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sábado, 24 de mayo de 2014

El Vidente…

Todos lo buscaban, tenía un poder especial del que nadie comprendía pero que a todos sorprendía, lo conocían como El Vidente; tenía la capacidad de adivinar lo que iba a suceder, sus visiones le llegaban en sueños, donde predecía el futuro de quien se acercaba a consultarlo.
 
Tenía 34 años, a los 11 años se dio cuenta de su capacidad de tener sueños que se hacían realidad. El primero fue con su padre, a quien solo veía un par de veces al año, un día soñó en cómo venía a visitarlo, pero no con un fin amistoso, sólo le quería hacer una prueba de sangre para comprobarle al mundo que él no era su padre. Este sueño para un joven de su edad fue devastador, un golpe muy fuerte para su tierno corazón; si bien no tenía contacto directo con él, siempre tenía la ilusión de algún día estar junto a él, como cualquier niño de su edad. Esa vez despertó llorando y se lo contó a su madre, quien sólo lo abrazo y le dijo que no se preocupara, que sólo era una pesadilla, que no era más que un mal sueño.
 
Ese día pasó normal, como cualquier otro, fue a la escuela, regresó, jugó con sus medios hermanos, frutos del segundo matrimonio de su mamá. Cuando ya había olvidado lo soñado, recibió una llamada, era su padre, que preguntaba si iba a estar en la casa porque quería visitarlo, el niño sintió como si recibiera un baño de agua helada, serenamente le dijo que ahí iba a estar y que lo esperaba. 
 
El padre llegó una hora después, la mamá no estaba, él llegó acompañado de una persona que presentó como a un amigo. Lo saludó, lo abrazó, platicó un poco con él de todo y de nada y después le pidió que le dejara que le tomaran una muestra de sangre - Es sólo para ver si no tienes problema de salud - le había dicho el papá. El niño lloró profundamente por dentro sin soltar una sola lágrima, dejó que le levantaran la manga de la playera que portaba, dejó que le sacaran un poco de sangre, dejó que su padre lo abrazara de nuevo; agradeciéndole que le permitiera hacer eso y sin decir nada más se retiraron del lugar.
 
Ese día sufrió lo peor que le puede pasar a niño de su edad, confirmar el rechazo de un padre, un golpe del que nunca se pudo recuperar. 
 
A partir de ese día, los sueños siguieron, eran cada vez más reales, sólo bastaba que escuchara el problema de alguien para soñar algo referente al tema. De inicio no comprendía lo que sucedía, fue cuando empezó a platicarle a la mamá de los extraños sueños, que ella se dio cuenta del don de su hijo. 
 
Una vez, estando en la escuela, tuvo un problema con su maestra. Lo regañó por estar distraído en clases, la maestra tenía problemas con su pareja, por lo que su frustración se reflejó en el niño, quien esa noche soñó cómo la maestra tenía un viaje y en el trayecto sufría un accidente; vio en detalle como el vehículo en el que viajaba chocaba de frente con un autobús de pasajeros, vio cómo quedaba prensada, luchando por salir y como, a los pocos minutos, se empezaba a incendiar su vehículo, con ella adentro, atrapada, prensada. La veía cómo intentaba escapar, pero era inútil, sus piernas estaban atrapadas entre los hierros retorcidos, gritaba para que le ayudaran, pero los pasajeros que alcanzaron a bajar del autobús estaban muy golpeados para reaccionar. La maestra gritaba al sentir cómo sus pantalones se empezaron a quemar, fundiéndose la tela a la piel, ampollada por el fuego que la consumía. Ella gritaba histérica pero de nada servía, nadie se acercaba a ayudarla, los que se bajaron del autobús, sin moverse, sólo veían cómo el fuego, poco a poco, la consumía... 
 
El niño despertó gritando, llamando a su madre, quien acudió a su cuarto espantada, su hijo le contó lo que había visto, lo que había soñado y la mamá angustiada intentaba calmarlo - Es sólo un sueño, no todo lo que sueñas tiene que hacerse realidad - le decía mientras lo abrazaba, sin estar ella misma convencida de eso. En el fondo, sabía que sus sueños eran premoniciones de cosas que realmente sucederían. 
 
Ya no pudieron dormir, el niño se la pasó llorando asustado abrazando a su madre, ella también asustada por el alcance que estaban teniendo estas visiones de su hijo. 
 
