martes, 10 de junio de 2014

Con una gran sonrisa en la cara....

Ya es tarde cuando llega a su cuarto, tiene la cabeza hundida en su cuello, su cuerpo parece atrofiado por el estrés de las deudas que lo ahogan, tiene meses viviendo así, lo que percibe siempre es menos de lo que debe, cada día se acumulan más sus deudas, ya no tiene cosas de valor para empeñar o vender, ha perdido todo lo que tenía por no poder recuperar las cosas, es tanta la presión que empieza a tener fugas involuntarias de su negra realidad. Se prepara de cenar y se acuesta, de inmediato queda profundamente dormido.
 
Muy temprano se despierta, entre sueños ha encontrado una respuesta a su crisis, se le han venido a la mente soluciones tan simples para salir de sus problemas que no lo puede creer, proyectos de negocio tan sencillos que parecen obvios, es un despertar muy motivado, tanto que se levanta de inmediato, ya tiene la respuesta para salir adelante, es tan fácil la solución a sus problemas que le brota una gran sonrisa, estaba ahogándose en un vaso de agua.
 
Sale de bañarse y se prepara el desayuno, su sonrisa aún se mantiene en su rostro lleno de arrugas, cada una marcada por el estrés en el que ha vivido los últimos años, un rostro que solía ser hermoso cuando era joven, ahora, a sus cuarenta y cinco años, aparenta tener por lo menos diez más, la fuerza de gravedad está haciendo su trabajo, mostrando en el espejo a un naciente anciano que refleja mucho más de su edad.
 
Empieza a desayunar cuando recibe la primera llamada del día, es el rentero que le está exigiendo el pago de los meses atrasados, están a punto de juntarse tres meses de renta y necesita que le pague o que le entregue el departamento, él le pide que le dé solo un par de días más para poder tener el dinero, el rentero ya no entiende de plazos, él necesita su dinero, discuten un par de minutos más y cuelgan, tiene que abonar por lo menos un mes de renta y ese día es día de pago, por lo menos va a poder pagar una parte de la deuda
 
Sale de su casa, su frente empieza a mostrar un ceño fruncido, no es muy notorio, pero ya se empieza a notar, va caminando a la parada del colectivo cuando suena nuevamente su celular, esta vez es el mecánico, tiene ya un mes que arreglaron su coche y no ha tenido el dinero para sacarlo del taller, ya necesita sacarlo, el mecánico ha invertido en refacciones y necesita recuperar su dinero, ya lo ha esperado mucho tiempo, si no le paga va a tener que quitar las piezas que le puso y desmontar el estéreo para cobrarse por su  tiempo y refacciones que no se pueden rescatar, tiene una semana para pagarle o recogerlo en grúa, no le permite decirle nada más y le cuelga el teléfono, él se queda sin decir nada con el móvil aun en el oído por unos minutos y lo baja lentamente, tiene que sacar su automóvil antes de que le quiten lo que le pusieron y no tiene dinero para hacerlo, la sonrisa con la que había amanecido ha desaparecido por completo, cediendo su lugar a un rostro sombrío, con una frente que ya refleja un ceño completamente fruncido.
 
Llega a la parada y espera paciente a que llegue el autobús, espera sin moverse cuando suena de nuevo su teléfono, ahora quien le marca es su vecino para avisarle que le estaban cortando la luz en ese momento, le pregunta el vecino si quiere que los detenga en lo que él regresa para mostrarles el recibo pagado pero él le dice que no lo tiene a la mano, que lo ha olvidado en la oficina, el vecino se da cuenta que es una mentira y sin decir nada más se despide. Él no había pagado la luz, no tiene con qué pagarla, ahora se sume en un silencio profundo, debe dinero por todas partes y no sabe qué hacer para poder pagar, trabaja como vendedor y sus ingresos son las comisiones que pueda sacar, no tiene un sueldo fijo y no ha tenido ventas, por su edad no ha conseguido un trabajo en otra parte, un empleo donde pueda tener un sueldo fijo, donde tenga la certeza de contar con ingresos para poder salir adelante de sus pendientes.
 
Llega su transporte y ocupa un lugar, perdido en sus pensamientos, el brillante y motivador sueño que había tenido, con las soluciones a sus problemas simplemente ha desaparecido, olvidado por completo, no recuerda ni siquiera haberlo tenido.
 
