Mostrando entradas con la etiqueta #Cuentobreve. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta #Cuentobreve. Mostrar todas las entradas

jueves, 8 de mayo de 2014

Por las mañanas...

¿Que es lo que pretendes reprocharme? Hiciste todo lo que quisiste, cuando quisiste, las veces que quisiste y siempre con quien quisiste.
 
Ahora ya es tarde para que reclames lo que ya perdiste, haces llamadas a un pasado que ya no existe.
 
Buscas unos hijos que nunca tuviste, le llamas a una familia que por completo perdiste.
 
Reniegas por unos achaques que por la falta de ejercicio y tu mala alimentación solo te ganaste.
 
Tu juventud ya es solo un recuerdo que esta atrapado entre los pliegues del aguado cuerpo que nunca cuidaste.
 
¿Que quieres que haga? ¿Que respuesta esperas de mi? Si nunca ha nadie escuchaste.
 
¿Ahora pretendes que alguien te escuche? ¿Que pretendes que yo te conteste?
 
Si solo soy un objeto inerte que te ve de frente, un espejo que no puede hablarte.... Pero si responderte con este reflejo del costo que has pagado por ser tan inconsciente, tu demacrada cara no me puede desviar la mirada, como siempre lo haces cuando te encuentras con alguien que voltea a verte.
 
Conmigo no te queda otra que sostenerme la mirada y tragarte el orgullo, no llores, que unas lagrimas tardías no van a devolverte nada, ni borrar la verdad que todos los días se refleja, la verdad que todos los días te estremece las entrañas... Cuando me vez en tu imagen por las mañanas. 
 
 
 
tiempo, remordimiento



lunes, 7 de abril de 2014

El sillón café…

Está en su cuarto, es un sábado, no hay clases, sus padres están por salir y lo van a dejar solo en la casa toda la tarde, se ha puesto de acuerdo con su chica para ver juntos una película, sin haberlo hablado se han puesto de acuerdo, ese día va a ser su primera vez, para ambos, después de unos meses de noviazgo saben que ese es el día.
 
Está muy nervioso, ante todos siempre se ha mostrado como una persona de mundo, conocedor de todos los temas, lleno esta su perfil de amigos de la escuela pero también de muchos que son virtuales, con todos platica, de todo hablan, sus pláticas entre hombres expertos todos ellos pubertos le han dicho como debe hacerlo, las cientos de posiciones que son recomendables, ha visto videos, varios de ellos de sus propios amigos cuando se filmaron haciéndolo.
 
Ella en su casa, también se prepara, sus amigas en su mayoría ya han tenido esa primera experiencia, hay algunas que aún no lo han hecho, entre ellas platican los temas de una forma más profunda, todas de acuerdo en que solo tenga sexo seguro, algunas le han dicho de cómo debe tocarlo, de lo que se siente, las más atrevidas de hacerlo oralmente, siempre ha sido abierta en esos temas, con otro novio que tuvo llegaron a mucho, pero no lo culminaron, el novio se conformaba con  que ella solo lo masturbara, cuando él se sentía satisfecho ya nada más importaba, ella en ese entonces no sabía que también tenía derecho a que la atendieran...
 
Con sus amigas ha visto un centenar de videos, la mayoría de las veces guiadas por morbo puro, sin verlos por el solo placer de excitarse, solo de burlarse de lo que ahí veían, de cómo lo hacían, de las caras que ponían, del asco de ver a las mujeres todas batidas...
 
Los minutos pasan, ambos en sus respectivas casas esperan el momento, se envían textos, continuamente con puros mensajes mantienen esa llama incipiente todo el momento encendida, ahora no hay amigos ni amigas, son solo dos personas que están decididas.
 
Ella recibe un mensaje, ya los padres de su novio han salido, ya está confirmado que está solo en su casa, ella siente un vacío en el estómago, está emocionada, está nerviosa, tiene miedo... Pero no se arrepiente.
 
Toma su inseparable mochila y sale a la casa del novio, está a solo unas cuadras, son vecinos desde niños, prácticamente se conocen de toda la vida, sus padres son grandes amigos, es un noviazgo que ha sido a ellos ocultado.
 