Amaneció, se arreglaron para ir a la escuela y el niño le rogó a su madre que lo acompañara, quería que ella le advirtiera a su maestra de lo que le iba a pasar, pero ella se negó. Sabía que no le iban a creer y que probablemente se iban a burlar de él. 
 
El niño llegó a la escuela, entró al salón y en la primera oportunidad se acercó a la maestra, con lágrimas que le brotaron desde el fondo de su alma le dijo - Maestra, no haga ese viaje, va a tener un accidente, no vaya, por favor no vaya... -  Se lo imploraba sin poder detener las lágrimas. La maestra se quedó helada, a nadie le había dicho de ese viaje, tenía planeado visitar a su novio, de quien ya no sabía nada, él no contestaba sus llamadas, no le contestaba sus correos, sus amigas le habían dicho que ya había conocido a alguien más, que mejor se olvidara de él, pero ella no lo podía creer, tenía que verlo con sus propios ojos.
 
A nadie le había contado que pensaba ir ese fin de semana, cuando el niño le dijo eso, no supo que decir.  - No sé de qué me estás hablando, ¿De cuál viaje? ¿Quién te dijo que pensaba viajar? - Le contestó un poco alterada la maestra. - Nadie me lo ha dicho, yo lo vi en mis sueños, vi cómo viajaba en su automóvil y cómo tenía un accidente con un autobús por ir llorando, por favor no vaya, no viaje, le juro que siempre voy a estar atento a todas sus clases - Le contestó el niño llorando profundamente. 
 
La maestra no supo qué decir, no sabía qué estaba pasando, no sabía si era una broma pesada de alguna de sus colegas, que estaba usando a ese niño para quitarle la idea querer buscar a su novio. Al ver cómo no dejaba de llorar el pequeño, le dijo - Ya, calma, si no tengo pensado viajar, fue sólo un mal sueño, una pesadilla, no te preocupes más, te prometo que no voy a viajar... - El niño, al escucharla, se sintió más tranquilo, secó sus lágrimas y con una gran sonrisa salió al patio a jugar. 
 
El día transcurrió normal, salieron de clases, la mamá y su esposo se llevaron a los niños a acampar de fin de semana, jugaron mucho, rieron mucho, la pesadilla que había tenido ya la había olvidado. 
 
El lunes muy temprano llegó a la escuela, cuando llegó vio a varias maestras con las caras muy serias, como iban llegando los niños los estaban regresando, comentándoles que no había clases, que se regresaran a sus casas. A los niños que iban solos les llamaban a los padres para informarles que se habían suspendido las clases, porque su maestra había tenido un fatal accidente. La mamá, cuando escuchó esto, sintió un hueco en su corazón, no sabía cómo explicárselo al niño, pero no hizo falta, el niño la volteó a ver y sólo le dijo - No te preocupes mamá, sé que la maestra no me creyó y que hizo ese viaje- Y sin decir más se volteó para las caricaturas que estaba viendo. 
 
A partir de ese día las cosas cambiaron, la maestra le había platicado a sus colegas lo que había pasado, de cómo el niño la había intentado asustar, diciéndole que iba a tener un accidente, ella lo hizo, para intentar descubrir cuál de sus compañeras le había dicho que hiciera eso al niño. Después del accidente lo veían como si fuera un ave de mal agüero, alguien que traía mala suerte, no como un joven vidente que podía predecir el futuro, sino como un ser maldecido que traía sólo una pésima suerte. 
 
El rumor se corrió; se decía que había un niño que veía el futuro, se acercaron muchos buscando mejorar su suerte, le preguntaban sobre números de lotería, de cosas del trabajo, de infidelidades, muchos temas que no podía digerir un niño de su edad, pero que hicieron que madurara con una velocidad asombrosa. 
 
Muy pronto aprendió que podía ganar dinero con sus sueños, primero aceptaba lo que le dieran, cuando comprendió que le iban a dar lo que él pidiera, las cosas de nuevo cambiaron. A los 18 años ya contaba con un capital que le administraba su madre, se habían cambiado de casa, ahora ya era una propia; nunca se separó de su madre y su padrastro se convirtió en el padre que realmente nunca tuvo, aceptaron su don y supieron vivir con él, nunca hicieron nada para buscar aprovecharse de él. 
 
A los 34 años ya era famoso en casi todo el país, había gente que viajaba y esperaba horas para poder verlo. Ayudaba a la gente a tomar decisiones de sus negocios, de sus parejas, nunca pudo predecir nada que fuera de juegos de azar, loterías, apuestas, no podía verlo, o por lo menos nunca aceptó que lo podía ver. 
 
