jueves, 27 de febrero de 2014

Instintos...

El sol va saliendo, extendiendo su claridad por toda la ciudad, rayos de luz que van borrando las sombras de la noche, rayos de luz que evidencian los abusos de la noche...

En una esquina se empieza a vislumbrar a una mujer sentada, mal vestida, con rastros en todo su cuerpo del mendigar por las calles, con su cabeza en la pared recargada, profundamente dormida con un bebe en su regazo, despierto, jugando con una cobija con la que estaba medio tapado.
 
Ella tiene en los brazos cicatrices causadas por múltiples heridas provocadas por las jeringas que le dan sus fugas constantes de este mundo, drogadicta desde los trece años cuando fue violada por su padrastro, cuando fue lanzada a la calle, cuando fue olvidada hasta por su propia madre.
 
Su vida ha sido una constante vagancia, prostituyéndose cuando la necesidad se lo exigía, drogándose para que su vida tuviera sentido, por sus pies pasaron muchas calles, por sus piernas muchos hombres, por sus manos diversas drogas, por su mente... Solo vagos recuerdos.
 
Tiene la mirada vidriosa, con sus ojos a medio cerrar, le faltan dientes causados por la falta de higiene, su cara llena de cicatrices de viejas heridas por disputas de esquinas, por transacciones mal acordadas, por malas negociaciones con sus clientes ocasionales.
 
Costras de mugre llenan su cuerpo, olores pestilentes marcando un rastro que nadie sigue, por lo menos de nadie que la estime...
 
Ella no recuerda ni su propio nombre, su cama es la primera banca que se encuentre al morir el día, no es propietaria ni de unos cartones que la cubran por las noches...
 
Poco a poco empieza a despertar, forzada por la luz del sol que le da de lleno, abre los ojos ve la criatura, un fuerte olor le indica que tiene que cambiarla...
 
Esta huyendo con ese pago que fue dado por una adicta a su proveedor, el niño era el pago de una transacción, ella se dio cuenta, era con su mismo vendedor, estaba por inyectarse cuando un suspiro de coherencia le llego a la cabeza, estaba ya muy dañada de tantos excesos con sustancias tan variadas, de todo había probado, a todo le metía, pero en algún lado aún quedaba algo de esa niña que fue tan lastimada, le llegaron los amargos recuerdos, de todo lo que había pasado, se vio las manos, vio la jeringa ya lista, vio al niño limpio e inocente y en ese momento supo que algo tenía que hacer...
 
Quien llevaba al niño estaba muy ocupada negociando la cantidad de heroína que iba a recibir, estaba encerrada con el proveedor en una recamara, pagando con su cuerpo el favor que le estaban haciendo al recibir como pago algo diferente a dinero.
 
Ella tomo al niño, tomo la maleta con pañales que llevaba y sin pensarlo dos veces corrió a la calle, iba temblando, por la adrenalina, por la falta de su dosis, por el llanto que desde lo más profundo de su alma le salía, abrazaba a ese niño como si fuera su hijo, era de nuevo esa niña de trece años abrazando a su muñeca más querida, era de nuevo un alma sin malicia que solo buscaba proteger a quien estaba más indefenso que ella, siempre todos la pisotearon, ahora ella sentía ese poder de defender a alguien, un instinto que nunca había sentido, un instinto aún más fuerte que su propia adicción, dejo la dosis que tenía preparada tirada, cuando unas horas antes mataba por conservar algo así...
 
Dejo de correr cuando sus piernas no dieron más, los años de pésima alimentación no reconocían la buena intención, no tenía energías con que sostener esa fuga desesperada, bajo su ritmo, siguió caminando hasta caer agotada, hasta que el cansancio domino su mente...
 
Ahora estaba despierta, iluminada por ese nuevo día, con un niño en brazos que necesitaba urgente ser cambiado, nunca en su vida lo había hecho, nunca se había hecho cargo de nadie, nunca había tenido a un bebe en brazos antes...
 
