martes, 15 de octubre de 2013

Del Futbol, un fenomeno digno de analizarse...

El tema del momento, la copa mundial de Futbol en el 2014. No tengo nada a favor ni en contra, los partidos eliminatorios son excelentes pretextos para enfocar el ocio en 90 minutos de estrategias predeterminadas, algunas fallidas, otras certeras. En donde abundan las teorías científicas que justifican cada jugada emitidas por los mejores expertos amateurs que de forma espontánea se van engendrando a cada minuto del partido, todos expertos, todos dueños de la verdad absoluta.
 
El apasionamiento se incrementa en la misma medida en que va decreciendo la sensatez de los presentes, el presupuesto familiar padece ante cada partido, familias se unen, familias se separan, un concierto de afinidades que se entonan bajo un mismo tono, el marcado por el sentido del patriotismo enmarcado en una camiseta...
 
Juegos de 22 jugadores que se transforman en comparsas nacionales, donde las penurias económicas, desempleo, intrigas familiares, deudas, tragedias personales pasan a segundo plano. El mundo etéreo pasa a un universo paralelo donde un árbitro inicia y termina con trances tumultuarios de miles de seres unitarios que pierden la cordura para formar una sola masa pendiente de un acto dramático propio de las mejores tragedias dramaturgas, el meter un gol.
 
Lazos imperceptibles, intangibles pero fuertes y firmes, una hermandad inquebrantable y orgullosa, capaz de defender una camiseta con tal fiereza que el mismo Napoleón se sentiría opacado de su patriotismo en sus batallas más simbólicas... 
 
Y después del partido, viene la catarsis. En donde los sueños esfumados o esperanzas renacidas empiezan a lidiar con la realidad individual, la masa comienza su descomposición, se empiezan a identificar sus partes, seres individuales empiezan a desprenderse. Entes que despiertan del letargo futbolero, de nuevo criaturas unitarias, aisladas, individuales.
 
Las prioridades comunes pasan a segundo plano y empieza la etapa de negación, en donde algunos luchan con su propia necedad en continuar analizando un partido del que nada tiene de analizable, ahora es la batalla individual por no retornar a esta realidad que tan obligados se sienten de huir cada nueva temporada, campeonato, partido. Poco a poco se disipan los humos de las irresponsabilidades que el tumulto provoca y que en solitario lamentan, es el momento del conteo de los daños...
 
Las celebraciones posteriores reforzadas por la euforia provocada por los brindis incontables resultan en aglomeraciones en plazas públicas, donde infinidad de desconocidos sienten la imperiosa necesidad de sentirse aceptados, afines y respetados por sus iguales, en una danza alimentada por cánticos en extrañas lenguas interpretadas en lo individual y expandidas en lo global, todos cantando las mismas canciones, cánticos, mensajes, con sus respectivos niveles de degradación, siempre dependiendo del nivel de festejo previo de cada protagonista...
 
¿El final? como debiera esperarse, con las realidades individuales superando la felicidad ficticia con que cada individuo vivió su propio partido, presupuestos familiares desbastados, relaciones personales desgastadas, amistades afianzadas, todo en un universo plano del que sólo bastan noventa minutos para que el tiempo se detenga provocando esta dualidad del universo paralelo que convierten a muchos en un todo... Un todo que finaliza cuando termina el partido.