No tardó para que un hombre muy poderoso de las Vegas supiera de él, de inmediato pensó en todo lo que podría ganar, de lo que podia conseguir con alguien que pudiera adivinar cómo terminarían las carreras de caballos, las peleas, todo aquello que no tenía arreglado, todo aquello que no podía controlar en su negocio de apuestas de esa gran ciudad. 
 
Ordenó que le consiguieran toda la información; de quién era, dónde vivía, quiénes formaban su familia. Estaba decidido a conseguir que El Vidente trabajara para él, que hiciera de su negocio de apuestas una empresa internacional, controlando todos los eventos en los que se pudiera apostar. 
 
Su orden fue cumplida, El Vidente fue bien localizado, cada miembro de su familia fue identificado, las horas en que se movía, los lugares que frecuentaba, las horas en que atendía, todo sus movimientos fueron cuidadosamente vigilados, sin que él se diera cuenta, sin que notara que era vigilado. Sabían que si él veía a uno de ellos, bastaba para que todos los malignos planes se reflejaran en sus sueños. 
 
Cuando tuvieron toda la información completa, bien confirmada, el empresario mandó a su hijo para que se entrevistara con El Vidente, el enviado llevaba un expediente con cientos de fotografías; cada una detallando cada parte de su vida actual. Fotos de la casa donde vivía, de su consultorio, de su madre, de su novia, de amigos queridos, un tétrico collage de la vida de un protagonista que pensaba que era perfecta. 
 
Llegó al domicilio del consultorio donde atendía El Vidente, el visitante estaba consciente de que no podía estar mucho tiempo ahí, no podía darle el tiempo suficiente a El Vidente para que lo escaneara, ésta era una visita práctica y rápida de negocio, donde le iba a presentar la propuesta y no había lugar para ninguna negociación. Era simplemente presentarle a El Vidente, quién era su nuevo jefe. 
 
Se presentó, le comentó rápidamente quién era el, a quién representaba, le mostró el expediente que llevaba, todo de una forma casi mecánica. Le explicó que necesitaban de su don para conocer el resultado de los eventos deportivos, de olimpiadas, de copas mundiales. Le ofreció un porcentaje de las ganancias y lo más importante, el poder continuar con la compañía en vida de su amada y de su mamá. 
 
El Vidente no mostró ningún signo de alteración en su rostro, tenía la mirada fija en su visitante, nadie podría adivinar sus pensamientos, nadie podría adivinar qué tanto le había dolido el sentir en peligro a la gente que amaba. Sin decir nada despidió a su visita, quien sólo se levantó de su silla y puso una tarjeta de presentación en su escritorio, sólo agregó antes de irse - Necesitamos su confirmación, no venimos por una negación ni a negociar nada, necesitamos que empiece la próxima semana, no lo haga por usted, hágalo por la vida de los que más ama... -  Y el hijo del empresario se retiró del lugar. El Vidente se quedó por largo tiempo sentado, desde que su padre le había fallado cuando era niño, nunca había sentido de nuevo ningún grado de angustia, ahora sentía como todos esos años de felicidad se venían abajo, se derrumbaban, se evaporaban, como una neblina que ocultaba un mundo del que no conocía, del que nuca había formado parte, del que tanto se había cuidado para no mezclarse. 
 
Esa noche llegó a su casa donde lo esperaba su novia; era una hermosa mujer que había quedado impactada con él desde que lo conoció, cuando acompañó a su padre para consultarlo por su negocio, desde ese momento mantuvieron el contacto. Ahora ya tenían un par de meses que vivían juntos, la abrazó y al sentir el cuerpo de ella pegado al suyo sintió unas ganas inmensas de llorar, cómo si fuera un niño otra vez, como si hubiera soñado con el accidente de su maestra otra vez. 
 
Su novia sintió ese abrazo distinto a los demás, le preguntó si todo estaba bien y él solo le contestó que sí, El Vidente guardó su compostura y continuó como sin nada pasara. Cenaron, platicaron de cómo les había ido en el día, vieron un rato la televisión abrazados, ahora él más que nunca necesitaba sentirla junto a él. Intentó lo más que pudo el evitar irse a dormir, temía de lo que pudiera soñar, para evitar soñar le hizo el amor a su amada con mucha pasión, dedicándole minutos completos a cada parte de su cuerpo, intentando alargar lo más que pudiera esa pasión. Pero tanto amor tuvo su clímax y cayeron agotados, uno al lado del otro y sin poder evitarlo, terminó profundamente dormido. 
 