Pero al igual que los animales que nunca fueron instruidos para ser padres tuvo un instinto que la fue dirigiendo, se fijó como estaba armado el pañal que tenía y siguiendo esto puso el nuevo, limpio el excremento con unas toallas húmedas que encontró en el interior de la mochila y le dio de comer con una mamila que ya estaba preparada.
 
Sentada en la calle estaba, dándole de comer, balanceándose mientras lo hacía, susurrándole una tonada que no se explicaba de donde la sabía...
 
Termino de darle de comer y se preparó para seguir su camino, sabía que la estaban buscando, no podía ir a ningún lugar de los que acostumbraba frecuentar, estaba perdida en una ciudad donde había vivido toda su vida...
 
Paso frente a una aparador, vio lo que su cruel reflejo le reclamo, veía a una persona con el pelo revuelto, pegado en una masa por la suciedad de meses sin bañar, vio una cara sucia, manchada, demacrada sobre un suéter roto en el área de los codos, despintado y manchado por las huellas de la calle, una falda rota y sin un color definido, unos tenis igual de desgastados, uno diferente al otro...
 
Vio como esa figura sostenía a un niño con un rostro inocente que plácidamente dormía ahora cobijado con una manta limpia, manta que resaltaba en unas manos sucias con las uñas negras, largas, manchadas,...
 
No sabía que podía hacer, ni imaginarse en acudir a la policía, había sido tantas veces levantada por drogarse en las calles que tenía pavor de pensar en tan solo acercarse, pasaba frente a una iglesia pero tampoco era una opción, cuando de niña vagaba por las calles conoció a varios niños que eran solicitados por los sacerdotes que estaban al frente de esas iglesias, solicitados para darle rienda suelta a sus más bajas pasiones, después simplemente eran regresados a las calles, muchas veces sin pagarles lo que les había prometido...
 
Paso frente a una escuela, la misma a la que anteriormente había ido por que le daban de comer las sobras que quedaban del comedor, llego por la puerta de la bodega, busco a su amiga, la misma que siempre le había tendido una mano, la misma que tantas veces intento llevarla a rehabilitación, la misma que nunca la dejo de ver como otra persona más...
 
Ella era una ex religiosa que decepcionada de su propia iglesia había renunciado a ella, ahora ella por su parte daba lo que pensaba que Dios esperaba de cada uno de sus hijos, el hacer el bien sin mirar a quien, todo el mundo la conocía como la Hermana María.
 
La encontró como siempre, dándole de comer a los que no tenían con que pagar sus alimentos, temerosa confirmo que no hubiera nadie que la conociera, nadie que pudiera delatar en donde se encontraba, sabía que ahora su vida nada valía...
 
Espero a que estuviera sola escondida en unos botes de basura, cuando vio la oportunidad se acercó... ¡Hermana María!, la religiosa volteo y su cara palideció cuando la vio cargando esa criatura.
 
¿Pero qué has hecho? ¿De dónde has sacado ese niño? qué barbaridad has hecho...
 
Ella le conto lo que había sucedido, como había escuchado la transacción que se hacía y como había decidido huir con el niño, la Hermana María la escucho asombrada, nadie como ella sabía de cómo todos la daban como un ser perdido, sin futuro, sin esperanza alguna de rehabilitarse y ahí estaba, dándole el mejor ejemplo de como la bondad de las personas está más allá de la forma de comportarse, de cómo vives, de cómo sufres, con una mano tapándose la boca la escuchaba sintiendo como un nudo en la garganta se le formaba...
 
Tomo al bebe, confirmó que estaba bien, estaba despertando reclamando de nuevo alimento, la Hermana María preparo un nuevo biberón con las cosas que venían en la maleta, explicándole detalladamente como se hacía, le paso al bebe para permitirle darle de comer, fue a cerrar el comedor y juntos partieron a la casa de la ex religiosa.
 
Ahí la baño, prácticamente la rapo, no había mucho cabello que rescatar, le corto las uñas, le dio ropa limpia, se asombró de cómo un poco de cuidado y atención puede hacer tanto por una persona que ha sido completamente abandonada, los acomodo en una recamara y les dejo dormir...
 
