martes, 13 de enero de 2015

En el año 2215

 Son las seis de la tarde, ella está llegando a su casa, es el año 2215. Los avances tecnológicos han superado cualquier historia de fantasía, algunos avances son tan grandes, que ni siquiera fueron imaginados por los escritores más brillantes de ciencia ficción, avances de tal extremo, que muchos de ellos podrían parecer ridículos, para los que hoy aun carecemos de tantas cosas.
 
Entra a su casa, en el comedor están sentados sus dos hijos, a un lado está un androide con cuerpo de mujer, con una piel artificial igual que la de los seres humanos, una autómata autosuficiente, con órganos que son duplicados de los de los humanos, una copia exacta de una mujer.
 
Cuando la autómata la ve entrar, contrae su mecanismo facial para darle forma a una sonrisa perfecta, mostrando unos dientes impecables, con una voz bien entonada la saluda - Hola, buenas tardes. Bienvenida a casa -.
 
La mujer, al verla, le devuelve la sonrisa y le contesta - Hola, buenas tardes. Gracias por cuidar a los niños -
 
- Es un placer, se portaron muy bien. Ya que has llegado, me tengo que retirar, tengo que ir  a cuidar a otros niños - Dijo la androide, sin dejar de sonreír.
 
- Gracias de nuevo, no sé qué haría sin ti. Niños, despídanse -Contestó la agradecida mujer
 
Los dos hermosos niños voltearon a verla, viéndola fijamente, parpadeando un par de veces. Con esos bellos ojos azules, de un tono azul muy poco común, exactamente del mismo color, de los ojos de la mamá. Después, voltearon a ver a la androide, con la vista fija por un par de segundos. Esta costumbre podría parecer incómoda, para alguien de nuestra era, pero para ellos, era algo común. Sabían que la costumbre de ver fijamente de algunos niños, era sólo una cuestión de tiempo... Algo que se les iba a quitar, cuando el par de micro cámaras se adaptaran a enfocar, de forma automática, en cuanto terminaran de voltear.