De repente se vio en su consultorio, atendiendo gente, cuando recibió una llamada, era de su madre. Le informaba que su casa se estaba quemando, colgó y dejando a sus pacientes sentados corrió a su hogar, llegando vio las llamas cómo salían de las ventanas, vio a su madre con su ropa ennegrecida gritándole a los bomberos que acaban de llegar, gritándoles que su nuera estaba adentro, que entraran a rescatarla. Cuando escuchó esto sólo pudo emitir un grito de dolor, sin pensarlo, corrió a la puerta de su casa, los bomberos intentaron detenerlo, pero no hay reacción más inmediata, que la de un hombre cuando ve en peligro a su amada. Pateó la puerta que de inmediato se abrió, vencida por el calor, entró como pudo. El interior estaba lleno de humo, había flamas por todos lados, intentó avanzar, pero el humo no le permitía respirar, ver, sólo caminaba guiado por la memoria de tanto tiempo de recorrer el mismo camino. Sentía cómo su ropa se empezaba a incendiar, pero no le importaba, sólo gritaba el nombre de su novia, hasta que sintió cómo lo jalaban por la espalda, eran dos bomberos que por la fuerza lo sacaban. En cuanto quedaron fuera, se escuchó una explosión y todo se vino abajo... 
 
Cuando vio caer la casa, él también se derrumbó, quedando de rodillas, con las manos sujetándose la cabeza, gritando profundamente y con tanto dolor, que no emitía sonido alguno; volvió a tomar aire para gritar de nuevo, pero ahora con un grito espeluznante, con la mirada perdida en el cielo, gritando por todo lo que perdía, por ese mundo perdido que siempre pensó que era perfecto. 
 
Su novia lo despertó, el grito fue más allá del sueño, un grito que pudieron escuchar algunos de sus vecinos, quienes prendieron sus luces para ver qué había pasado, ella lo abrazó, él, al verla, la abrazó llorando, tan profundamente que se agitaba con cada lamento, lloraba de emoción por verla viva, de miedo por verla amenazada, de dolor por saberla muerta. 
 
Al día siguiente le llamó al hijo del empresario, le dijo que estaba de acuerdo, que podían verse para ver los detalles, El Vidente sólo les pidió que fuera en un lugar donde nadie los pudiera ver. No podía correr el riesgo de que alguien lo relacionara con gente que se dedicara a las apuestas, tenía un prestigio que cuidar y él estaba siendo obligado a llevar a cabo esa nueva actividad.
 
No podían verse en la ciudad donde él vivía pero tampoco en donde vivían el empresario y su hijo, debía ser en un lugar donde fueran pocos los testigos, donde las probabilidades de que los reconocieran fueran remotas. 
 
El Vidente propuso que se vieran en un viaje en tren, había una sección de compartimientos de primera clase, privados, donde podrían hablar para ponerse de acuerdo, así eran mínimas las probabilidades de que los vieran juntos y que pudieran vincularlo con las actividades del magnate de las apuestas. 
 
El empresario y su hijo estuvieron de acuerdo, en la ruta del tren, uno iba a subir en una ciudad y los otros en otra. Para que no hubiera error y cuidando todos los detalles, El Vidente se encargó de ver lo de los boletos, le envió los suyos al empresario y a su hijo y él compró el suyo. Tal como lo habían dicho, lo hicieron; subieron al tren en lugares distintos y cuando todos abordaron, se vieron en el compartimiento del empresario. Ahí llegó El Vidente y empezó la negociación, el plan era muy sencillo, él tenía que viajar a donde estuviera entrenando, practicando o preparándose cualquiera de los jugadores, equipos o peleadores a los que iban a apostar, para que pudiera soñar con lo que iba a pasar, con el marcador, con los puntos con que iba a ganar, etc. Toda la información que pudieran necesitar para ganar sus apuestas, El Vidente a todo accedió, tenía aun presente el sueño de cómo se había quemado su casa, sabía que estas gentes estaban decididas a todo, si enviaba a otra ciudad a su novia lo iban a hacer con su madre. Si ellos se cambiaban a otro país, sabía que era fácilmente localizable, por su pura fama, y El Vidente no tenía otra forma de ganarse la vida, simple y sencillamente él estaba en sus manos... 
 
El empresario le ofreció darle un porcentaje de las ganancias, un porcentaje tan bajo que era humillante el sólo escucharlo, una burla del empresario sólo para demostrar quién tenía el poder, El Vidente, bajando la mirada, lo aceptó. 
 