La Hermana María no supo de inmediato que hacer, sabía que tenía que dar parte a la policía, pero también sabía que ese niño era la única esperanza para rescatar a esa mujer tan maltratada por la vida, decidió darle una oportunidad a quien le dio esa oportunidad a una vida que apenas comenzaba, no iba a dar parte hasta que ese niño le diera la fuerza para poder rehabilitarse, hasta que esa criatura diera el nuevo renacer a quien para muchos era una muerta en vida.
 
La fuerza de voluntad padece ante el terror de la abstinencia, los temblores atacaron a ese cuerpo que reclamaba las drogas que por tantos años formaron parte de su ser, temblores incontrolables con temperaturas que mantenían empapada de sudor a esa mujer, que por primera vez veía al mundo sin tener nublada su mente, dándose fuerzas con ese niño en sus brazos, dándose valor con ese nuevo instinto maternal que la hizo levantar, reaccionar, por primera vez buscar por la vida caminar...
 
Paso una semana que fue la peor que recordara, la Hermana María nunca se separó de su lado, con tratamientos, cuidados y paciencia poco a poco se fue descontaminando ese cuerpo, el nuevo cabello ya empezaba a crecer, el cuidado y alimento le hizo ganar peso, el brillo regreso a sus ojos, la conciencia del tipo de vida que llevaba le daba más fuerzas para continuar con la abstinencia...
 
El tiempo pasaba, la Hermana María sabía que tenía que dar parte a la policía, reportar a ese niño rescatado de ese trágico destino, tenía que hacerlo, podría meterse en problemas por no reportarlo a tiempo, pero era tan milagrosa la recuperación de esa madre sustituta que tenía sentimientos encontrados, era cierto que se estaba recuperando de la adicción tan tremenda que tenía, pero también era cierto que no contaba con nada para poder hacerse responsable de ese crio...
 
Llevaba ya un mes con este conflicto, ya la buena alimentación, el dormir a sus horas, el no tocar las drogas habían dado un sentido positivo a esa mujer, las huellas imborrables de su pasado seguían en sus brazos, pero una sonrisa siempre presente opacaban esas huellas presentes.
 
La criatura también iba ganando peso, ya reconocía a esas dos madres sustitutas, no hay nada que mueva más el alma que la sonrisa un bebe cuando reconoce a alguien, no hay nada que se compare, menos para quien nunca había recibido una muestra de cariño, menos para alguien que había decidido dar su vida a Dios renunciando a ser madre, fue un sentimiento que nació en esas dos, a un mismo nivel, haciendo una complicidad que las unió aún más, una lazo que ya era imposible de romper.
 
Para la Hermana María ya se trataba de una hija que acababa de rescatar y de un nieto que acaba de conocer, instintos naturales que nacen del amor incondicional de una madre, de esas madres que no necesitan parir a los hijos para darles todo, para entregarles todo, para amarlos por sobre todo...
 
Cuando menos se dieron cuenta pasaron seis meses, la recuperación era ya casi total en ella, ya no sentía la menor necesidad de drogarse otra vez, ahora acompañaba a la Hermana María en sus labores caritativas, ayudaba en el comedor, repartían alimentos, recogían donativos, siempre con él bebe con ellas, siempre los tres como una compacta familia, ya todos estaban acostumbrados a verlos juntos, todos suponían que era su hija con su nieto, nadie hacia preguntas, no había por qué hacerlas.
 
De los recuerdos pasados poco era lo que podía rescatar, siempre vivió sumida en neblinas que opacaban su mente, siempre dopada, de las gentes que trataba recordaba muy poco, si las veía de nuevo seguro que a nadie reconocía... Por lo menos ella no.
 
Empezaron a visitar todos los refugios de drogadictos, de gente que vivía en las calles, les llevaban ropa, comida, ahora formaban parte de una fundación que dirigía la Hermana María, contaban con su propio centro de rehabilitación, buscaban sacar de las calles a quienes se dejaran rescatar, andaban por toda la ciudad.
 
