miércoles, 26 de febrero de 2014

Una mujer desesperada...

 
Manos nerviosas arreglando una cabellera que por naturaleza resuelta está a seguir desordenada.
 
Vestida elegante, preparada para esa ocasión especial que no llegara, por lo menos hoy, se alisa el vestido, se pinta, corrige mil veces lo ya corregido, el atuendo perfecto, el porte de Reyna.
 
Ve la hora una y otra vez, esperando la llamada que no llegara, busca mensajes que no encontrara, textos que no fueron escritos, ideas… Que solo la hacen vacilar.
 
El otoño ha llegado a su vida, acentuando una belleza que solo se da en la mujer madura, plena, completa.
 
De nuevo al teléfono, de nuevo a los textos, ¿Que pasa, que no me llama?....
 
Vuelve al espejo que cansado de tanto verla ya refleja marcas de tedio en ese rostro tan bello.
 
¿Que habrá pasado que de mí se ha olvidado? ¿Que dije, que mal mensaje le he enviado?
 
Brincan los minutos, escucha el tic-tac de las segundos de un reloj digital, nada tiene sentido, todo es irreal.
 
De nuevo al teléfono, de nuevo al espejo. Una danza cuyo compas lo marca el tamborileo de sus dedos, recorre de nuevo su casa, el eco de sus pasos aún se escuchan cuando pasa de nuevo... ¡Que desesperación, que mortificación! ¿Acaso fui yo o no fui yo para él?
 
¿Qué es, que sucedió, que paso? ¡Porque la vida se tiene que desquitar conmigo, porque mi vida no es como la quiero yo! Si, fue una sola cita, pero con magia, dedos electrizantes de solo tocarse, pláticas en silencio solo con la mirada, nos dijimos tanto y hablamos tan poco...
 
Se da por vencida, abatida de nuevo. La vida cruel se lo hizo de nuevo. Cuando ya lo tenía todo lo pierde de nuevo. Solo fueron unas horas que marcaron una vida, avienta el teléfono, grita en silencio, llora su desconsuelo, amargo, desenfrenado, implacable, como solo el amor lo hace...
 
Sollozos que se comparten, a la distancia, en un mismo tono, con el mismo desconsuelo un hombre llora, estrujando una servilleta donde solo se aprecian unos números incompletos que no se entienden, imposible realizar la tan esperada llamada... Él se lamenta, ¡Que desconsuelo! ¿Porque el destino me lo hace de nuevo?...
 
Pero que es el destino si no solo caprichos que el tiempo presenta. Dos seres distintos unidos, conectados, tan separados. La rutina, la más antigua medicina, cura almas, o por lo menos las tranquiliza. Ella en su trabajo viviendo los rezagos de un sueño, resignada, conformada. El buscando obligar al tiempo a que coincidan de nuevo sus caminos...
 
Acuden al mismo lugar, buscan coincidir pero los caminos en el tiempo no se cruzan, viven como todos vidas paralelas en donde nunca se encuentran, ven sin observar, oyen sin escuchar. El tiempo, solo el tiempo es el que pone las cosas en su lugar.
 
Cuando el sueño pasó a ser un recuerdo, cuando el recuerdo pasó a ser una anécdota, cuando la anécdota pasó al olvido sucede de nuevo... Caminos encontrados, la magia ocupa su lugar, el tiempo se detuvo, se regresó, nunca se movió, el instante instantáneo fue una mirada, solo una mirada y todo despareció a sus lados.
 
Formas nebulosas, solo ellos existen, una mirada, una sonrisa y una lagrima, no necesitaron más. El abrazo los funde en un solo ser, el ser se convierte en lo único, lo único es lo que solo les importa a ellos.
 
Explicaciones muchas, necesarias ninguna. Están juntos de nuevo, el nuevo principio que el caprichoso tiempo les ha devuelto. Finales felices que no existen… Porque esto apenas comienza.
 
 
 
 
 
 
relato, #QueLeer