miércoles, 8 de octubre de 2014

Iguales…

Atento veía desde la ventana cómo sus amigos hacían los últimos preparativos para partir de campamento, vivía en los dormitorios de la universidad donde estudiaba y ese verano, al igual que todos, los jóvenes partían para disfrutar de las vacaciones, tal como él siempre lo había hecho, hasta el día que había sufrido un accidente que lo tenía postrado en una silla de ruedas, fue durante un viaje de verano, cuando con sus amigos partía a las montañas para acampar por una semana, el reto de escalarlas era algo que muy pocos podían resistir, ese trágico día iban todos emocionados, como siempre,  cuando repentinamente una de las llantas se reventó, haciendo que el chofer perdiera el control, saliendo de la carretera y cayendo a un barranco, todos salieron lastimados, pero él se llevó la peor parte.
 
Duró un mes en coma, las lesiones en la espalda le hicieron perder la movilidad de las piernas, después de meses en terapia pudo aceptar el tener que moverse en silla de ruedas, pero lo que aun no podía aceptar, era que ya no podía participar, como siempre lo hacía, en todas esas actividades al aire libre, sus compañeros siguieron invitándolo, ellos no tenían problema en que los acompañara,  el problema era que él simplemente no se aceptaba con esas nuevas limitaciones.
 
Él empezó a encerrarse en sí mismo, alejándose de los demás, poco a poco se estaba quedando aislado del mundo en el que vivía, sus amigos dejaron de insistir cuando vieron que no tenían respuesta, sus padres lo llevaron a terapias, pero el resultado era el mismo, el psicólogo intentaba que comprendiera que la vida continuaba, que podía buscar la compañía de nuevos amigos, con los que pudiera compartir actividades distintas, El mundo sigue, tu eres el que se está deteniendo siempre le decían.
 
Lo que él no podía expresar abiertamente, era que él quería seguir con su mismo grupo de amigos, pero no con diferencias, no quería sentirse diferente, que lo vieran con lástima, como él pensaba que lo hacían, quería que todos fueran iguales, viviendo las mismas circunstancias para volver a ser el mismo grupo, tan unido, como siempre lo fueron.
 
Una vez intentó comentar esto en una de sus muchas terapias, pero la respuesta que le dieron le quitaron las ganas de seguir expresándose, de dejar salir ese sentimiento, de que tuviera una fuga esa forma de sentir, la única respuesta que tuvo fue Tus amigos y tu siguen siendo los mismos, nada ha cambiado, la única diferencia es que tú no puedes aceptar, que ahora tus capacidades son diferentes a las de los demás...
 
Él no quería sentirse diferente, no quería ser diferente, quería que todo fuera como antes, cuando sus amigos eran todos iguales, cuando todos eran inseparables, pero sabía que nada podía cambiar su condición, la lesión en la espalda era incorregible, no había nada que le devolviera el andar, nunca iba a volver a caminar, eso era algo que no podía cambiar… Pero su mente no dejaba de pensar.
 
Esa idea  nadie se la podía sacar de la cabeza, ahora, en esa mañana, recordaba todas esas horas de terapias, mientras veía desde la ventana a sus amigos, veía cómo terminaban de acomodar las cosas en una camioneta para partir hacia las montañas, como tantas veces lo hicieron juntos hasta el día de su accidente, ahora a él le tocaba solo ver como partían, sintiendo que ninguno de sus amigos lamentaba el dejarlo atrás, a ese antiguo colega, a ese ex compañero de aventuras, al mismo viejo camarada que tantas veces fue el primero en subir a la montaña, el mismo a quien antes lo hacían sentirse indispensable para cualquier salida de aventuras y que ahora solo se sentía como un antiguo recuerdo para varios de ellos.
 
Sentado en su silla de ruedas los veía desde su cuarto, asomado entre las cortinas de la ventana que daba a la calle, su cara estaba marcada por ojeras, la playera que traía estaba toda sucia, llena de tierra y grasa, sus brazos manchados de grasa, sus manos muy sucias, parecía como si se hubiera estado arrastrando por largo tiempo, no le preocupaba cómo se veía, eran vacaciones y prácticamente nadie quedaba, los únicos que faltaban de partir era ese grupo de amigos que estaban por marchar.
 
Cuando la camioneta arrancó él se quiso alejar de la ventana, pero un saco con herramientas se lo impidió, con una mano lo hizo a un lado para moverse, el saco se ladeó, dejando al descubierto pinzas, una navaja, varios desarmadores, todos manchados de aceite y grasa, daban la impresión de haberse usado en una gran compostura, pero no era aceite lo que tenían, era liquido de frenos, el mismo líquido de frenos que ahora se veía, como una gran mancha, tirado en la calle, una gran mancha que ocupaba el mismo lugar donde hacía unos minutos estaba estacionada una camioneta. Una camioneta que iba llena de jóvenes atletas, llenos de vida, en camino de una nueva aventura, sin saber que los habían destinado a un final distinto al planeado, donde alguien que se sentía diferente, ahora esperaba paciente, a que de nuevo, todos terminaran iguales… Como lo habían sido siempre.