Después de ponerse de acuerdo en cómo les iba a hacer llegar la información, del porcentaje y en confirmarles que los iba a ayudar en todo, padre e hijo se pusieron a brindar. Abrieron una botella del mejor de los whiskies y se pusieron a tomar, como si El Vidente no existiera, como si sólo fuera un mueble más, del elegante compartimiento. Profundamente humillado, él se levantó y salió a su propio compartimiento, cerrando las puertas tras de sí, escuchando las carcajadas de esos dos que felices celebraban, el gran negocio que acababan de cerrar. 
 
El Vidente llegó a su compartimiento, preparó las pocas cosas que llevaba y esperó a la siguiente parada para dejar ese tren. El tren llegó a la estación, era una ciudad que estaba a solo un par de horas antes de llegar a Las Vegas, bajando le marcó a su madre y después a su novia. Sólo quería confirmar que ambas estaban bien, en eso estaba cuando el tren reinició su marcha, El Vidente vio cómo se alejaba desde el andén de llegada; se quedó viendo hasta que se perdió en la distancia. Se dio la vuelta para retirarse de la estación, cuando sonó de nuevo su celular; esta vez la llamada era de uno de sus clientes, una persona que estaba muy agradecida con él, por haberle salvado la vida, por haberlo prevenido de un accidente fatal, la persona le hablaba sólo para agradecerle de nuevo por haberlo prevenido, El Vidente lo escuchó paciente, estaba acostumbrado a esas muestras tan expresivas de agradecimiento.
 
Tenía solo unos días de que lo había prevenido de su viaje, por lo que aún su cliente estaba muy impresionado y emocionado por salvarle la vida. Él era ganadero, uno de los más ricos de la región, una semana antes lo había visitado para pedirle consejos sobre un nuevo negocio que iba a realizar, El Vidente lo vio y lo citó después para darle información, como siempre lo hacía, para poder darse el tiempo de soñar. 
 
Cuando lo vio de nuevo le previno para que no viajara, le comentó que iba a tener un accidente, que se olvidara de viajar. El afortunado cliente sentía cómo se le iba la sangre del cuerpo cuando El Vidente le explicaba en detalle de todo lo que iba a pasar, sin decir más se puso a llorar. Ese viaje significaba mucho para su negocio, porque era para verse con un nuevo cliente, pero le daba pavor viajar por avión, por lo que había hecho arreglos para viajar por tierra, pero después de lo que le dijo El Vidente reprogramó su viaje, ahora por avión... 
 
Ese día, El Vidente tomo los fatídicos boletos que dejó su cliente, eran unos boletos de tren, los metió en un sobre, escribió el nombre del destinatario y una dirección y los envió por correo.
 
Eran los mismos boletos que habían recibido y utilizado el empresario junto con su hijo, para subirse a ese tren. En ese viaje en donde habían obligado a El Vidente a trabajar para ellos, el mismo tren del que se  había bajado El Vidente hacía unos minutos en esa parada previa a un fatal accidente, donde un tren, por el defecto de una vía, se iba a descarrilar. Un percance tan mortal, que nadie iba a sobrevivir. Tan imprevisto, que muchos de sus pasajeros los iba a tomar desprevenidos. Tan instantáneo, que algunos no iban a tener el tiempo ni de dejar la copa… Con la que estuvieran celebrando.
 
 
 
 
 
 






miércoles, 9 de abril de 2014

Un ángel…


Encerrados en este purgatorio que sirve de puente entre la gloria y el infierno, a solo centímetros de distancia, tan alejados que no se pueden tocar nuestras manos, tan cerca que se pueden mezclar los alientos, tan distantes que no se ni tu nombre, tan próximos que floto en tu aroma, tan lejos que no puedo alcanzarte, tan pegados que siento el calor de tu cuerpo, tan separados que te vuelves un sueño, tan juntos como bambúes compartiendo raíces sin nunca unirse, tan distanciados que nunca volteas a verme, tan unidos compartiendo un mismo destino,  tan intocable entre tanta gente…
 
Viajes entre pisos que nunca terminan, siempre coincidimos a la hora de la salida, ¿Quién eres? Eres un misterio, formas parte de los pisos de arriba, como le corresponde a un ángel su lugar en el cielo, nunca me doy cuenta cuando subes, solo cuando desciendes entre mortales que pacientes esperamos el volver a verte...
 
