martes, 4 de febrero de 2014

De safari...

Esta amaneciendo, se preparan para la cacería, cazadores de fotografías que parten en un safari, dispuestos a conocer un nuevo tipo de aventura...
 
Salen desde el campamento base, está cerca del aeropuerto, parten por una desértica llanura, poco a poco se van internando en la selva, vislumbran nativos que apurados avanzan en desordenadas manadas, no hay lideres identificados, son solo grupos de solitarios que andan en compañía, son las ocho de la mañana, son solo seres solitarios que se trasladan en desbandada.
 
Impresionantes riscos grises se ven por donde quiera, no se aprecia a nadie escalando pero se vislumbran las colonias que en ellos habitan, animales de diferentes especies que han creado colonias como de enormes termitas, verticales, gigantescas, por dentro llenas de vidas.
 
Los paseantes se internan, andando entre riscos, navegando por grisáceos ríos, circulando entre barcazas, lanchas, botes, guiados en corrientes despiadadas, el lanchero con una gran habilidad va sorteando los embates que sacuden el medio en el que se mueven, los cazadores fotográficos están asombrados de la capacidad de pasar por canales tan estrechos que aparenta el quedar atrapados en cualquier momento...
 
Arriban a su destino en esa selva grisácea, desembarcan, es hora de iniciar con esa aventura a pie, los nervios les provocan una extraña sensación, nunca se sabe con qué especie salvaje se pueden encontrar.
 
Siguen caminando, capturando imágenes del entorno que varía en intervalos variados, es una fauna muy variada, toda sin vida, son fragmentos que la historia ha dejado como evidencia de todos los que por ahí han pasado.
 
Llegan a unas ruinas perfectamente mantenidas en su estado físico pero completamente desechas en el motivo por el cual fueron hechas, algunos centros de meditación que ahora solo sirven como excusas para vender recuerdos, centros culturales que veneran todo lo que sea dinero, iglesias colosales que han perdido de su religión el respeto, museos que guardan cadáveres de civilizaciones que por algo murieron, Palacios de Justicia que son nidos de las peores injusticias, nativos en sus vestimentas ceremoniales perfectamente adornadas dan la bienvenida a todos los excursionistas, ávidos de exprimir los variados frutos que caen en sus huertos, tan variados como el color de sus manos, el valor de sus jugos definen a los que deben ser mejor atendidos, los que deben ser completamente exprimidos, los frutos locales no sirven ni de aperitivos...
 
Los reúnen de nuevo, ahora parten a otra planicie, los grises peñascos presentes en todo momento, tono enmarcados en los mismos colores, tonos grises abarcan todo el paisaje.
 
Se notan algunas palomas que beben en oasis formados en medio de la explanada, algunas son alimentadas por aborígenes engarrotados por el paso de los años, se le ven sentados por todas partes, con miradas perdidas que viajan por el tiempo, recordando antiguas victorias en sus tristes presentes.
 
Los cazadores no pierden la oportunidad y no dejan de tomar imágenes que nunca van a ser impresas, destinadas a por siempre quedarse guardadas en baúles que no miden más de un par de centímetros, pequeños ataúdes de cientos de recuerdos...
 
El día avanza en esa selva de concreto, el sol inicia su huida y es la hora de partir, es el momento, con la caída del sol salen nuevas fieras buscando a su presa, animales que aun satisfechos buscan atacar de nuevo.
 
Los suben a la barcaza, a navegar de nuevo, ahora la corriente está muy agitada, ven a las mismas manadas pero ahora caminando en sentido contrario, con su orden desordenado, regresando con miradas frías, sin vida, caminando completamente independientes en esas masas de seres, no se comunican entre ellos, solo emiten gruñidos para decirse quítense de mi camino....
 
Llegan al campamento base, los guías los despiden amables, varias veces lo hacen, las veces necesarias para darles el tiempo de que los expedicionarios busquen algo que darles, siempre con una sonrisa en sus labios, la misma cansada y practicada sonrisa que busca contagiar una alegría que no sienten...
 
Ha terminado ese día para esos Cazadores de Fotografías, algunos llegaron con sus carteras completamente vacías, otros con los bolsos atracados, los hay con recuerdos comprados que ya se están deshaciendo, los enfermos por el agua que bebieron, los que sus relojes perdieron, todos están muy cansados por todo lo que caminaron, enojados varios por lo que perdieron, pero la mayoría dispuestos a dejarse engullir de nuevo... Por esa despiadada selva de concreto.
 
 
 
relato