Llora amargamente, encerrada en su cuarto, ha perdido a esa hija que tanto
quiere, la que siempre lleno de cariño, la que en todo momento colmó de amor,
siempre todas sus muestras de afecto eran bien correspondidas por su niña
querida. Desde que murió su esposo siempre estuvieron juntas para todo, se
acompañaron para emerger de un duelo que tanto las lastimo, su hija tenía cinco
años cuando perdió a su padre, pero el dolor de perderlo fue superado por una
madre que supo amarla más.
Pasaron algunos años, cuando la mama pensó que estaban más unidas que
nunca, fue que la perdió. La hermosa mariposa se ha convertido en oruga, esa
dulce niña se ha transformado en una desconocida engreída, orgullosa, olvidando
todo lo que su madre ha hecho por ella, lo que vivieron, lo que sufrieron.
Ahora se ha convertido en un ser desconocido, resultado de una metamorfosis
que ha transformado su esencia, un cambio radical que muchos justifican con solo
llamarlo… Adolescencia.
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