jueves, 17 de abril de 2014

El espectador…

Son las tres de la tarde, tiene seis horas sentado en esa plaza, viste unos tenis blancos, raspados, sucios, amarrados con trozos de agujetas que solo ocupan la mitad de los agujeros, sin calcetas, tiene las piernas estiradas, cruzadas, montadas en pantalones de mezclilla despintados, manchados, manchas originadas de diferentes líquidos, algunos corporales, otros de las bebidas adulteradas con las que pasa las tardes. 
 
Tiene puesta la playera del equipo de Futbol Club de Barcelona aunque no tenga idea de donde esta España, muy desgastada, rota en varias partes. 
 
Sus manos están con sus dedos entrelazados atrás de su cabeza, las uñas sin cortar se aprecian negras por la mugre que tienen, se apoyan en una melena grasosa con vida propia, un barbado ralo le cubre el sucio rostro, los poros dilatados por el calor reflejan los puntos negros obligados por su falta de higiene. 
 
Habla solo, se pregunta y se contesta el solo, algunas veces inmerso en pláticas tan amenas que no para de reír, mostrando los pocos dientes amarillos que aún le quedan.   Algunas veces tiene sus propios altercados, como cualquiera los puede tener en pláticas de temas delicados, como son la política o religión. Se nota cuando no está de acuerdo en algo que el mismo se ha contestado, levanta la voz, da manotazos, dibuja figuras en el aire con sus manos, como pretendiendo dar mayor argumento al tema que está exponiendo, gritando furioso cuando obtiene respuestas que no espera, esas respuestas que el mismo se ha dado. 
 
Cambia de temas de forma imprevista, usando medias frases para continuar con una idea y finalizándola con otras, cambios de humor tan variados, tan inestables como lo es toda su persona. 
 
Unos ruidos extraños que provienen de su vientre le informan que es la hora de buscar algo para comer, se levanta y sin dejar de platicar empieza a caminar, se dirige a unos contenedores de basura que hay a un costado de unos edificios de departamentos, es su lugar preferido, siempre encuentra algo de comer ahí. 
 
Llega y abre la primer tapa, son dos grandes contenedores, ahí, hurgando, encuentra un par de manzanas a medio comer, un pedazo de pizza, una salchicha y un pan que por lo duro que está, decide mejor dejar. 
 
Abre el otro contenedor y mete la mano, buscando desesperadamente algo que el solo sabe, mueve, quita, pone, hasta que encuentra lo que busca, un envase de jugo con un poco aun en el interior, con una sonrisa de triunfo lo guarda y cierra la tapa, con ambas manos llenas camina de nuevo al parque, deteniéndose en una fuente para llenar el envase de jugo, ese poco que aun tenia le va a dar sabor al agua, lo llena, lo cierra y busca un lugar tranquilo para comer. 
 
Tiene ya asignados sus lugares favoritos, todo depende de la hora del día. Uno es bajo un árbol, donde el pasto le da un lugar fresco para sentarse y comer, para ver el atardecer. 
 
El otro lugar donde siempre va, es en una banca que da hacia una conjunto de casas, le gusta estar ahí, pero solo acude por la noches, cuando ya se mete el sol, cuando ve en las ventanas iluminadas las diferentes historias de las familia que viven ahí, como si fuera un reality show donde los personajes le dan la oportunidad de entrar a su mundo a ese vagabundo... Sin tener la menor idea de estarlo haciendo. 
 
Ya es tarde, el sol va dibujando el ultimo trazo de su descenso, las sombras se alargan, él sigue comiendo bajo el árbol, como siempre lo hace, comiendo, hablando y contestando los diferentes temas que le revolotean por su cabeza, los niños curiosos que lo ven se quedan fascinados ante la singular escena, algunos cierran sus ojos para imaginarse a esos diferentes personajes que están hablando, que están discutiendo, que están susurrando, que están peleando, pueden oír los diferentes tonos de voz que ese raro ser le da a cada uno de los protagonistas de ese monologo interminable. 
 
Termina de comer y se recuesta en el árbol, viendo a los pájaros en sus nidos, viendo los colores vivos de las ramas que poco se van oscureciendo, así se queda, medio dormitando en su proceso de digestión, son de las pocas veces que los seres que habitan en su cabeza.... Se quedan callados. 
 