Va andando, cada paso era como una paleada en tierra fresca donde tenia enterrados recuerdos, de palabras que están saliendo, algunas de su madre, en esas primeras platicas de sexo, intentos vanos de darle una educación sexual que se quedaba extremadamente corta en comparación con toda la información disponible en la red. Las palabras del consejero de la escuela que le daba una materia para introducir a todos los alumnos en el tema, con métodos de protección, de anticoncepción, pláticas sobre enfermedades veneras, embarazos no deseados, consejos de todo eso que cuando se está en el momento por lo regular se olvida. Las palabras de las tías, de la abuela, que entre broma y broma siempre le advertían que tuviera cuidado, que cuando pasara fuera con el indicado, que lo hiciera por amor, que nunca lo hiciera solo por curiosidad, que por piedad no se fuera a embarazar...
 
Mas pasos, mas paleadas sacando recuerdos, las palabras, las indicaciones, los consejos, los videos, las pláticas, todo lo que se iba acumulando en su mente desde que entrara a la pubertad, cuando su cuerpo le enseño que había nuevos tipos de necesidad, cuando sintió por primera vez lo que puede provocar una mirada, cuando asombrada conocía y disfrutaba como se reflejaba en otras partes de su cuerpo el simple roce de unas manos, cuando sintió por primera vez como se le escapaba la fuerza en las piernas, provocada por la oleada de calor que la invadió cuando su boca dejo de estar cerrada, cuando permitió el entrar de una lengua acompañada de manos inexpertas que recorrían su piel, cuando esa sensación era mayor por el miedo que eso nuevo provocaba, cuando el miedo dejo de serlo, cuando unos besos y caricias dejaron de ser suficientes...
 
Sentía un calor en su ingle que se iba incrementando con los pasos que daba, con el roce de la tela, con lo que sabe que le espera, los mensajes de texto no paran, urgiendo a que ya llegue.
 
Él está sentado en una ventana, vigilando la calle, esperando por ella, tiene puestos unos audífonos que no emiten sonido, su mente está perdida entre miles de pensamientos, está muy nervioso, los cientos de consejos dados por sus expertos amigos de nada le han servido, el temor de fallar, de no poder, de no saber qué hacer lo tienen lleno de nervios... En eso la ve aparecer, ya viene por la esquina de su calle, se levanta y de inmediato va a la puerta, se queda inmóvil parado esperando a que toque, eterno se le hizo el momento cuando tocaron a la puerta.
 
Abrió, sonriendo se hizo a un lado para dejarla pasar, la siguió hasta un gran sillón café donde estaba la televisión, ahí ambos se sentaron, los dos con las manos en sus rodillas, sin decirse nada, el prendió la tele, puso el canal de videos, bromearon sobre lo que estaban viendo, sus cuerpos les urgían a empezar, pero ninguno de los dos sabia como iniciar...
 
Ella tomo la iniciativa, se acercó un poco más, él pudo vencer sus nervios y volteo a verla para besarla, abrieron sus labios para darle oportunidad al instinto de hacer su trabajo, se fueron relajando, fueron recorriendo sus cuerpos, suaves jadeos se empezaron a escuchar, los noveles amantes se empezaron a desabrochar sus ropas para tener el acceso a todo su cuerpo, ella siempre tomando la iniciativa, el siguiendo sus pasos, toco sus senos, quiso abrirle el pantalón pero sus torpes dedos no se lo permitían, ella lo besaba mientras lo acariciaba, ya no eran dos niños jugando a ser amantes, eran dos amantes dejando de ser niños...
 
Ella se abrió el pantalón, permitiendo que el metiera su mano, ella soltó un gran suspiro cuando sintió sus dedos entrando en su cuerpo, mientras lo estaba acariciando, sintiendo su dureza entre sus manos, él le bajo más sus pantalones, ella le ayudo para quitárselo todo, se recostaron en el sillón, ella ya solo portaba las bragas y la blusa, el aun con el pantalón puesto, siguieron besándose, el siguió explorando, intento meter dos dedos y ella sintió un dolor intenso, se puso rígida, él le pregunto si estaba bien, no tenía idea de que había pasado, ella le dijo que estaba bien, que solo tuviera cuidado, que la había lastimado.
 
