sábado, 9 de septiembre de 2017

Huyendo de su propio destino

Y ella llegó, desembarcada de una esperanza que la trajo por mar, huyendo de una rutina obligada por un país que no le ofrecía un futuro, ni para ella ni para su esposo y su pequeña hija.

Con estudios universitarios, graduada con alta calificaciones en una Universidad reconocida por su excelente nivel de estudios, tenía la seguridad de poder conseguir lo que hasta ese momento no había logrado. 

Bajo del barco y empezó a contactar a quienes le había prometido ayudarla, consiguiendo el dato de un pequeño cuarto que se lo rentaron como un departamento de lujo, sin tener la mas mínima noción de como la estaban embaucando, solo agradeciendo de corazón porque la estaban ayudando. Al día siguiente muy temprano como el periódico, no sin antes pedir a todos sus santos para conseguir un buen trabajo. Vio un puesto donde solicitaban a alguien con su experiencia y educación, acudió, tuvo la entrevista, logro convencer a un patrón que estaba urgido por encontrar quien pudiera llenar la vacante vacía, después de casi una hora, salió de ese lugar con un empleo asegurado.

Llena de emoción le llamo a su esposo para darle la noticia, no lo podía creer, en tan solo un día ya estaba arreglando su vida.

Al siguiente lunes se presentó a trabajar, llego 30 minutos antes de la hora de entrada, no quería arriesgarse a cualquier imprevisto que la fuera a dejar fuera de esa oportunidad. La oficina se abrió, empezó la capacitación.  Entonces comprendieron, la nueva empleada como el nuevo patrón, que las cosas no eran tan fáciles cuando venias de otra nación, de un sistema socialista a un capitalista, de que no todo era buena suerte, de que las cosas realmente no iban a estar tan fáciles.

Empezaron los errores, errores de envíos a lugares por todos conocidos... Siempre y cuando hubieras nacido en ese país. Los nombres de los destinos eran tan lógicos para uno que no se necesitaba darlos por escrito y tan complicados para otra que nunca había oído de ellos. Errores que eran compensados con una excelente actitud de servicio, con una sonrisa natural en cada "En que le puedo ayudar", en unos clientes agradecidos por la forma tan amables en que eran atendidos.

El beneficio de la duda pudo más que el peso de los primero errores, la nueva empleada se aplicó y pronto aprendió los modos y costumbres de ese nuevo país que le abría las puertas, pronto conoció los nombres de cada estado, capitales y ciudades principales, a pronunciar los nombres correctamente, a identificar las necesidades de su patrón, con tan solo escuchar su tono de voz, en poco tiempo cumplió con las expectativas que se tenían de ella, en poco tiempo ello se ganó la tranquilidad de un empleo formal y fijo, ahora ya tenía lo que venía buscando.

Inicio el proceso de migración y pudo traer a su esposo y a su hija, rentaron un departamento más grande, pudo meter la hija a la escuela, el esposo pudo arreglar sus papeles con migración y conseguir un empleo, ahora esa familia se sentía tranquila, al contar con un nuevo horizonte, sin obstáculos para conseguir lo que quisieran, para vivir como habían soñado.

Ella cada vez dominaba más el puesto que le dieron, trabajaba horas extras sacando pendientes por el solo placer de sacarlos, sin tener que hacerlo, sin que nadie se lo exigiera. Trabajando a la par con un agradecido patrón que veía crecer su negocio gracias a su dedicación. Se fue convirtiendo en un elemento indispensable para tomar decisiones, el convivio diario de tantas horas hizo que despareciera la línea entre patrón y empleada, ahora eran ambos piezas de un proyecto en crecimiento, partes vitales para un negocio que pasaba su mejor momento, complementos que encajaban perfectamente... Personas que ya se extrañaban, cuando no estaban presentes.

Las felicitaciones mutuas cuando conseguían los objeticos se fueron haciendo mas íntimas, de un apretón de manos pasaron a los abrazos, de cumplidos pasaron a frases halago, de las palabras pasaron al silencio, donde solo bastaba las profundas miradas, con una sonrisa involuntaria, para decirse mil palabras.

Los roces de las manos casuales se convirtieron en roces provocados, el roce de los cuerpos cada vez se hicieron más lentos, la excusas para estar solos cada vez fueron más frecuentes... Hasta que el primer beso no pudo contenerse.

En una de tantas noches donde se quedaban viendo pendientes, se fusionaron dos seres que hacia tan solo unos meses eran totalmente desconocidos, dos desconocidos que nunca buscaron eso, dos desconocidos que estaban marcados por el destino.

Ahora ella tenía todo lo que había soñado para su familia, ahora ella tenía todo lo que siempre había soñado para ella... Ahora ella tenía dos cosas totalmente distintas.

Ella cambio su hora de entrada, llegaba una hora antes, pero solo ese cambio fue para ella y para su patrón, una hora que dedicaban a sumirse en una gran pasión que se desbordo en un gran amor. Poco tiempo después tuvo que aumentar también una hora más a su salida, cuando la dosis de amor tempranera ya no era suficiente, necesitaba cargarla de nuevo para poder resistir dormir con un dedicado y enamorado esposo, que la esperaba con la cena lista todos los días.

El tiempo pasó, la gente que dejo atrás en su país siguieron sus limitadas vidas, sufriendo con lo poco que el gobierno les daba, pero felices con familias bien integradas.

Ella siguió con esa doble vida, con un patrón que no se podía divorciar porque la esposa se quedaba con la mitad de la empresa y con un marido hundido en la depresión, por la frialdad de una esposa que él pensaba era provocado por no poder tener un trabajo mejor pagado. 



Y la vida siguió, para una extranjera que llegó huyendo de un país que no le ofrecía ningún futuro, solo el de poder integrar a una familia. De un país que obligaba a su gente a luchar todos juntos para salir adelante. De un país que solo servía de excusa, para aquellos que solo buscaban huir de su propio destino.