Abre los ojos, ya ha oscurecido, se levanta y camina deprisa hacia donde inicia su programación nocturna, en esa banca que queda encima de una pequeña loma, es la última de una serpenteante vereda que recorre todo el parque, bajando la loma hay una barda que forma el perímetro de una colonia de casas de familias trabajadoras, son pequeñas casas que están todas pegadas, todas iguales. Desde esa banca se aprecia la ventana del comedor y de una de las recamaras, es la parte posterior de las diminutas viviendas, todas de dos pisos, hechas así para poder aprovechar más los diminutos terrenos en las que fueron construidas. 
 
Llega a la banca, se sienta y presta atención a las diferentes obras que ahí se representan.   La casa que tienen exactamente enfrente es de una joven pareja, él es obrero de una planta ensambladora, ella es mesera en un restaurante, tienen una pequeña hija, las discusiones de siempre son por el dinero, nunca les alcanza para nada, la niña está jugando en el piso, tiene sus zapatitos rotos, un vestidito todo zurcido, la mesa que se aprecia en el comedor se ve muy maltratada, por el uso gastada, los platos y vasos que se ven que se ven están estrellados en algún lado, ellos siempre pelean porque no tienen nunca para nada, se gritan, se avientan cosas, él se mueve por la casa vistiendo una playera con un pantalón de trabajo, se nota que trae puesta una gruesa y reluciente cadena de oro en su cuello y en la muñeca del brazo una pulsera, también de oro. Ella ya no le contesta, está pegada a un reluciente celular, sentada en el cuarto, no deja de estar mensajeando, ambos con juguetes muy caros mientras una inocente juega en el piso con un vaso sucio. 
 
En otra casa vive una pareja de ancianos, ella no escucha bien, el batalla para moverse, con pasos temblorosos siempre está atendiendo a su esposa, le sirve su leche, una parte la tira por el temblor en sus manos, ella lo ve mientras él le sirve, cuando deja la jarra a un lado ella le acaricia la mano y la acerca a sus labios para darle un beso, el con una gran sonrisa, con pasos temblorosos regresa a su silla, ella escucha poco por lo que él tiene que levantar la voz para hablarle, son dos ancianos que juntos compartieron toda una vida. 
 
En otra casa viven un par de solteros, uno tiene una guapa novia que seguido los visita, ella todas las noches las pasa ahí, sin importar que el novio por su trabajo, varios días a la semana no llega a dormir. 
 
En otra casa viven otra pareja, ambas mujeres, una es mucho más joven que la otra, al inicio el extraño espectador pensó que eran una mama con su hija, cuando vio las muestras de cariño comprendió, que era un amor mucho más allá que el del sentido maternal. 
 
En otra casa vivía un hombre soltero, muy atlético, vivía siempre cuidando su cuerpo, por su casa llegaban muchas visitas, todas ellas mujeres muy guapas, vestidas con ropa muy provocadora, siempre llegaban a dejarle dinero, siempre rogando por un beso, él se portaba muy déspota con ellas, solo le importaba que le dieran más plata, una vez vio como golpeaba a una chica por no dejarle dinero. 
 
En otra casa vivían varios jóvenes, se veían como universitarios, siempre de fiesta, todos tomando sentados alrededor de una mesa, donde se pasaban una como lámpara muy rara, por un lado le prendían fuego y por el otro le sacaban humo, después de un rato todos se ponían muy felices, todos juntos no paraban de reír. 
 
Esa era su programación diaria, el show que todos los días veía, nunca se lo perdía, todas las noches puntual llegaba, absorbiendo historias hasta que poco a poco las luces se apagaban, hasta quedar todo a oscuras, hasta el momento de levantarse para irse al lugar donde dormía. 
 
Al día siguiente lo despertaron el trinar de los pájaros, se estiro, se levantó, se trasladó hasta un lote baldío que usaba como baño, volvió para acomodar su refugio, para que no fuera tan obvio, para que quedara oculto de cualquier curioso. 
 
Partió directamente hacia donde tenía su fuente de comida, hoy no tenía ganas de desayunar pesado, así que busco restos de frutas, encontró pedazos de manzana, algunas naranjas mal exprimidas, lo suficiente para un desayuno decente. 
 
Caminando y hablando como era su costumbre busco la banca de siempre, llegó, se sentó y con la vista perdida en el infinito empezó su extraña plática, donde varios personajes interactuaban en ese extraño monologo, los que pasan a su lado deliberadamente caminan más despacio, casi deteniéndose, buscando darse la oportunidad de escuchar la extraña platica... 
 