Continuaron de nuevo, besándose, recorriéndose, él la puso completamente vertical, se bajó el pantalón y se preparó a penetrarla, ella estaba lista a recibirlo, muy excitada, cuando lo sintió encima de ella lo detuvo, no tenía puesto el preservativo...
 
El sintió como una frustración le invadía todo su cuerpo, se sentaron mientras el buscaba el condón que tenia listo para ese día, para ese momento especial, para esa gran ocasión, lo tenía en una bolsa del pantalón, lo saco, abrió el empaque y fue cuando inicio el momento más difícil de su primera vez... El ponerse el condón.
 
Cientos de pláticas habían recibido sobre su uso, había visto videos de cómo ponerlo, sus amigos siempre bromeaban de cómo usarlo, siempre había escuchado de ellos, había comprado un paquete con varios... Pero nunca había practicado.
 
Ella estaba medio recostada, esperando, el dándole la espalda, también sentado intentaba ponerlo, con la presión que sentía había perdido casi toda la erección, el primero que intento poner lo rompió con los dedos, lo tiro e intento con otro, entraba la parte de arriba pero ya no estaba erecto, no bajaba el resto, los minutos pasaban y el no podía poner su pene dentro.
 
Ella miraba al piso, miraba el televisor, veía el techo, veía su espalda, no sabía que pasaba, no sabía por qué tardaba, el encanto se empezaba a romper y una frustración empezaba a llegar, sin decirle nada se puso a su lado y con sus manos lo empezó a ayudar, en cuanto sintió las manos de ella de inmediato reacciono lo que facilito bajar bien el condón, nuevamente tomaron sus lugares, él encima de ella, ella lista para recibirlo y por fin llego la penetración.
 
El dolor fue muy intenso, ella sintió como algo se rasgaba dentro de ella, ya sabía que iba a tener dolor, ya se lo habían advertido pero aun así la tomó por sorpresa, solo se mordió una mano y dejo que él continuara, el dolor fue disminuyendo para dar lugar a una nueva sensación, un placer que no conocía, poco a poco fue exigiendo más, con sus manos lo jalaba para que penetrara más, cuando empezaba a disfrutarlo sintió como él se tensaba y emitida un ruido sordo hasta quedar derrumbado sobre ella, quedándose inmóvil, ella no sabía qué hacer, con sus manos a un lado de sus hombros, su cabeza a un lado de la de él, solo veía el techo, el ventilador que ahí colgaba, que lentamente se movía, algunas telarañas escondidas entre las cortinas, con sus piernas adormecidas por la inusual posición espero, quedándose quieta hasta que él se movió.
 
Él se recostó a su lado, así se quedaron por varios minutos, sin hablar, sin decir nada, solo viendo al techo, ninguno de los dos sabía que procedía, que era lo que a continuación seguía…
 
Él se levantó primero, volteo para quitarse el condón cuando quedo muy impresionado de lo que veía, estaba todo manchado de sangre, asustado la volteo a ver y confirmo que ella también estaba manchada de sangre, no supo que hacer, se quedó sin palabras, sin moverse, solo le señalo la entrepierna y le dijo... Estas llena de sangre.
 
Ella sonrojada y apenada de inmediato se levantó y corrió al baño, se vio, se lavó mientras él hacía lo mismo en otro baño. Ella llevaba en su mochila un juego de ropa interior limpia, ya le habían advertido de lo que podía pasar, se cambió y guardo la braga manchada.
 
Regresaron al sillón y se dieron cuenta de otro problema, estaba manchado de sangre, ambos se voltearon a ver... Y soltaron al mismo tiempo una profunda carcajada, sacando el estrés, sacando la tensión, sacando todos los sentimientos encontrados por los que estaban pasando y con sonrisas festejaron la ocasión de su primera vez.
 
El sillón era de tela, de color café, buscaron todos los líquidos limpiadores que había en la casa y estuvieron por horas limpiando hasta borrar toda huella de lo que ahí había pasado, tanto tallaron el sillón que había perdido un grado de color en esta parte, pensaron que era mejor que lo vieran un poco descolorido a encontrarlo con rastros de sangre.
 
