martes, 26 de noviembre de 2013

El Tranvia...

Una tarde mas, un día mas de trabajo, agobiada por la rutina diaria, interminables pendientes atiborran su mente, es solo otro día mas de su jornada laboral...
 
En la casa su familia espera a que llegue día a día, después de las tensiones diarias tiene que llegar a resolver conflictos del hogar, lo único que varia en su vida, es al recorrido diario en el tranvía.
 
Es una distancia de una hora y 30 de ida y otro tanto de regreso, puntual el traslado, esto todos los días de lunes a sábado.
 
Solo es una salida de ese tranvía, indispensable tomarlo a la misma hora, cada día, todos los días...
 
Con el año en curso son 5 con la misma rutina, siempre a la misma hora de salida, siempre abordándolo las mismas caras ya conocidas...
 
Son tres horas diarias las que invierte en ese traslado, 3 horas de su vida cada seis días, rutina de tres horas por 5 años convierten a ese tranvía en una extraña familia.
 
Entre esos viajeros solo hay nombres de pila, no hay poses, no existen rangos, posiciones, riquezas, nada mas importa en esa vida de tres horas por día.
 
Las mismas personas coinciden en la ida como en el regreso, cumpliendo jornadas laborales sindicales en horarios formales...
 
Los años pasaron, el tiempo implacable a varios de esos compañeros de viaje jubila, cambiaron viajeros, nuevas amistades eventuales llegaron, la vida de ese tranvía continua...
 
Es notable como la relaja estas continuas travesías, son oasis en el desierto que se ha convertido su vida...
 
Llega a su casa solo a recoger lo que su amada familia esta resuelta a descomponer, tiene que atender a un esposo que agotado por su trabajo esta, necesita la comprensión que por ley no escrita esta obligado a recibir por tanta tensión, ella tiene que llegar a preparar la comida que debe ser del día, nada de comidas preparadas, en esa casa no se permite tal falta. Los hijos todos mayores de edad siguen viviendo en la comodidad que su incansable madre les da...
 
Después de cenar a juntar toda la ropa, que al igual que los trastes, todo se tiene que lavar, paciente esperando la hora que salga para ponerla a secar...
 
Mientras tanto el responsable y agotado esposo, en la sala con los pies sobre la mesa, leyendo el periódico para estar al día con los temas de la oficina, con la televisión prendida en el juego del día... descansa para recuperar energías.
 
Ella se sienta unos minutos en la sala completamente agotada, ¿Como te fue cariño?, pregunta el esposo, es una pregunta obligada solo por la rutina, no le importa en lo mas mínimo, separar del periódico la mirada, preguntas sin esperar respuesta, respuestas que nunca fueron dadas...
 
Ella tímidamente responde, Bien, hoy me ofrecieron el poder jubilarme... ella comenta sin mucha emoción, que bien, responde el  y con eso termina la platica del día...
 
Después del silencio que le informa que puede retirarse, la abnegada esposa sigue con la hogareña faena, ahora... a guardar la ropa seca, con prisa, por que aun tiene un par de trajes que planchar, su esposo a su trabajo impecable tiene que llegar...
 
Completamente agotada llega a su cuarto, se desnuda en silencio, con la luz apagada, sin ruido, el esposo plácidamente ya descansa.
 
Son las 12 de la noche, un día mas que puntual ha terminado su jornada infernal, ahora a dormir las pocas horas que se le tienen permitido descansar...
 
A las 5 de la mañana en punto suena el despertador, de inmediato lo apaga, voltea a ver a su esposo anticipándose al perdón por tardarse en despertar, gracias a Dios dormido aun esta.
 
Se levanta puntual, a preparar el desayuno, preparar la ropa que su amado esposo debe portar, nada debe faltar, cuando todo listo esta es hora de al esposo despertar.
 
Después a bañarse, por que el nuevo día esta por empezar...
 
Sale de su casa, va de prisa, al tranvía hay que llegar, como siempre, puntual, como todos los días, sube y la paz por única vez... llena todo su ser. Esas tres horas de viaje en tranvía es lo único que vale la pena en su lamentable vida...
 
Así continuo, nada cambio, siempre al tranvía en la misma estación, la mismo hora de ida, a la misma hora regresaba, no cambio en nada el horario, solo el destino, por que ahora ya no llegaba a la misma oficina, ahora era a una estancia escolar donde trabajaba sin cobrar, tenia un año de hacerlo, justo después de acabarse de jubilar, todo con tal de nunca dejar de viajar.
 
En su casa nunca supieron de esto, lo único que importaba era la hora puntual en que llegaba al hogar, ella no podía dejar de viajar, era su única forma de todos y de todo descansar...
 
Todos tenemos nuestros tranvías, le podemos dedicar uno minutos u horas de nuestras vidas, pero indudablemente sin esos tranvías todos quedaríamos hundidos por la rutina...