Ahora esta solo pensando en todo lo que debe, ese día es día de pago, por lo menos va a recibir algo para tratar de aminorar las deudas que lo asfixian, lo primero que va a hacer es pagar la luz, lo único con lo que cuenta para irla pasando es la comida que tiene en su refrigerador, lo último que tenia de dinero lo gastó en comida, está esperanzado a que se mantenga fresco el día para que no se eche a perder lo que tiene en la nevera.
 
Llega a su trabajo, de inmediato revisa su agenda, buscando promesas de compra a las que pudiera darle seguimiento, pero no encuentra nada, no hay nada que pueda intentar rescatar, no hay ventas a la puerta que lo puedan salvar.
 
Llega la hora de la comida, todos salen a comer y él se queda en su lugar, solo hace dos comidas al día, por la mañana cuando sale de su casa y por la noche cuando llega de nuevo, no hay para más, se justifica con todos diciendo que lleva para comer ahí en su lugar pero no es cierto, no lleva nada qué comer ahí.
 
Cuando todos han salido se pone a buscar una oportunidad laboral, como todos los días lo hace, mandando por internet su información, enviando a todos lados su currículo, buscando en ciudades cada vez más lejanas, ya no importa donde sea, no está casado ni tiene hijos, puede cambiarse de lugar sin ningún problema.
 
Revisa su correo para ver si tiene respuestas y no encuentra nada, todas las vacantes disponibles para gente de su edad son para vendedores, él ya está muy viejo para un puesto gerencial, le falta la maestría que piden para trabajar en un puesto de confianza, es un dinosaurio laboral a sus cuarenta y cinco años de edad.
 
El día termina, todos los empleados son citados en el área de caja para recibir sus sobres con la nómina, todos están formados, esperando sin prisa por su pago, son atendidos de uno en uno, con toda la calma del mundo.
 
Es su turno, llega, recibe su sobre y firma, sin mostrar ansiedad lo guarda en su pantalón, camina unos pasos, hasta estar seguro de que nadie lo ve y lo saca para abrirlo, ansioso por confirmar cuánto le había quedado después de los descuentos por los impuestos, al abrirlo se queda pasmado viendo al interior, tiene sólo un par de monedas, es todo lo que tiene, revisa el recibo y ve que le descontaron todo lo que le tocaba, había tenido un accidente con un vehículo de la compañía y él había tenido la culpa, por contrato estaba obligado a pagar el deducible del seguro, esto había sido dos meses atrás y mes tras mes le rogaba al contador para que no se lo descontaran, ahora la diferencia es que no le avisaron que lo iban a hacer, simplemente se lo descontaron, no le había tocado nada, ese pago que esperaba era su única luz para ese oscuro destino, ya no había nada mas de dónde agarrarse, no tenía de dónde más recibir dinero, ese pago de comisiones era mensual, por lo que no tendría nada hasta dentro de un mes... Si es que algo vendía.
 
Pasaron unos minutos, él solo estaba parado, con el sobre de la nómina en la mano, sin decir nada, solo viendo al infinito, de pronto se empezó a reír, primero de forma discreta, después a carcajada abierta, no paraba de reír, lo hacía con tanta fuerza que su cuerpo se agitaba con cada carcajada, las lágrimas le salían con tanta risa, todos lo voltearon a ver, no sabían qué pasaba, sólo lo veían doblarse de la risa, con un sobre en la mano, así siguió, riéndose hasta que algo pasó, algo en su mente se desconectó, perdió su contacto con la realidad…
 
El cuarto que rentaba era amueblado por lo que sólo le sacaron su ropa, él no se molestó en recogerla, nunca pensó en hacerlo, ahora sólo se la pasaba caminando, hablando solo, hablaba de miles de proyectos que le iban a dejar mucho dinero, le robaron su celular, no había forma de que lo localizaran los pocos parientes que le quedaban, simplemente desapareció para muchos, el que en algún momento fue un brillante vendedor ahora sólo era un sombra que vagaba por las calles, hablando solo, con la ropa sucia y rota de dormir en las calles, comía lo que se encontraba, lo que le daban. Nada le importaba, había perdido por completo la lucidez en su cerebro, la gente que no lo conocía de antes se acostumbró a verlo vagar por las mismas calles, le daban de comer, algo tenía ese hombre que todos de él se compadecían, les daba a todos un poco de esperanza el ver que alguien que no tenía nada... Podía tranquilamente caminar, siempre con una gran sonrisa en la cara.