El tiempo que invirtieron en limpiar el sillón les sirvió para unirse más, para poder suavizar cualquier mal recuerdo, fue la perfecta terapia para unir dos almas más allá de una simple relación sexual.
 
El tiempo pasó, después de esa primera vez vinieron muchas más, la experiencia mejoro, siguieron su relación hasta que el tiempo se los permitió. Cuando llego la universidad ambos se tuvieron que separar, siguieron en contacto pero la distancia, el trato con otras gentes, el vivir en lugares diferentes enfrió la relación, cada vez el contacto fue menor hasta que un buen día simplemente se terminó, la distancia, el tiempo, la rutina así lo decidió.
 
Tenían años sin contacto cuando de nuevo se encontraron. Fue en una tienda comercial en la ciudad donde vivían sus padres, él estaba comprando alimento para los perros, ella iba acompañando a su madre, ambos estaban de vacaciones por el verano, fue en el área de congelados donde se toparon, se saludaron, se abrazaron, estuvieron platicando hasta que la madre de ella, aburrida y desesperada les corto la charla, se intercambiaron teléfonos, ambos seguían solteros, los textos iniciaron de nuevo, como adolescentes no dejaban de mensajearse.
 
El la invito a cenar a la casa de sus papas quienes la recibieron con mucho gusto, la amistad entre sus padres continuaba por lo que fue como una cena en familia, se pusieron al día, una cena deliciosa acompañada de una amena platica, después de la sobre mesa pasaron al living a tomar un café, la mama apenada con ella cuando la invito a sentar, le decía que aún no se explicaba cómo se había decolorado ese sillón tan caro que tenían frente al televisor, le platico que tenían años que lo querían desechar pero que su hijo estaba empecinado en conservarlo, tan así que les había reembolsado lo que les había costado con tal de que no lo tiraran, no entendía por qué tanta necedad en conservarlo...
 
Ella, al ver que era el mismo sillón de su primera vez sintió como se sonrojaba y le contesto... Es un sillón muy bonito, aquí muchas veces vimos la televisión, si fuera mío le aseguro que tampoco lo quisiera tirar.
 
Los días pasaron y cada uno regreso al lugar donde trabajaban, los mensajes continuaron, se vieron varias veces hasta que se comprometieron y al año se casaron, compraron una casa muy grande, tuvieron tres hijas, juntos compartieron su crianza, siempre estuvieron presentes, siempre buscando ser unos padres ejemplares...
 
Un sábado tenían que salir a una fiesta del trabajo, iban a estar fuera todo el día, las hijas más chicas las llevaban consigo, solo la mayor que ya era una adolescente no quiso ir, no hubo poder humano que la obligara a ir, se despidieron de ella viéndola sentada, apenas los volteo a ver, solo les pregunto a qué hora regresaban, cuando le confirmaron que hasta la noche volvían ella disimulo una gran sonrisa, estaba muy metida enviando mensajes de texto, desde la mañana así estaba, mensajeandose con un novio que tenía, se estaban poniendo de acuerdo para verse más tarde, no paraban de enviarse mensajes, el novio desde su casa y ella sentada en un viejo sillón café, uno que estaba descolorido en una parte... El mismo viejo sillón que tantos recuerdos les traía a sus padres.
 
 
 
 





viernes, 4 de abril de 2014

Sobreviviendo…

Caminando va, apurado porque es casi su hora de entrada, tiene ya más de media hora andando, no es por la distancia, es por los pasos pequeños que tiene su andar, llega a la esquina y al dar vuelta ve con un suspiro de tranquilidad que ha llegado a su meta...
 
Es un gran supermercado, el más grande de la ciudad, mira su reloj y comprueba satisfecho que llega quince minutos antes, como siempre lo ha hecho, como está acostumbrado, igual que todos los días desde que trabaja como empaquetador en el área de cajas.
 
