lunes, 21 de octubre de 2013

La Mujer Serpiente... Un cuento corto

Llorando desconsoladamente se aprecia a una mujer caminando, en su andar va dejando servilletas con las que intenta secar sus lagrimas y sus escurrimientos nasales, servilletas que parecen escamas, escamas semejantes a las mudas que dejan las serpientes cuando cambian de piel...
 
Tiene un andar sigiloso, no perceptible, solo te das cuenta de su presencia cuando chocas con ella provocando el ruido de su bolso, tintineos de llaves, monedas, objetos de vidrio, ruidos avizores de que tu presencia estuvo demasiado cercana, cascabeles que advierten que no eres bienvenido.
 
Sigue su camino, zigzagueando por las calles llenas de gente, evitándolos, esquivándolos, siempre dejando su rastro en todo el camino, escamas secas, piel añeja...
 
Se para frente a una puerta, espera, quieta, sin moverse, las lagrimas detenidas, el rastro parado, no voltea a ningún lado, mirada fija al frente. Son puertas de unas oficinas administrativas, madrigueras de seres que atentos a la hora de la salida están.
 
El minutero avanza, tiempos imprecisos, brincando los minutos, con temor, como previendo, como previniendo. La hora llega, el tiempo coincide con la hora de partir, jornaleros avanzan a la salida, la mujer atenta se aparta, a un lado de la puerta queda, asechando, sin moverse...
 
Empiezan a salir tranquilas las masas, gente en manada, gente en solitario, platicando unos, alegando otros, los menos... Solos, capturados por sus teléfonos celulares en textos que no acaban.
 
La mujer prepara la emboscada, sus facciones se tensan, la mujer llorosa se transforma , se endereza, se alza, su cabeza va retrocediendo, su figura se estiliza, toma altura sin despegar sus pies del suelo, arqueándose, estirándose...
 
Distingue a su presa, se acerca sigilosa y ataca, una bofetada que nunca esperaban, la sorpresa opacada con la pantalla de un móvil llena de imágenes, testimoniales de la falta imperdonable, mudo ante las fotografías, paralizado por el miedo, sin argumento que dar, la presa solo agacha la cabeza, acepta su infortunio convencido, aceptando, resignación con sentido... La Mujer Serpiente lo ha picado y sabe que no tiene destino.