- ¿Oye papa y porque debemos tener tanto cuidado con la
comida? - Le preguntaba el primogénito de esa familia de mutantes al padre,
quien dedicaba su tiempo a terminar de roer el hueso de una costilla que tenía agarrada
en una de sus cuatro manos.
- Porque no sabemos aún que tan contaminada pueda estar la
comida, siempre debe estar lavado y bien cocido todo lo que nos comamos, eso
nunca se te debe de olvidar - Le contestó el patriarca de la familia.
El pequeño mutante, razonando lo que le decía su padre, se tomó
con una mano el mentón de su alargada cara mientras con las otras tres jugaba
con su plato vacío.
El padre se le quedo viendo, con una sonrisa orgullosa que
dejaba ver sus afilados colmillos. Le daba gusto que su hijo fuera tan
despierto a su corta edad y simulando ponerse serio de nuevo, le dijo a su vástago
- Ahora levántate y vete a ayudar a tu madre a preparar la comida para todos
los que faltan -
El pequeño hizo un mohín de berrinche y obediente se paró de
la mesa para ir a la cocina, donde la señora de la familia muy seria preparaba más
comida. A un lado de ella se escuchaba el suave sollozo de un niño humano que
estaba sentado en el piso, rapado, desnudo. Amarrado a una pata de la estufa,
mientras la mama mutante llenaba una gran olla con agua y verduras.
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