor terminar, que él se quería divorciar, que su matrimonio se tenía que terminar porque él ya no la amaba más... Mientras su esposa lo escuchaba, llorando desconsolada, llorando sin poder hablar, llorando sin ser escuchada, llorando desesperada, llorando suplicando por una oportunidad, llorando con el alma porque él nunca se la quiso dar.