Siempre puntual, bien acicalado, bien peinado, con su camisa bien planchada y con su corbata bien amarrada, la destreza es una facilidad que no del todo le llega, experiencia tiene mucha, lo que le falta es la fuerza en sus manos, ya le ha tocado pagar rejas de huevo que se le han caído, refrescos que se le han resbalado, botellas de jabón que entre sus manos se escaparon, pero eso no lo detiene, su falta de fuerza la compensa con una gran sonrisa, sonrisa que siempre es bien correspondida con una buena propina.
 
No tiene contacto con parientes cercanos, sus padres han muerto, sus amigos han partido, a sus setenta y cinco años es un trabajador muy dedicado...
 
Ahí no le pagan un sueldo, todos sus ingresos son las propinas que recibe por sus atentos servicios, una atención al cliente que aprendió desde que era él Gerente de una Agencia Aduanal, sabe que el cliente es primero, sabe que el cliente siempre tiene la razón, ahora también aprendió que si quiere tener para comer debe darles la mejor atención...
 
Los tiempos de cuando tenía un puesto importante quedaron muy atrás, trabajo como Gerente de Logística de una Agencia Aduanal hasta que cumplió los cuarenta y cinco años, un buen día le comentaron que había un ajuste de personal y sin dar mayor explicación lo liquidaron, le dieron una buena liquidación, eso no lo podía negar, lo que no comprendió en ese momento es que no importa el monto que paguen de liquidación, es dinero que tarde o temprano se va a terminar.
 
Busco trabajo por todas partes, a sus cuarenta y cinco años era ya un vejestorio laboral, solo contrataban a los que estuvieran entrando a los treinta y que contaran con la experiencia como si tuvieran cincuenta, algo que para él era muy difícil de superar.
 
Primero busco un puesto gerencial, cuando el dinero de la liquidación se fue terminando busco un trabajo en puestos de menor rango, pero la edad seguía siendo el mayor reto, no lo contrataban en ningún lado, por cada vacante que se anunciaba siempre había una fila enorme de candidatos buscando tener el puesto anunciado, incluyendo a ex Directores de empresas que tampoco encontraban trabajo y que con su sobrada experiencia y toda su educación buscaban emplearse en lo que fuera...
 
Paso por muchas entrevistas de trabajo, se daba cuenta que cada vez eran más jóvenes las personas que entrevistaban, varias veces se topó con una hija o hijo de algún conocido, los mismos que había conocido de niños eran quienes ahora le decían que después le llamaban... Llamadas que nunca llegaban.
 
Con el poco dinero que le quedaba busco invertir en un negocio propio convencido de que nadie lo iba a contratar, encontró muchas oportunidades para hacerlo, productos mágicos que iban a revolucionar el mercado, mercancía que con un mínimo iba a triplicar su inversión, el resultado estaba garantizado, solo tenía que invertir para adquirir su propio inventario e invitar a otros dos afortunados que aprovecharan esa gran oportunidad...
 
Invirtió en por lo menos cinco negocios basados en esas ventas piramidales, en todos le habían garantizado el retorno de lo invertido más una jugosa utilidad... Nunca nada llego, su dinero se acabó, se quedó con mercancía que no tenía valor comercial, sin dinero para pagar la hipoteca perdió su casa, ya estaba por cumplir los cincuenta y cinco años, su esposa con su hijo adolescente ya tenían mucho tiempo que lo habían abandonado, para algunas personas su pareja pierde su atractivo cuando ya no tiene nada que aportar a la economía familiar, se convierten en simples productos de desecho cuando pierden su utilidad comercial...
 
Sin dinero, sin casa y sin familia se dedicó a vagar, viviendo de la caridad de los que aún le extendían su mano, por lo regular conocidos agradecidos por lo que él les ayudo en su momento, de su familia cercana nunca supo nada, hermanos, primos, parientes, todos se esfumaron cuando supieron su suerte.
 
Vivía como podía, haciendo mandados, trabajos sencillos, trabajos por un día, fue afanador, jardinero eventual… En una iglesia le dieron la oportunidad de dormir en una banca a cambio de barrer, fue tanta su dedicación que al poco tiempo le habían dado un cuarto y los alimentos a cambio de darle a todo mantenimiento, se convirtió en el conserje del lugar.
 
