viernes, 4 de abril de 2014

Sobreviviendo…

Caminando va, apurado porque es casi su hora de entrada, tiene ya más de media hora andando, no es por la distancia, es por los pasos pequeños que tiene su andar, llega a la esquina y al dar vuelta ve con un suspiro de tranquilidad que ha llegado a su meta...
 
Es un gran supermercado, el más grande de la ciudad, mira su reloj y comprueba satisfecho que llega quince minutos antes, como siempre lo ha hecho, como está acostumbrado, igual que todos los días desde que trabaja como empaquetador en el área de cajas.
 
Siempre puntual, bien acicalado, bien peinado, con su camisa bien planchada y con su corbata bien amarrada, la destreza es una facilidad que no del todo le llega, experiencia tiene mucha, lo que le falta es la fuerza en sus manos, ya le ha tocado pagar rejas de huevo que se le han caído, refrescos que se le han resbalado, botellas de jabón que entre sus manos se escaparon, pero eso no lo detiene, su falta de fuerza la compensa con una gran sonrisa, sonrisa que siempre es bien correspondida con una buena propina.
 
No tiene contacto con parientes cercanos, sus padres han muerto, sus amigos han partido, a sus setenta y cinco años es un trabajador muy dedicado...
 
Ahí no le pagan un sueldo, todos sus ingresos son las propinas que recibe por sus atentos servicios, una atención al cliente que aprendió desde que era él Gerente de una Agencia Aduanal, sabe que el cliente es primero, sabe que el cliente siempre tiene la razón, ahora también aprendió que si quiere tener para comer debe darles la mejor atención...
 
Los tiempos de cuando tenía un puesto importante quedaron muy atrás, trabajo como Gerente de Logística de una Agencia Aduanal hasta que cumplió los cuarenta y cinco años, un buen día le comentaron que había un ajuste de personal y sin dar mayor explicación lo liquidaron, le dieron una buena liquidación, eso no lo podía negar, lo que no comprendió en ese momento es que no importa el monto que paguen de liquidación, es dinero que tarde o temprano se va a terminar.
 
Busco trabajo por todas partes, a sus cuarenta y cinco años era ya un vejestorio laboral, solo contrataban a los que estuvieran entrando a los treinta y que contaran con la experiencia como si tuvieran cincuenta, algo que para él era muy difícil de superar.
 
Primero busco un puesto gerencial, cuando el dinero de la liquidación se fue terminando busco un trabajo en puestos de menor rango, pero la edad seguía siendo el mayor reto, no lo contrataban en ningún lado, por cada vacante que se anunciaba siempre había una fila enorme de candidatos buscando tener el puesto anunciado, incluyendo a ex Directores de empresas que tampoco encontraban trabajo y que con su sobrada experiencia y toda su educación buscaban emplearse en lo que fuera...
 
Paso por muchas entrevistas de trabajo, se daba cuenta que cada vez eran más jóvenes las personas que entrevistaban, varias veces se topó con una hija o hijo de algún conocido, los mismos que había conocido de niños eran quienes ahora le decían que después le llamaban... Llamadas que nunca llegaban.
 
Con el poco dinero que le quedaba busco invertir en un negocio propio convencido de que nadie lo iba a contratar, encontró muchas oportunidades para hacerlo, productos mágicos que iban a revolucionar el mercado, mercancía que con un mínimo iba a triplicar su inversión, el resultado estaba garantizado, solo tenía que invertir para adquirir su propio inventario e invitar a otros dos afortunados que aprovecharan esa gran oportunidad...
 
Invirtió en por lo menos cinco negocios basados en esas ventas piramidales, en todos le habían garantizado el retorno de lo invertido más una jugosa utilidad... Nunca nada llego, su dinero se acabó, se quedó con mercancía que no tenía valor comercial, sin dinero para pagar la hipoteca perdió su casa, ya estaba por cumplir los cincuenta y cinco años, su esposa con su hijo adolescente ya tenían mucho tiempo que lo habían abandonado, para algunas personas su pareja pierde su atractivo cuando ya no tiene nada que aportar a la economía familiar, se convierten en simples productos de desecho cuando pierden su utilidad comercial...
 
Sin dinero, sin casa y sin familia se dedicó a vagar, viviendo de la caridad de los que aún le extendían su mano, por lo regular conocidos agradecidos por lo que él les ayudo en su momento, de su familia cercana nunca supo nada, hermanos, primos, parientes, todos se esfumaron cuando supieron su suerte.
 
Vivía como podía, haciendo mandados, trabajos sencillos, trabajos por un día, fue afanador, jardinero eventual… En una iglesia le dieron la oportunidad de dormir en una banca a cambio de barrer, fue tanta su dedicación que al poco tiempo le habían dado un cuarto y los alimentos a cambio de darle a todo mantenimiento, se convirtió en el conserje del lugar.
 
En un domingo cuando barría la entrada a la iglesia se le acerco una joven muy bella, le era muy familiar su rostro pero no la podía ubicar, ella lo saludo con mucha alegría, le dijo ¡Soy Alejandra, la hija de Don Pascual!... Con eso la reconoció, Don Pascual fue un antiguo empleado que trabajaba en la misma Agencia Aduanal donde él había sido gerente, él fue el que le dio una oportunidad a Don Pascual para ser promovido de puesto, cuando lo despidieron a Don Pascual lo jubilaron, gracias a que lo había subido de puesto le habían dado una buena jubilación, Don Pascual siempre había quedado agradecido por esto y se siguieron frecuentando hasta el día que el falleció, Alejandra entonces era aún una niña.
 
Platicaron por mucho rato, ella le conto que estaba por casarse, que su madre había estado muy enferma pero que ya estaba mejor, él le platico de todas sus desventuras, de lo mal que la había pasado y de cómo ahora estaba ya mejor.
 
A partir de ese domingo, cada domingo ella llegaba a saludarle, a llevarle algo de comer, a preguntar cómo le iba a él, en esa misma iglesia ella se casó, a su madre veló, ahí bautizaron a sus hijos y él se convirtió en un miembro más de esa nueva familia, navidades, cumpleaños ya los pasaba en familia, hizo de los hijos de Alejandra los nietos que nunca conoció.
 
Ella lo recomendó y le dieron la oportunidad de trabajar por las tardes como empacador de ese gran Supermercado, mejorando aún más su vida y con una nueva familia empezó de nuevo a vivir, sobreviviendo a la adversidad... A sus setenta y cinco años de edad.