Ella estaba muy cambiada, había subido de peso, andaba bien vestida, por lo menos con ropa limpia, adecuadamente peinada, con un brillo en la mirada, era muy difícil que alguien la reconociera... Pero no para quien había puesto precio a su cabeza.
 
El traficante nunca había olvidado la ofensa, sabía que no había salido de la ciudad, no tenía a donde ir, por lo que solo se armó de paciencia y espero el momento en que de nuevo apareciera, no faltó quien reconociera los tatuajes que ella tenía en los brazos y en el cuello, esos tatuajes que le hicieron cuando estuvo presa, tatuajes que nunca cambian... Aunque se esté bien alimentado.
 
La ubicaron, la siguieron, estuvieron por una semana cazándola, midiendo sus movimientos, ya ellas dos andaban sin el niño que se quedaba en una guardería esperando por su madre y abuela sustitutas, quienes la cazaban no sabían que aun tenia al niño.
 
Ella tenía mucho tiempo que se sentía mal, un día lunes muy temprano se sintió peor por lo que acudió al doctor en el servicio comunitario del hospital local, la reviso, le hizo hacerse unos análisis, le decía al médico que solo era anemia, que por tanto trabajar se olvidaba de comer, que solo dormía algunas horas, una enfermera le tomo varias muestras y se fue a su casa...
 
Nunca se imaginó que ese día la estaban esperando, los lunes era cuando acudía a entregar la comida en uno de los albergues, lo hacía sola, manejando una desvalijada camioneta que les habían prestado, no tenía licencia por lo que siempre andaba con mucho cuidado, muy despacio, acudía muy temprano, cuando no había tráfico, cuando las calles estaban solas, ese día por ir al hospital por primera vez en meses había faltado a su rutina, ese día sin saberlo había burlado al destino.
 
Paso una semana más, trabajando como siempre, la nueva familia hacia planes, la Hermana María tenía que arreglar la situación del niño, ahora la ligaba algo más que una actitud caritativa, ahora era un lazo familiar que quería formalizar, hizo llamadas, consulto funcionarios, cobro favores, chantajeo a políticos ambiciosos que buscaban mejorar su imagen, utilizo el gran poder que le dieron tantos años de ayudar desinteresadamente, de pensar siempre en el prójimo, de renunciar a una vida por buscar la mejoría de los demás, ahora era el momento de pensar en ella por primera vez, de aprovechar esa única oportunidad de tener a una familia propia, ahora que sentía lo que por decisión propia había renunciado muchos años atrás, la bendición de ser madre.
 
Los favores pendientes fueron cobrados, las presiones a los funcionarios tuvieron respuesta, el chantaje a los que traficaban por su imagen tuvo resultados, les dieron una cita para presentar su caso, un Abogado de lo familiar les dio mucha esperanza, no había denuncia por robo o extravío del niño por lo que se les facilitaban las cosas.
 
Llego otro lunes, día de entregar la comida, subió las cosas a la camioneta y partió al albergue, temprano como siempre, pero esta vez no iba sola, la Hermana María la estaba acompañando, era el día en que le daban los resultados en el hospital por lo que de ahí pensaban ir con el médico. Llegaron al albergue, como la Hermana María era quien manejaba llegaron un poco más tarde de lo normal, cuando ya había gente en las calles, cuando ya había tráfico en la ciudad, tuvieron que dar dos vueltas para poderse estacionar, ese día paso normal, una entrega más, dejaron la comida y partieron al hospital...
 
El doctor estaba ocupado por lo que no las pudo atender, solo les dejo recado que regresaran más tarde para explicarles del resultado de los análisis, ella decidió esperar, ya no tenía más entregas que realizar, la Hermana María ahí la dejo y salió para ver más pendientes.
 
El medico regreso y con ella hablo, estuvieron una hora hablando del resultado de los análisis, le entrego una receta con unas indicaciones y salió, antes hizo una llamada a la Hermana María avisándole que a la casa iba, ya en la calle avanzo una cuadra cuando sintió un golpe seco, todo se oscureció, nada supo hasta despertar por un baño de agua fría amarrada a una silla, en un cuarto con las ventanas tapiadas, con un tipo mal encarado viéndola de frente franqueada por otros dos, todos viéndola fijamente...
 