En un domingo cuando barría la entrada a la iglesia se le acerco una joven muy bella, le era muy familiar su rostro pero no la podía ubicar, ella lo saludo con mucha alegría, le dijo ¡Soy Alejandra, la hija de Don Pascual!... Con eso la reconoció, Don Pascual fue un antiguo empleado que trabajaba en la misma Agencia Aduanal donde él había sido gerente, él fue el que le dio una oportunidad a Don Pascual para ser promovido de puesto, cuando lo despidieron a Don Pascual lo jubilaron, gracias a que lo había subido de puesto le habían dado una buena jubilación, Don Pascual siempre había quedado agradecido por esto y se siguieron frecuentando hasta el día que el falleció, Alejandra entonces era aún una niña.
 
Platicaron por mucho rato, ella le conto que estaba por casarse, que su madre había estado muy enferma pero que ya estaba mejor, él le platico de todas sus desventuras, de lo mal que la había pasado y de cómo ahora estaba ya mejor.
 
A partir de ese domingo, cada domingo ella llegaba a saludarle, a llevarle algo de comer, a preguntar cómo le iba a él, en esa misma iglesia ella se casó, a su madre veló, ahí bautizaron a sus hijos y él se convirtió en un miembro más de esa nueva familia, navidades, cumpleaños ya los pasaba en familia, hizo de los hijos de Alejandra los nietos que nunca conoció.
 
Ella lo recomendó y le dieron la oportunidad de trabajar por las tardes como empacador de ese gran Supermercado, mejorando aún más su vida y con una nueva familia empezó de nuevo a vivir, sobreviviendo a la adversidad... A sus setenta y cinco años de edad.







viernes, 28 de marzo de 2014

Más tiempo de vida…

Es una mañana muy temprano, a la orilla del lago junto al muelle se escucha un gran alboroto, está un hombre tirado, sumido esta entre paramédicos y rescatistas, esta todo mojado, con la camisa rasgada por los primero auxilios, yace sin vida mientras varios dedicados paramédicos le aplican RCP para intentar volverlo a la vida.
 
Es un indigente, viste unos pantalones raídos y muy sucios, esta descalzo, suponen que perdió su calzado durante el tiempo que estuvo bajo el agua.
 
Los testigos comentan entre ellos diferentes versiones de lo que ahí ha pasado, unos afirman que el rescatado se arrojó intencionalmente al agua, otros señalan que fue un accidente cuando estaba pescando, otros aseguran que le paso por andarse drogando, lo que haya pasado realmente no importa, para los rescatistas su trabajo es solo volverlo a la vida...
 
Arduo trabajo representa revivirlo, los curiosos extasiados luchan entre ellos para no perder detalle, nadie quiere perderse esa escena sacada de algún drama de la vida real. Todos atentos a como le ponen las inyecciones, como le dan las respiraciones, como se turnan para presionarle el pecho, todos absortos, todos nerviosos, todos sumidos en una curiosidad morbosa esperando confirmar que el rescatado, muerto quedaba.
 
Tras varios minutos se escuchó un tosido, se escuchó como una exclamación ahogada hacía eco en todos los presentes, el muerto regresaba a la vida, todos aplaudieron, los paramédicos entre ellos se felicitaron, lo pusieron en una camilla y partieron a un hospital público…
 
El tiempo de recuperación fue rápido, ese indigente tenia años de vivir en la calle por lo que un poco de descanso y los tres alimentos diarios hicieron que su sentido de supervivencia tan desarrollado reaccionara de inmediato, al tercer día ya estaba bien, lo revisaron, nunca pudieron aclarar que era lo que en realidad había pasado, no les interesaba mucho hacerlo, la urgencia era poder dejar disponible de nuevo su cama, tras revisarlo de nuevo lo dieron de alta.
 
Salió del hospital, limpio, recién bañado, con nueva ropa que le habían regalado, se vio sus uñas, por primera vez en años las veía limpias, cortas, tocaba su cara ya sin su larga barba que le habían rasurado, calzaba unos zapatos nuevos que también le habían regalado…
 
No recordaba muy bien lo que había pasado, tenía varios días perdido de borracho inhalando solventes que tenían nublada por completo su mente, solo recuerda haber despertado en ese hospital donde intentaban responder las mismas preguntas que se hacia él.
 