¡Agarra a la niña que está jugando con la basura! ¡Agárrala tú que estoy ocupada! Pero si no has comido casi nada, ¿vas a querer más leche o te sirvo café? No viejito, que ya cene. No, que si quieres café, para calentarte un poco de agua. ¡Agua flaca! ¡Que le cierres al agua que me estoy bañando! Si está cerrada la llave, debe estar vacío el tinaco, deja enciendo la bomba, ¡No, mejor entra conmigo al baño y entre las dos calentamos esto...! ¡Que es esto! ¿Crees que con esta miseria que me estás dando pagas lo que te estoy cuidando? ¡Con esto no vale la pena ni el molestarme en abrirte la puerta! ¡Que abran la puerta! ¿Que no escuchan que están tocando? ¡Debe ser el dealer con la nueva mercancía!, ¡Preparen el mechero, que la fiesta apenas empieza! ¡Espera, que el apenas se acaba de marchar al trabajo! ¿Qué tal si se regresa? Sabes que nunca vuelve hasta la mañana, empieza a desnudarte, voy a bañarme rápido.... 
 
Platicas, oraciones, palabras sin sentido para todo aquel que lo escuchara, reflejos expresados en palabras de una mente que no tiene la capacidad de procesarlas, era solo un espectador que repetía todo lo que alcanzaba a escuchar, en esas puestas en escena que todos los días veía, así seguía, por horas, solo repitiendo, muchas veces sin entender lo que repetía, solo transmitía y retransmitía lo que escuchaba, así, todo el día, como un viejo disco que solo tocaba una canción. 
 
Uno de tantos días se le vio muy extraño, ya no hablaba tanto, solo estaba sentado balanceándose de atrás para adelante, como un extraño péndulo, seguía hablando, pero en un tono más bajo, como si por primera vez recapacitara en lo que estaba diciendo, como si ahora el repetir las palabras fuera para entender por completo todo el concepto, como repitiendo para entender algún misterio... 
 
Quienes lo alcanzaban a escuchar no entendían muy bien de lo que se trataba, del por qué lo decía, se entendían muy claras sus palabras, muy claros los tonos de voz, era una narración en donde se entendía perfectamente que se trataba de dos personas hablando, pero no sabían quiénes eran los protagonistas de esa historia, solo escuchaban el extraño libreto... 
 
 -¡No llores viejito! Ya sabias que estaba muy enferma, ya nos lo había dicho el médico.
-Sí, ya se viejita, pero nunca pensé que fuera a llegar el momento, por más que quiero no puedo dejar de llorar.
-Mira, hasta ya te puedo oír un poco mejor, por lo menos de eso sirvió todo esto que me están haciendo, ya no llores, sabíamos que en algún momento nos teníamos que separar.
-Si viejita, pero no puedo hacerme la idea de que sufras más de lo que ya has pasado.
-Lo sé, por eso tú me vas ayudar a que esto ya termine, antes de que pase más, antes de que yo ya no te reconozca, antes de que en realidad me empiece a doler, antes de que me olvide de todo eso por lo que tanto te he llegado a querer.
-Ya no digas más viejita, no sé si lo pueda hacer, no sé si voy a tener el valor.
-Ya lo habíamos hablado, no tengas miedo, juntos vamos a lograrlo, ven, siéntate a mi lado, toma, sujeta de aquí la bolsa mientras meto la cabeza.
-Espérame, no puedo
-Claro que puedes, tenemos que hacerlo viejito, es ahora o nunca, mañana me quieren internar, no quiero llegar viva a ese hospital. Así, sujeta la bolsa, toma, aquí está la cinta, en cuanto meta la cabeza, la cierras del cuello. Listo, ahora vete al otro cuarto, no quiero que veas como me voy de tu lado… 
 
Esto lo decía, todo completo, repitiéndolo una y otra vez, en voz baja, balanceándose hacia adelante y hacia atrás, en un mismo ritmo, mientras repetía lo mismo, solo con intermedios marcados con sonidos que aparentaba ser el profundo llorar de un hombre de avanzada edad. 
 
Así estaba ese espectador, hablando como siempre lo hacía, con esa vista perdida sobre unas sucias mejillas, unas sucias mejillas que ahora estaban marcadas por lineas claras... Lineas provocadas por unas lágrimas, que surcaban su inexpresiva cara.