Sumido está entre miles de pendientes, atiborrando su tiempo en un espacio
antes dedicado a vivir una vida que está ahora detenida, no hay más, va
caminando entre paredes de asuntos pendientes, como si anduviera en un laberinto
de pasillos que nunca terminan, con callejones que se entrelazan eternamente,
sin nunca dar la oportunidad de ver una salida.
Caminando, ofuscado de siempre estar al día, preocupado por un futuro que
tiene mucho de haberlo alcanzado, siempre preocupado, siempre con pendientes,
siempre viviendo sin vivir por los pendientes...
¿Y la vida? Ahora como si estuviera sentado en el vagón de un viejo tranvía
va viendo por las ventanas como pasan fragmentos de diferentes épocas, como si
fueran anuncios luminosos con luces parpadeantes, cada uno anunciando las etapas
que ha vivido, las etapas que se le están escapando, las que no ha disfrutado,
las que ha perdido.
Con cada anuncio que pasa sus fuerzas se le van escapando, los anuncios
siguen pasando y él siente como se está desdoblando separándose de su cuerpo,
flotando hasta quedar completamente separado, hasta quedar flotando viéndose de
frente, viendo su cuerpo sentado con la cabeza volteada hacia la ventana en ese
viejo vagón, con un rostro sin expresión, parcialmente iluminado con cada
anuncio que por afuera va pasando, un rostro que se va haciendo más viejo con
cada nuevo anuncio que pasa.
Con angustia ve como su cara se va marchitando con cada nueva luz que pasa,
como su cabello va cambiando de color, como los huesos se van marcando en su
semblante, acentuándose con unas profundas ojeras que se le están marcando. La
ropa le va quedando más holgada en un cuerpo que se está haciendo viejo con cada
nuevo anuncio que pasa.
Con una gran impotencia intenta gritarle a un cuerpo que se va degradando,
pero no emite sonido, manotea en el aire intentando regresarse pero no se mueve,
queda flotando como si estuviera en un palco en donde está observando la tétrica
obra de una biografía que nunca fue escrita, pero que ha sido improvisada día a
día.
Ve como ya ha perdido casi todo su cabello, los ojos siguen fijos viendo
hacia los anuncios que van pasando, pero ahora sin un brillo en la mirada,
opacados por unas cataratas que intentan, de forma natural, el evitar que siga
observando ese desfile interminable de reproches que su misma vida le está
haciendo. Ahora el cuerpo está completamente encorvado por una columna vertebral
que ha sido vencida por tantos años de soportar su postura soberbia, ahora solo
es la sombra de lo que fue.
Intenta gritar de nuevo pero ningún ruido sale, ahora no intenta gritarle a
su cuerpo ya marchito, intenta gritarse a sí mismo, por la frustración de verse
cómo ha terminado, cómo se ha terminado, cómo buscando tenerlo todo, sólo a sí
mismo se ha terminado...
Una vez más lo intenta, pero esta vez toma una gran cantidad de aire y hace
un último intento, tampoco emite sonido pero logra entrar en su cuerpo, atraído
por una pequeña mano que jaloneándolo lo ha despertado, levanta su cabeza de la
mesa donde se ha quedado dormido, encima de todos los papeles en los que está
trabajando.
Voltea a ver la cabellera despeinada de donde emerge esa pequeña mano que
lo ha despertado, es de su hija más chica, aun impresionado por la pesadilla la
levanta para darle un beso, le pregunta por su madre, la baja y le acomoda el
cabello. Le dice que vaya a su cuarto, que es tarde y debe dormir, mientras
voltea a ver la montaña de papeles que tiene enfrente.
Da un gran suspiro, acomoda los documentos sobre los que se había quedado
dormido, toma su laptop para iniciar de nuevo a trabajar, es una persona muy
profesional, dedicada y consciente... De lo atrasado que está con sus
pendientes.
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