Ahora ya bañado, con ropa limpia, partió al lugar que le ha servido de hogar durante los últimos veinte años, empieza su andar hasta llegar a las orillas de la ciudad, se adentra en el bosque hasta una pequeña choza en un claro abierto entre la vegetación, dentro solo tiene un cartón que le sirve de cama y todo lo demás está lleno de basura, de comida echada a perder, después de estar esos días en ese hospital donde todo estaba pulcramente desinfectado, donde él fue todos esos días bañado, el olor a putrefacción lo desconcierta, por veinte años vivió así y solo bastaron tres días sobrio y limpio para sentir repugnancia de lo que ahí veía, de lo que ahí olía.
 
Ratas salían por los lados de su inclemente choza, a un costado, tapado por algunas tablas, se veía el alcohol etílico que usaba para beber, el Resistol y el thinner  que usaba para inhalar, un poco más atrás estaba el lugar abierto que usaba como baño, el olor mezclado de todo eso, por primera vez en años, le habían revuelto el estómago.
 
Estaba por cumplir los treinta y cinco años, empezó su vida de indigente cuando perdió a su padre, estando viuda su madre se fue a vivir con un amigo de su padre, el nuevo padrastro nunca lo acepto, él tenía un gran parecido con su padre por lo que cada vez que se embriagaba el padrastro lo corría de la casa.
 
Vagó de casa en casa pasando por todos sus parientes hasta que su propia rebeldía lo lanzo a la calle, desde entonces mendigaba, robaba, viviendo en la calle, viviendo de la calle, los inhalantes y el alcohol barato formaron parte de su dieta natural, en el hospital lo habían mantenido con tranquilizantes por lo que no había resentido los reclamos de tantos años de vicio, pero ahora ya empezaba a sentir esos temblores que le exigían un trago, que le pedían drogarse de nuevo…
 
Caminó de regreso a la ciudad, los sudores fríos ya recorrían su cuerpo, el hambre también ya le exigía su parte, cuando vivía perdido en los vapores del vicio no recordaba ni de alimentarse, ahora en esa cruda sobriedad todo era diferente, los colores del día eran más vivos, las necesidades más imperiosas, necesitaba alimentarse o nuevamente drogarse.
 
Llego a un parque después de caminar cerca de dos horas, se sentó en una vieja banca para descansar sus pies que no estaban acostumbrados a caminar sin sentido, el estómago era un eco constante de los ruidos de sus jugos gástricos exigiendo que digerir, un cuerpo al que nunca alimentaba ahora resultaba ser un coro inestable de ruidos estomacales que le exigían algo de comer, esa sobriedad estaba resultando la peor de sus crudas, la peor resaca de una vida tan entregada a una somnolencia perpetua, a divagar en una nube cerrada creada de los vapores producidos por los alcoholes que en su cuerpo terminaban de fermentar…
 
A lo lejos vio el hospital donde había estado, donde lo habían salvado, todos se habían portado muy bien con él, le habían regalado lo que ahora vestía, le dieron de comer tres veces al día, era como una pequeña isla que se asomaba en su mar de desesperación.
 
Llego a la entrada principal, entro pero no pudo pasar más allá del área de recepción, no supo decir el nombre de algún doctor o de alguna enfermera a la que le pudieran llamar, pregunto por la salida para el personal y hacia allá se dirigió, esperanzado en poder encontrarse de nuevo con alguna de esas almas caritativas con las que convivio esos días, llego a la puerta que estaba cerrada y con la entrada controlada, tomo asiento en la acera y ahí espero, paciente y esperanzadamente espero… Pero nadie que reconociera salió.
 
Pasaron tres horas, sin moverse se quedó atento a la puerta, muchos entraron, muchos salieron, vestían ropas de calle, nadie tenía puesta las batas o el uniforme de enfermeras, las mujeres con el cabello suelto, los hombres con ropas ligeras, no había forma de reconocerlos si se hubiera encontrado con alguien…
 
Ya la frustración inundaba su alma, los quejidos lastimeros de su estómago se confundían con el temblor de su cuerpo, necesitaba ya beber algo, inhalar algo, ya el comer había dejado de ser la prioridad principal, ahora necesitaba dejar atrás ese mundo virtual para llegar a su mundo real, un mundo difuminado en siluetas borrosas, formas confusas, con voces que perdían sentido por sus bajas revoluciones, donde los movimientos eran tan lentos que no había necesidad de preocuparse de nada mas, solo de divagar, solo de vagar por su mundo real.
 
