martes, 28 de enero de 2014

Martirios…

Poco a poco se empieza a disipar el polvo, esta inconsciente, su pelotón fue alcanzada por un mortero que les ha pegado de lleno, su sargento decidió de última hora tomar un rumbo distinto al que habían reportado, estaban perdidos y su Batallón no tenían ni idea que habían tomado otro camino.
 
Tiene apenas veinte años y un mes que había salido de la academia, todos eran jóvenes, todos menos el sargento que era de los más viejos del regimiento.
 
Se escuchan apresurados pasos que llegan a donde están tirados, son del enemigo que viene a confirmar la baja que han provocado, un par de heridos fueron ahí mismo abatidos, a él lo ven tan malherido que lo dejan tranquilo, no vale la pena gastar una bala en quien ya tiene una muerte segura, toman las armas y se retiran dejando atrás esa escena dantesca...
 
Poco a poco empieza a despertar, siente los brazos y las piernas adormecidas, no tiene forma de darse cuenta que en realidad solo le quedan muñones en donde antes tuvo esas partes de su cuerpo, ahora solo son masas deformes de huesos y carne completamente desechos, un ojo lo tiene destrozado, prácticamente la mitad de la cara esta aplastada por la metralla, tiene el costado del torso atravesado y el pulmón agujerado...
 
Abre un ojo, el único completo, intenta aclarar la vista, esta medio recostado, a casi tres cuartos en relación con el suelo, puede ver parte del campo y del cielo, un cielo nublado, un campo lleno de cuerpos, pedazos regados de valientes soldados, soldados que mueren sin razón aparente.
 
Mueve un poco la cabeza y ve aterrado lo que cuelga a su lado, es lo que queda de su brazo, empieza a gritar, intenta moverse pero no puede hacer nada cuando lo único que en su cuerpo se mueve es solo su cabeza...
 
Grita hasta quedarse afónico, no hay eco, no tiene respuesta, esta solo entre camaradas descuartizados, por la impresión queda de nuevo desmayado, una pausa del destino para que pueda digerir lo que aún está lejos de ser el final de su camino...
 
Pasan un par de horas, despierta de nuevo, está muy mareado, es mucha la pérdida de sangre, la realidad se pierde con lo que alucina, tiene mucha sed, siente los labios secos, resecos, con la lengua como un áspero trapo la siente, raspando costras de sangre formadas en los labios, el dolor es mucho, de nuevo pierde el sentido.
 
Se despierta de nuevo, un fuerte dolor lo ha sacudido, oye un gruñido, voltea y ve un lobo mordiendo justo abajo de su hombro, en la parte que aún queda pegada de lo que antes fue un brazo, le grita pero con la garganta tan seca no emite sonido alguno, solo un bajo resoplido que en nada al animal incomoda.
 
Oye más ruidos, algunos gruñidos, el lobo no está solo, es una pequeña manada que anuncia su llegada, el líder que está a su lado fue el encargado de la avanzada de esa pequeña compañía que al igual que el soldado esta tras su propia batalla, la interminable caza para conseguir comida.
 
No hay ganados en esa zona, tampoco animales naturales de caza, han aprendido a ser carroñeros, animales astutos que reconocen el ruido de las armas, saben que donde se escuchan encontraran alimento de sobra, hace tiempo que a las balas le perdieron el miedo.
 
El resto de la manada se acomodan tranquilos, no tienen prisa en comer de inmediato, van oliendo los cuerpos tirados, escogiendo, marcando territorios, dejando a los cachorros que jueguen primero con los pedazos de carne que se asoman de esos uniformes destrozados...
 
Ve con horror como se acerca otro animal pero el líder de inmediato lo aleja, con nadie piensa compartir toda esa carne fresca, caliente, con sangre latiendo.
 
El soldado siente como la garganta le arde, de tan seca, de todo el esfuerzo que por gritar ha hecho, la falta de sangre lo mantiene en una somnolencia macabra, como en un sueño del infierno eterno, como esperando ser atizado por demonios malditos
 
Ahora una fuerte sacudida seguida por un dolor desgargante por completo lo despierta, le han arrancado uno de los brazos, sumido en un grito ahogado en medio de espasmos por el llanto aterrado ve con su ojo saliéndose de su órbita al lobo que a su lado se dispone a tragar de su carne, un par de mordidas y regresa por mas, ahora se acerca a su torso, por donde está el hoyo de la metralla, huele y decide seguir escogiendo, baja al estómago, por donde tiene atravesado el costado, la sangre lo llama y asesta una mordida, jalando para desgarrar, con sus patas haciendo palanca mientras con sus quijadas arrancan de tajo un pedazo de su costado, el dolor es indescriptible, como si fuera un muñeco de trapo queda de lado tirado, con sus entrañas al aire, aterradoramente consciente, espantosamente lucido, terriblemente despierto...
 
La adrenalina por su cuerpo corre, de nuevo la bestia encima, ahora olfateando en donde tiene el ojo dañado, como puede se mueve, intenta vanamente defenderse, de nada sirve, tanto movimiento llama la atención de la manada que se acercan, no hay nada más apetitoso que una presa aún viva, todos los rodean y por su otro brazo y las piernas empiezan…
 
Perfectamente escucha como sus huesos se trituran bajo las mandíbulas despiadadas, carne cediendo ante afilados dientes, lo que queda de su cuerpo es sacudido por minutos que parecen horas...
 
Vio cómo se preparaban para atacar lo que de su torso quedaba cuando se escuchó una ráfaga pegar a su lado, la debilidad no le permite confirmar si fue algo real, vio como el animal a su lado caía, después otros disparos para más lobos que también caían, los demás animales corrieron todos, escuchaba a unos hombres que por atrás se acercaban, no podía hablar, no podía decir nada, llorando por la emoción que lo embargaba, solo lloraba, como un niño de brazos lloraba, sacudiendo entre lágrimas su cuerpo, era la única forma que su destazado cuerpo podía expresar esa nueva esperanza...
 
Sintió cada vez más cercas las pisadas, escuchaba como entre ellos hablaban... Pero no les entendía nada.
 
Entonces comprendió, entendió, que no eran ángeles enviados del cielo, que no eran salvadores de su batallón que venían a rescatarlo, que no era el destino que lo había salvado…
 
Era simplemente el enemigo que a su campamento regresaba, los mismos con los que tenían semanas de duras batallas, sintió como le dieron la vuelta, confirmaron que no estaba muerto, algo se dijeron entre ellos y uno de ellos con su pistola le apunto, el cerro su único ojo sano y al cielo gracias dio, gracias que fueron correspondidas con un solo ruido sordo y seco que con su lamentable martirio… Terminó.
 
 
 
 
 
Cuento campo batalla