lunes, 3 de febrero de 2014

La meta

Corriendo, con su cronógrafo contando, diez kilómetros por vencer en ese nuevo maratón que ha empezado a correr...
 
Con su outfit bien coordinado y el número que la identifica, es una mujer de más de cuarenta años, madre de tres hijos que ya van corriendo por la vida de forma independiente.
 
Ya va llegando al primer kilómetro, va a un buen paso, con buen ritmo, apenas está entrando en calor, el sol está pegando de lleno, lleva unos lentes que del sol la protegen, es apenas el primer kilómetro, nueve le quedan por delante, van corriendo en grupos, grupos que se van alargando, los lugares ya se van ganando, ya se empieza a notar los que en mejor condición están, sigue su paso, el mismo con el que inicio, un mismo ritmo, el sudor ya presente, un paso tras otro, va pasando a un lado de mucha gente, es un evento que atrae a muchos curiosos, amigos, sus hijos que la apoyan siempre, aún recuerda como si fuera ayer el nacimiento de los tres, de ese inicio de su maratón personal...
 
Va llegando a los dos kilómetros, va pasando a los que se van quedando, los que bajan el ritmo cuidando energías, ella tranquila los va pasando, lleva empapada la playera, con una banda en la frente que evita que a sus ojos el sudor llegue, sigue su ritmo, decidida, como cuando el padre de sus hijos los dejo, como cuando ella decidió que sus hijos no iban a tener mejor padre que esa madre que los pario...
 
El tercer kilómetro, el sol ahora más despiadado con esos maratonistas que no se dejan vencer, ella mantiene su ritmo, sigue pasando a los que no aguantan su paso, hombres, mujeres, hasta niños participan, el público le aplaude cuando pasa a su lado, de inmediato se percibe la determinación que tiene, la misma que la levanto cuando su trabajo perdió, cuando en la calle quedo, cuando tuvo que regresarse con sus tres hijos a la casa de sus padres, cuando cayó dormida llorando de impotencia, la determinación que uso para levantarse al siguiente día y salir a la calle, con la primera luz, jurándose que no regresaría hasta encontrar un empleo, tenía tanta seguridad en su mirada que en una gran empresa fue contratada, el puesto no era muy bueno, pero daba para comprar alimento...
 
Ya está llegando al cuarto kilómetro, ya siente como la sangre tiene hinchados los músculos de sus piernas, siente ese vigor que nace con la satisfacción de estar cumpliendo sus metas, el orgullo de hacer de los triunfos algo suyo, el mismo que sintió cuando pudo comprarle a sus hijos su casa, cuando le dieron las llaves, cuando sus hijos por toda la casa corrían, escogiendo su cuarto, viendo el patio, con ellos no paraba de reír, eran cuatro los niños que toda esa casa recorrían...
 
Es el quinto kilómetro, ya está a la mitad del camino, toma de las bebidas energizantes que les van ofreciendo, sigue su paso, un paso a la vez. Recuerda ese lema de cuando acompaño a su hermano en su rehabilitación, era un ser perdido que nadie apostaba nada por él, abandonado por su esposa e hijos se perdió en la bebida, sin empleo y por las calles deambulando lo encontró, lo baño, en su casa lo alojo y de la mano con el caminó en su rehabilitación, un paso a la vez, tuvo muchas recaídas, las mismas que a ella la hacían más fuerte, fuerza que se alimentaba de la debilidad de su hermano, fuerza de la que era inevitable que se contagiara su hermano, el ya no tenía forma de caer de nuevo, él ya estaba anclado en una persona que era más fuerte que sus propias adicciones... Ya pasaron los años, ahora tiene una nueva familia, un buen empleo y jamás volvió a tocar la bebida.
 
Ya el sexto kilometro está pasando, se ha mantenido en su ritmo, el sudor mezclado con el sol han bronceado su piel, ya la carrera es una larga fila, ya todos los corredores van administrando sus fuerzas, hidratándose continuamente, ya solo le faltan cuatro kilómetros, no es el momento de desfallecer como no lo fue cuando su padre falleció, cuando por primera vez sola se sintió, él era su ídolo, su gran amor, quien a pelear le enseño, siempre cobijada en su consejo, el mismo a quien le rompió el corazón cuando con su novio se fugó, quien abriéndole los brazos la perdono cuando a su casa regreso acompañada de sus tres hijos, cuando de nuevo la regaño por que las lágrimas no daban de comer, quien la hizo entender que ahora tenía tres motivos para nunca dejarse por nada ni nadie vencer. Cuando estaban enterrando a su padre se abrazó de sus hijos, con ellos lloro hasta que su alma un poco de paz sintió, no podía dejarse caer por eso, ¡no podía permitirse que su padre viera eso! comprendió que la muerte de su padre era solo una forma de descansar para él y que realmente para ella nunca murió, porque en cada nuevo paso que daba estaba segura que a su lado estaba...
 
