Vivo perdido desde que no tengo tus besos, sumido en el peor de los
martirios. Dejándome consumir por la falta de tu cielo, sumido en un mundo que
ha dejado de rotar, suspendido en el tiempo por la falta de tu cuerpo.
Las mieles que conmigo compartiste, han quedado como estigma en el fondo de
mi ser; convirtiéndose en óxidos que no me dejan mover, pensar. Un instante en
una existencia que nunca fue, una fantasía sostenida por mi propia ilusión,
generada por algo que realmente nunca existió.
Ahora aquí estoy, lamentando haberte conocido. Sufriendo cada instante que
pase contigo, con heridas abiertas que no pueden cicatrizar. Asombrado de cómo
se puede convertir en un infierno, esta capacidad de amar, de en ti pensar,
muerto en vida por no poder dejarte de extrañar.
El destino a ti me llevó y de ti me alejó, en este tétrico juego de la
vida, donde con los años… El tropezar duele cada vez más.
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