viernes, 25 de octubre de 2013

Destinos marcados...

Timbres que violentan la madrugada, el despertador implacable marca la hora de levantarse, se levanta puntual, con ánimo, las pocas horas de sueño provocadas por doblar turnos marcan sendas ojeras que de forma orgullosa porta el responsable obrero, la oscuridad es parte natural del entorno de su casa, oscuridad cuando sale, oscuridad cuando regresa...
 
Las carencias lo obligaron a detener sus estudios, el hambre por seguir estudiando lo motivan a seguir trabajando, ahorros indispensables para continuar con su vida, resuelto a concluir su ingeniería...
 
Planes muchos, resueltos ninguno, dependiendo siempre de doblar turnos para poder ahorrar, para poder en el futuro estudiar, no hay fatigas, la fatiga física queda opacada por su espíritu de superación, sabe que su dedicación frutos tendrá...
 
Se arregla, toma su agua con canela, es su desayuno, no hay para más, hay que economizar...
 
Recoge sus cosas y parte a un día más, a laborar, a doblar turnos, a duplicar ingresos, a demostrarse que lo puede lograr.
 
Va por la calle, alumbrada parcialmente por las pocas lámparas de su colonia irregular, sin pavimentar. Otro ser nocturno también deambula por las calles, consciente de que su dominio termina cuando nace el día, no ha sido una noche productiva, pocas cosas ajenas carga consigo, busca como terminar bien la noche...
 
Cada uno va por su camino, se observan en la distancia, advertencias despiertan en diferentes sentidos, uno se convierte en presa, el otro en cazador.
 
El criterio le dicta cambiar la rutina, cruza la calle, cambia de rumbo... Pero el rastro ya está identificado, lo siguen a la distancia, ojos vidriosos que no le pierden detalle, armas punzantes, decisiones tomadas.
 
El trecho se acorta, los pasos se avivan, las calles vacías, la angustia... Ahora llena su vida.
 
Crónicas, remembranzas, recuerdos en imágenes instantáneas pasan por su mente, años de lucha plasmadas en segundos, segundos que ahora definen su suerte.
 
Los rápidos pasos ahora se convierten en galopadas ligeras, corriendo con angustia, la prioridad por su  ingeniera por ahora suplida por conservar la vida.
 
Como lamenta llevar todos sus ahorros consigo, amigos como tantos, expertos como nadie, experimentados en nada lo convencieron que lo mejor era guardarlos en el banco, lleva con el todo su futuro, todo el ahorro de años de doblar turnos, todo el dinero que había juntado...
 
Lo siente tras de él, sus pasos emiten los mismos ecos, las jadeantes respiraciones concuerdan en un coro maldito, como maldita su suerte...
 
En su loca carrera uno tropieza...
 
Tiempo suficiente para que gane distancia la presa, la cacería de nuevo empieza, adrenalina que corren por sus venas, fuerzas... Que empiezan a desfallecer.
 
Largas jornadas laborares, horas de estudios dedicadas, vida sedentaria obligada cobra su factura. Vida llenas de vicios, alimentación insuficiente, refugios en intemperies ahora son demostradas. Pero la necesidad de uno y la supervivencia del otro sacan fuerzas que solo extienden la agonía.
 
Dobla la esquina, choca de frente con jornaleros que regresan, compañeros de empleo, todos caen, amigos, presa y cazador, gritos de auxilio, veloz huida...
 
El rápido recuento del dramático suceso deja sorprendidos a los salvadores amigos, juntos lo acompañan para que tome su transporte, todos felices por su giro de la suerte...
 
¡Es el destino, naciste para triunfar, es una muestra de que todo lo vas a lograr! no lo dejan de halagar...
 
El caminando de espaldas, ellos viéndolo de frente, como director de orquesta dirigiendo el preludio a su final.
 
Absorto de los halagos, concentrados en el salvado, todos llegando al fin del camino...
 
El resucitado del trágico destino mareado por los halagos siente como se ilumina todo su cuerpo, una luz cegadora lo convence que realmente es un ser escogido, ahora está seguro que será ingeniero, ahora sabe que tanta dedicación realmente lo ha valido.
 
El ser iluminado regresa a la tierra, ahora distingue que los gritos de sus amigos son gritos de advertencia, un claxon, está bajo la banqueta. Un golpe seco, único, mortal...
 
Ahora la luz se ha apagado. Ve a sus amigos llorando, ve un transporte urbano, gente asustada, un chofer desconsolado... Ve un obrero tirado, con su uniforme bien planchado, manchado, descompuesto, desfigurado. No reconoce el cuerpo sin vida, llama a sus amigos, pregunta quién es, nadie lo escucha, nadie lo voltea a ver...
 
Reconoce el vestir, el calzado desgastado y la mochila donde lleva todo su porvenir, es cuando se da cuenta que nadie lo voltea a ver... Porque ya todos lo están viendo a él.