miércoles, 2 de abril de 2014

En la misma acera…

Después de tantos años te vuelvo a encontrar, cuando ambos vivimos tan alejados, ciudades tan distintas, cada uno con su propia familia...
 
El encuentro fue imprevisto, ninguno lo esperaba, sincronías de la vida que nunca te explicas, coincidencias que simplemente suceden, han pasado tantos años, tantas cosas, tantas vidas, tanto tiempo que he olvidado por completo por qué nos dejamos, el por qué nos separamos, el por qué no terminaste aquí, caminando a mi lado.
 
Ahora te veo venir, compartiendo la misma acera en vidas tan distintas, vienes caminando con dos niñas, supongo que son tus hijas, una tiene tu misma sonrisa, la otra tus bellos ojos, es como si el caprichoso tiempo se detuviera un momento, el suficiente para dar cuenta de todos los detalles, del brazo de el en tu talle, en tu mirada fija en las niñas, en la sonrisa de todos, como en una complicidad de algo que solo ustedes saben...
 
No has advertido mi presencia, bastante ocupada estas respondiendo alguna pregunta de tu hija, tu esposo atendiendo una llamada, que perfecta se ve tu familia, sin estar todos atentos a nadie todos se ven tan unidos.
 
¡Has subido de peso! No puedo evitar mi sonrisa, me sorprende porque recuerdo de todo lo que antes te cuidabas, cuando lo único que tenías que cuidar era solo tu peso, cuando nada más te importaba, cuando no tenías esos dos hermosos motivos que ahora te acompañan.
 
Tienes el mismo gusto para vestirte, claro, ahora más formal, ya eres una señora, pero sigues usando esos accesorios que le dan un toque informal a todo lo que te ponías. ¡Cómo nos divertíamos cuando te acompañaba a comprarlos, como te probabas mil cosas para solo comprar una sola..!.
 
Sigues usando el cabello largo, ahora lo tienes dos tonos más oscuro, supongo que por las mismas canas que adornan mi pelo, te queda muy bien, le da elegancia a tu rostro, resaltan más tus hermosos ojos...
 
Estamos ya a solo unos pasos, espero que no voltees, es mejor que solo uno de nosotros haya regresado en el tiempo, qué caso tiene abrir un libro del que ya ni recordamos por qué lo cerramos...
 
¡Ups! El tiempo se ha detenido una fracción de segundo ¡Has volteado a verme! Supongo que al sentir mi mirada, me has reconocido, ¡Eso es seguro! Al igual que yo de inmediato reparas en la persona que me acompaña, al igual que conmigo el caprichoso tiempo se ha detenido una fracción de segundo, el suficiente para darte cuenta de todos los detalles, tu disimulada sonrisa así me lo ha dicho…
 
Debes haber visto mi pronunciado estomago que ahora es la tumba donde descansa aquel que era tan deportista, las canas que inundan mi cabello y que me dan ese toque tan aristocrático que tanto me alaban mis alumnas, claro, cuando quieren que les mejore sus notas....
 
Sé que has visto a mi esposa que tiene la costumbre de caminar abrazada de mi brazo, te habrás dado cuenta que es más joven que yo y que está embarazada, te habrás preguntado cuantos meses tiene, me hubiera encantado haberte compartido que ya son ocho los meses que llevamos de espera.
 
Tu mirada ha regresado a mí, ambos nos damos una sonrisa sincera, de las que salen de lo más profundo del corazón, de esas que te dicen tanto sin expresar una sola palabra. Con la mirada nos hemos saludado, nos hemos abrazado, nos hemos felicitado y nos hemos dado un beso de hermanos, deseándonos lo mejor para después separarnos poco a poco.
 
Estamos pasando uno a un lado del otro, sosteniendo la mirada como estirando los brazos para evitar separarnos, hasta quedar completamente alejados cuando perdemos la mirada, para seguir cada uno por su camino… En esa misma acera de nuestras vidas tan separadas.