sábado, 1 de marzo de 2014

Ojos Tristes...

Ojos Tristes la llamaban, era una delgada mujer, de tez blanca y cabello castaño, acostumbraba ir por la calle callada, con nadie hablaba, perdió a sus padres desde muy chica, ellos murieron por un lamentable accidente, una fuga de gas cuando ella estaba ausente. Después de esto por sus abuelos fue criada hasta que también murieron en forma trágica, ambos muertos a golpes de una pala, cuando acostados en su cama estaban, una trágica muerte que la dejo sola. 
 
Llego una tía para vivir con ella, era una hermana de su abuelo, una persona de edad avanzada, de trato muy amable, pronto se ganó la confianza de la gente, cuando parecía que la tranquilidad llegaba a ese hogar de nuevo la tragedia se apareció, la tía saliendo del baño resbalo, de un golpe en la cabeza se desangro, ahí mismo murió, ahora sí, completamente sola se quedó... 
 
Desde entonces ese apodo le quedo, todos la conocían como Ojos Tristes, era un nombre fácil de recordar, solo bastaba fijarse en su mirada para ver esa eterna tristeza que por siempre la acompañaba. 
 
Ahora de dieciocho años vivía sola,  con la herencia de sus padres y abuelos le permitían vivir sin trabajar, sin salir de su casa, con nadie convivía, solo amablemente sonreía cuando alguien la saludaba, estaba sola en su propio mundo, los pobladores su tragedia respetaban y nadie a ella se acercaba. 
 
El pueblo estaba entre montañas eternamente nevadas, con temperaturas siempre muy bajas, siempre lleno de turismo que gustaba de la esquiada, un lugar muy concurrido, siempre lleno de gente extraña. 
 
Ojos Tristes caminaba cabizbaja, meditabunda, eso no evitaba que su belleza siempre llamara la atención de los turistas, de quienes no la conocían, de quienes no sabían lo que en vida sufría... 
 
Nunca se le conoció a un novio, solo se le veía ocasionalmente platicar con esos atrevidos turistas, los que solo buscaban hacer conquistas, pero nunca la veían platicar con el mismo al siguiente día, nadie criticaba esto, no había nada malo que pudiera estar haciendo, solo era amable con quien se atreviera a hablarle como fue el caso de un italiano que no pudo resistirse a su bella presencia, con el valor que le daba el buen tinto que vendían en ese lugar tomo valor y a ella se acercó... Hola, ¿no sabes cómo puedo llegar a la plaza principal? sabia el camino pero perdí el rumbo cuando te vi pasar. 
 
Ojos Tristes levanto la mirada y lo vio a los ojos, sonrió y el Italiano sintió una fuerte emoción, con esa sonrisa comprobó que era aún más hermosa de lo que había pensado, pasaron todo el día sentados en un discreto banco, por las orillas del pueblo caminaron, hablaron de mil cosas, el tiempo paso volando, llego la noche y la bella joven se despidió... 
 
El gallardo galán estaba impactado por la belleza de Ojos Tristes por lo que en acompañarla a su casa insistió, a la bella chica también le había agradado el joven y con una sonrisa accedió, iban por la calle caminando, ya con la noche encima, caminaban despacio, uno junto al otro pegados, rozándose las manos, muchas risas coquetas, llegaron a la casa y el aprovecho el momento para darle un sorpresivo beso.
 
Disculpa, no pude evitarlo le dijo, ella sonrojada lo miro y abrió la puerta haciéndose a un lado para dejarlo pasar, era una abierta invitación que el afortunado Don Juan aprovecho, ambos a la casa entraron y ambos con un fuerte abrazo se besaron... 
 
Una pasión desbordante se apodero de esos dos, hicieron el amor desenfrenadamente, terminaron ambos tirados, agotados, sudados en la mullida alfombra frente  a la chimenea... 
 
Ambos acostados, uno a un lado del otro, completamente desnudos, aun intentando recuperar el aliento. Ella le pregunto si no se le ofrecía nada porque iba para la cocina, era un buen momento para un chocolate caliente, el no quiso nada, ella se levantó, con un suéter se tapó y coquetamente salió. El al verla salir, con esas esbeltas piernas saliendo de la prenda, una vez más confirmo era una mujer muy bella, se sentía el hombre más afortunado del mundo... 
 
Ella regreso, con una taza en la mano y una toalla en la otra, a un lado se acostó y ronroneando a él se pegó. 
 
Él se volteo dándole la espalda para que ella por atrás se abrazara, tenía una duda, cuando por la calle caminaban los lugareños cuando la saludaban le decían Ojos Tristes, lo que lo tenía intrigado, cuando la sintió pegada a su espalda eso le pregunto y ella pacientemente le explico... Es porque mis padres murieron cuando era muy joven, después paso lo mismo con mis abuelos y más adelante con una tía, ya nadie me quedo de parientes aquí, por mi forma de mirar es que me dicen así. 
 
El orgullosamente le contesto... ¡Pero hoy no te visto con una mirada triste, has estado conmigo muy alegre, eso quiere decir que conmigo se te quito la tristeza!. 
 
Ella se le pego y al oído le susurro... Hoy no la tengo, pero puedes estar seguro que mañana de nuevo vuelve esa mirada. 
 
El sin comprender muy bien sus palabras cerró los ojos disfrutando ese cuerpo que lo calentaba, el perfecto cuerpo de esa hermosa dama. 
 
Al día siguiente Ojos Tristes salió de su casa, iba como siempre con su triste mirada, del Italiano nadie jamás supo nada, simplemente desapareció y no lo volvieron a ver, era un pueblo turístico donde era costumbre que los visitantes se perdieran en la fiesta y al día siguiente cuando obtenían lo que buscaban simplemente se marcharan, nadie lo echo de menos, nadie más pregunto nada... 
 
Ojos Tristes caminaba sola por la calle, de nuevo sumida en su eterna melancolía, una ilusión más que se perdía, uno más que al igual que otros amantes espontáneos, sus padres, sus abuelos y su tía, cuando sentía que la querían simplemente desaparecían, era algo que no podía evitar, no lo podía controlar, nadie sabía por todo lo que por eso sufría, condenada a estar siempre sola, ¡Eso nunca va a cambiar! pensaba mientras por la calle caminaba, sosteniendo en su mano un saco bien amarrado, caminaba a un precipicio a la orilla del poblado, llego hasta ahí, vio la infinita caída, se acercó más, sabía que no tenía otra salida, sabía que a eso estaba destinada de por vida, no podía estar con alguien que la quisiera, que le mostrara interés, nunca, sabía que eso era más fuerte que ella, una maldición que no podía comprender, sosteniéndose con una mano en un árbol se puso al filo del abismo y llorando su desgracia hizo lo que tenía que hacer... 
 
Abrió el saco que llevaba y empezó a tirar por el despeñadero restos humanos, eran dos brazos y una pierna junto con una cabeza, los restos del nuevo amante que en la noche anterior metió a su casa, otro más que mataba cuando en su cama descansaba, después de poseerla, después de confirmarle que por ella daría lo que fuera.
 
Así como lo hizo con sus padres cuando le demostraban que la querían, como lo hizo con sus abuelos cuando por ella se desvivían, como lo hizo con su única tía que era lo único que le quedaba. 
 
En el pueblo nunca supieron nada, había extrañas ausencias repentinas de jóvenes apuestos de otros pueblos, pero nunca nada que la vincularan, ella nunca salió con nadie del poblado, solo a veces se le veía caminando con alguien de fuera, pero sabían que nunca llegaba a nada, sabían que Ojos Tristes era una mujer negada a ser amada...
 
 
 
 
 
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