miércoles, 7 de enero de 2015

Hogar, dulce hogar...

En la casa de una familia, como hay muchas; se vivía una escena familiar,  como se viven muchas...
 
- Sé que tienes algo que decirme - Le dijo la esposa a su nervioso marido.
 
- Nada, no es nada - Él le contestó, intentando ocultar una hoja membretada por un laboratorio clínico.
 
- Déjame ver el resultado - Le dijo ella, ya un poco molesta.
 
- No mi amor, es que no me dieron información - Le contestó él, ya sumamente nervioso.
 
- Que me dejes ver el resultado, necesito saber qué tan mal saliste - Le dijo ella, ya en un tono muy molesta.
 
- Pero mi amor, si te digo que no me pudieron revisar, no hay análisis para lo que quieres que me revisen - Le contestó el esposo, ya con su voz entre cortada por la presión de su mujer.
 
- ¡Cómo no van a existir análisis para revisarte!, eres un inútil que ni para eso sirves, ¡Déjame ver esa hoja, ya! - Le gritó la esposa.
 
El esposo, bajando la vista, con la mano temblorosa, le pasó la hoja rotulada del laboratorio de análisis clínicos, la esposa le arrebató el papel y se puso a leer un mensaje escrito a mano que estaba ahí: Lamentamos informarle, que no existe un estudio, para medir el nivel de la estupidez humana.
 
La mujer, cuando leyó el mensaje, hizo un gran berrinche, arrugando el papel y arrojándoselo a su esposo en la cara, para después salir, airada, del cuarto.
 
El esposo, sin decir nada, recogió del piso el papel, volteando a la puerta para asegurarse que no estuviera su mujer a la vista. Desarrugó la hoja para leerla de nuevo, después, con una sonrisa, la volvió a arrugar y la tiró a la basura, junto con una pluma que tenía guardada en el pantalón, una pluma que era del mismo color de tinta, de ese mensaje escrito, en la hoja de análisis clínicos.