Ahora está pasando el séptimo kilómetro, ya corre con la boca abierta, ya siente cada vez sus piernas más pesadas, pero no baja el ritmo, se mantiene en lo posible con el mismo paso, va revisando su tiempo, sonriendo por que va de acuerdo a lo planeado, como cuando su hijo le entrego su Título de Ingeniero, tantas horas de desvelo, horas extras para pagar la escuela, segura estaba de que su hijo iba a lograrlo, nunca dudo, estaba feliz en la ceremonia de graduación, ver al gallardo ingeniero portando su Título, una gran emoción que mantuvo su boca cerrada, no quería decir nada, segura estaba que con la primera palabra se escurrirían las lágrimas, no quería que su hijo la viera llorar de emoción porque estaba segura que todos llorando terminarían...
 
Sigue corriendo, es el octavo kilómetro, ahora ya ha bajado su ritmo, ya siente un pequeño dolor en una de sus piernas, la fatiga ya está presentando su factura pero no cede, no puede perder la serenidad, no debe desesperar, es solo cambiar la estrategia, adaptarse, como lo hizo cuando su hijo se fue a vivir con quien ella pensaba que era solo su mejor amigo, ahora ellos dos vivían como pareja, ella al principio no supo cómo reaccionar, no sabía que pensar, hasta que se dio cuenta de que no había nada que razonar, el seguía siendo su hijo, eso era algo que nuca iba a cambiar, lo quería igual y se dio cuenta que ahora más, porque se aceptaba como era, reconociendo el amor de acuerdo a sus sentimientos, viviendo para él, no viviendo para los demás, era feliz y lo único que una madre quiere para sus hijos es verlos felices, comprendió que solo tenía que darse la oportunidad de conocer al ser que su hijo decidió amar, el proceso de conocer iba a ser igual sin importar al final si fuera hombre o mujer, tenía que aceptar lo que su hijo aceptado tenía ya...
 
El sol ya en la cúspide esta, va por el noveno kilómetro, ya es el esfuerzo final, ya solo queda uno para terminar con ese reto que se había propuesto, siente las piernas más pesadas, el dolor en el muslo ahora es más intenso, ahora corre con jadeos, pero sigue, solo es cosa de redoblar esfuerzos, como cuando quedo en su empresa la vacante de una Gerencia, era indispensable estar titulado para poder ocupar ese lugar, ella nunca termino la universidad, el primer embarazo la dejo sin esa posibilidad, ahora tenía esa gran oportunidad, era el momento de ponerse a estudiar. Sus hijos ya estaban grandes, formados, independientes, fueron los primeros que la convencieron, solicito el puesto y en la empresa por su perfecto desempeño le dieron el puesto, pero estaba condicionada a que presentara el Titulo de la universidad, clases nocturnas, clases en fines de semana, ya no había días de descanso, acostumbrándose a generar de nuevo la sed de aprender, noches con solo un par de horas para dormir, esfuerzos que valieron la pena, cuando fue ella la que desfilo con los graduados, cuando fueron sus hijos quienes le daban el aplauso, cuando fue a ellos a quienes les entrego el Titulo y ellos orgullosos no dejaban de abrazarla...
 
Seguía corriendo, el dolor es ahora cada vez más fuerte, siente como leves calambres recorren su pie, un dolor recorre la pierna y entonces... Llego la tragedia.
 
Sintió como un fuerte calambre retorcía su pierna, la fuerzas simplemente desaparecieron y cayó al piso, no podía ser posible, estaba a metros para finalizar, ya podía ver la meta, intento pararse y de nuevo al suelo, tres veces más lo intento, las mismas que al suelo fue a dar, entonces hizo lo que no se había permitido en años hacer, llorar de desconsuelo, llorar de desesperanza, llorar de desesperación, llorar de frustración...
 
De que había servido tanta preparación, tanta concentración, tanto empeño, tanto esfuerzo que a su cuerpo los años no se lo permitieron, tirada estaba mientras otros corredores pasaban a su lado, desconsolaba lloraba cuando sintió que la ponían de pie, volteo y era su hermano quien la estaba sosteniendo, sin decir nada paso su brazo por sus hombros y con ella empezó a caminar hacia la meta, cojeando iba, sosteniéndose con su única pierna buena, dio unos pasos cuando sintió que del otro lado también la sostenía, era su hijo el mayor quien junto con su pareja desde la meta vio cómo su madre caía, ayudando a su tío entre ambos la sostenían, sus otros dos hijos se sumaron y los cinco como si fueran uno hacia la meta se encaminaron, ella sonreía, orgullosa de quienes la sostenían, con pequeños pasos se acercaba, con una lagrima de profunda emoción entre los aplausos de los que estaba presentes la línea de meta cruzo, feliz a sus hijos y a su hermano abrazo, feliz de cruzar la línea final, los diez kilómetros fueron alcanzados. Los esfuerzos por las metas logradas en su vida... En esa carrera fueron totalmente recompensados.