¡Que milagro princesa!, hace mucho que no te veo, justo desde que te desapareciste con algo que me pertenece… Y sin decir nada más en la cara la golpeo, tenía un guante puesto con un armazón que cubría los dedos, de fierro, cada golpe que le daba desfiguraba su cara, ella solo escupía sangre con pedazos de dientes, la nariz era ya una masa deforme de carne, la boca desecha, abierta...
 
¿En dónde está el niño? le preguntaban con cada golpe que le daban... No sé, lo deje cuando esa noche corría, me dio mucho miedo y lo deje en la puerta de una iglesia.
 
De nuevo un golpe, más sangre, su ojo derecho completamente cerrado por recibir tantos, de nuevo la pregunta, de nuevo le pegaron, ya tenía la cabeza colgando, navegando en la inconciencia, la despertaban con agua helada solo para desmayarla de nuevo, la misma macabra cadencia por horas recibida, la Hermana María ya la buscaba por toda la ciudad, preguntando en todos lados, angustiada por no saber en dónde estaba.
 
Cuando ya no despertó con los baños de agua fría la desamarraron y la dejaron tirada en una esquina, iban a esperar unas horas para que se recuperara para seguir con el interrogatorio, tenían que estar seguros de que en verdad ya no lo tenía, así les tomara el tiempo que les tomara, aun si fuera necesario el arrancarle toda la cara en pedazos, eran la consigna que ahora tenían.
 
Pasaron un par de horas y regresaron, ella seguía tirada, vestía una playera que ahora estaba manchada de sangre, su falda levantada dejaba ver sus piernas, ahora ya repuestas, torneadas por la buena alimentación, por caminar todos los días, esto lo notaron y de su falda la despojaron, le quitaron la ropa interior y entre los tres la empezaron a violar, primero el jefe, después los otros dos, se tomaron su tiempo, no tenían prisa, ella estaba desmayada por lo que su flácido cuerpo a sus bajas acciones cedía, la movían de lugar, la ponían en diferentes posiciones, se convirtió en un perverso juguete para esos tres enfermos de la mente, cuando termino el tercero de nuevo el jefe volvió a empezar...
 
Mientras la violaban se empezaron a drogar, turnándose cada vez, la movían de lugar como si solo fuera un mueble más, la imprudencia por verla desmayada y estar drogados tuvo su consecuencia, habían dejado una pistola junto a sus pantalones tirados, en su juego de estarla moviendo por toda la habitación nunca se dieron cuenta de que la pistola quedo bajo su cadera, cuando termino el que estaba en turno fue a la mesas donde estaban los otros dos, para seguir drogándose, para tomar las cervezas que habían llevado hasta ese lugar.
 
Cuando los tres estaban de espaldas, ella abrió su único ojo medio sano, tomo la pistola que sintió debajo de ella y disparo sin darle a nadie, todos se agacharon cuando oyeron el disparo, corrieron mientras ella disparaba de nuevo, ahora sentada, tomando la pistola con las dos manos, sin dejar de disparar hasta que a uno de ellos acertó, fue al jefe, al traficante que le dio de lleno en la cabeza, los otros dos cuando lo vieron caer salieron corriendo de la habitación, ella llorando dejo caer la mano con la pistola a un lado, lloraba por lo que le habían hecho, por como la habían violado, por como la habían golpeado, por la noticia que el médico le había dado...
 
Y sin pensarlo de nuevo levanto la pistola poniéndosela en la sien, con esa misma determinación y sin pensarlo más acciono el gatillo, un certero balazo entro por un lado de su cabeza saliendo por el otro, se fue de este mundo sin decir nada, sabía que mientras ella viviera nunca la iban a dejar en paz hasta saber que había pasado con el niño. Ella nunca les dijo que aún lo tenía, nunca les dio su actual dirección, nunca le pudieron sacar nada, se fue sin decir una palabra, ni a sus captores ni a la Hermana María, que no le pudo decir lo que le dijo el doctor cuando fue al Hospital... Que tenía cáncer en su fase terminal.