Se levantó de donde estaba y dio la vuelta al hospital, paso por la salida de emergencia, ahí vio varios ambulancias, con paramédicos vestidos iguales que los que lo habían rescatado, sintió un aire de esperanza refrescando todo su cuerpo, paso a un lado de ellos, tratando de reconocer a sus héroes anónimos pero ninguno le pareció conocido, cuando lo vieron ahí de forma automática cerraron las puertas de las ambulancias y guardaban sus cosas, como temiendo que algo se pudiera robar, todos lo veían con miradas de desconfianza, todos callaban cuando pasaba a su lado. Ya la tarde empezaba a ceder su lugar a la noche, las largas sombras todo lo cubrían, a esa hora ya las mujeres le rehuían.
 
Un policía se acercó para preguntarle si necesitaba algo, si traía alguna identificación, él no tenía nada con que identificarse, tenía muchos años que había dejado de ser alguien, hizo como que iba a buscar su cartera y salió corriendo, el policía corrió tras el pero la agilidad felina de alguien que está acostumbrado a huir de la justicia se impuso fácilmente…
 
Ahora estaba de nuevo caminando, sin un lugar definido a donde ir, con el hambre carcomiéndole las entrañas, con el cuerpo reclamando su vicio, caminando en una vida sin ningún sentido.
 
El andar solo por andar lo llevo de nuevo al lago, ahora recordaba algo del evento pasado, recordaba que llego ahí caminando, con la diferencia que llegaba ahogado en su vicio, sin una razón especifica de seguir andando, perdido en esas vidas paralelas en las que vivía vagando, tan perdido que termino en el fondo del lago…
 
Recuerda haber despertado, estar rodeado de gente, ver rostros sonriendo felicitándose entre ellos, recuerda cuando lo subieron a la camilla y partieron en la ambulancia, el con una mascarilla de oxígeno fija en su rostro.
 
A un lado sentado iba un muy joven paramédico quien le dijo triunfante cuando él lo volteo a ver… ¡Te hemos salvado!, ¡Te hemos regalado más tiempo de vida!
 
Cuando llegaron al hospital todos fueron muy buenos, todos le explicaban las medicinas que le ponían, la comida que le daban, todos con el platicaban, todos fueron muy amables, todos eran tan agradables, todos muy atentos… Pero nadie nunca le dijo que podía hacer con ese tiempo adicional de vida que le habían dado.
 
Ahora estaba sentado, viendo el agua del lago, con esas pequeñas olas danzantes que reflejaban la luz de la luna, olas que como pequeñas manos se agitaban en el agua, como llamándolo, como incitándolo a entrar en el agua…
 
Se paró y empezó a caminar a la orilla del lago, escuchando una vez  y otra vez la voz del paramédico sin parar…
 
-¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida! ¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida! ¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida!
 
El agua helada mojo sus pies y detuvo su paso, con las manos metidas en las bolsas del pantalón veía hacia el centro del lago, las palabras seguían repitiéndose con ecos macabros en su cabeza.
 
-¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida! ¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida! ¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida!
 
Con un grito se tapó los oídos para intentar callar esa voz que se repetía una y otra vez…
 
-¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida! ¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida! ¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida!
 
Con sus manos en sus orejas levanto su mirada al cielo y le grito desde lo más profundo de su ser, con un grito desgarrador producido por la lucidez que le dieron esos cuatro días de sobriedad...
 
¡Porque me has dado más tiempo de vida, si yo ya estaba salvado de esta miserable vida!
 
Al día siguiente encontraron un cuerpo flotando en el lago, estaba vestido completamente, quienes lo sacaron no pudieron evitar un escalofrío, ese hombre tenía su rostro tranquilo, apacible, como si estuviera durmiendo, con cierto miedo juraban… Que ese muerto estaba sonriendo.