Purgatorio flotante que abre sus puertas a la gloria cuando tu entras, en este corto viaje que compartimos en un cosmos de una sola estrella, un astro con un gran resplandor. Un ángel que convierte en paraíso... Un simple elevador.
 
 
 
 

cuento corto, elevador

lunes, 31 de marzo de 2014

Mundos paralelos...

El viejo Macho alfa de este grupo de simios ha dado todo por defender a su clan, tiene cicatrices de viejas batallas ganadas por defender a sus hembras, a sus crías, por cuidar su territorio, por cuidar su gran familia.
 
Feroces luchas contra predadores están firmadas en todo su cuerpo, ya está viejo, ya el tiempo y las heridas le han hecho mella, su andar es cansado pero nunca deja su puesto, siempre atento, siempre vigilante, siempre dispuesto a defenderlos a todos...
 
Por su territorio anda merodeando un joven macho, fuerte, está atento al valioso reinado del viejo macho, algunas de las hembras le han permitido acercarse, con algunas ha llegado a aparearse, el viejo líder cuando se da cuenta lo encara, una fiera pelea se inicia, pero ya es una pelea con muy poco argumento, la juventud se impone y el viejo jerarca es humillado, sin más es echado de su propio reinado, todas sus hembras a las que defendió, los hijos a los que cuido, su territorio que tanto defendió, todo lo pierde en solo un instante, su familia tranquilamente le da la espalda, a nadie le importa lo que él hizo por ellos, ahora ya es solo un viejo que ya no es necesario, solo ha dado unos pasos y ya es algo por todos olvidado...
 
Herido y humillado el viejo macho, cojeando, huye del lugar, va corriendo con una pata herida hasta que se cansa, hasta que su fuerza también queda vencida, sigue su andar pero ahora caminado despacio, sigue cojeando, tiene una profusa herida en su pata derecha, tiene otra mordida que le ha dejado la piel colgando en un costado, está mal herido, su instinto así se lo ha dicho.
 
Un recién jubilado camina por la calle, tiene sesenta y cinco años, era el presidente de una compañía refresquera a la que el comité de socios por estrategia comercial ha decidido jubilar, presto sus servicios por cuarenta años, creció con la empresa, lucho por ella, juntos sobrevivieron crisis, devaluaciones, la gran recesión, cuando todos daban a la compañía como terminada él siempre la saco de nuevo adelante, hoy se mereció un gran homenaje, otros jubilados fueron invitados para que dieran unas palabras recordando sus logros, los nuevos ejecutivos sonrientes le presentaban sus respetos, aun no dejaba el edificio cuando ya estaban desocupando la oficina que había ocupado por tantos años...
 
El viejo macho ya con un paso más lento, arrastrando la pata enferma, buscaba un refugio, un lugar donde poder protegerse, no había muchas opciones, los mejores arboles eran los que formaban su antiguo territorio. Encontró un frondoso árbol frutal, subió como pudo hasta lo más alto, hasta donde pudiera estar a salvo, hasta donde pudiera vigilar por nuevas amenazas, tomo algunos frutos y sentado por primera vez en años, comía solo, sin el gritar constante de los más pequeños, sin el gritar de las hembras, solo se escuchaba el ruido natural de esa selva...
 
El recién jubilado llego a su elegante departamento, estaba en una de las zonas más prestigiadas de la ciudad, tenía quince años que se había divorciado de su primer esposa con la que duro treinta años de casado, hasta que el poder cegó su razonamiento, hasta que su sed de crecimiento también le dio un valor a su vida personal, vio a su fiel y entregada esposa como un modelo que también tenía que renovar, vivía rodeado de trepadoras sociales que veían en ese interesante hombre un excelente partido, jóvenes bellas que vivían de lo que sus encantos podían conseguir, bellas joyas disponibles para todo aquel que las pudiera comprar, se divorció y se casó con una hermosa edecán que era treinta años más joven, el tenía en ese entonces cincuenta y cinco años, su joven esposa solo veinticinco, ambos en la plenitud de grandeza, ella en su belleza, el en su riqueza...
 
El viejo macho vio el día morir, ya se oscurecía, los ruidos empezaron a cambiar, los animales corrieron a resguardarse, los depredadores de la noche salían a cazar, animales de vida nocturna que saludaban a su nuevo día, comió de nuevo, busco un buen lugar en ese alto árbol y se dispuso a dormir, era la primera noche con la que solo se acompañaba con la luna, una luna que muda lo veía con suma tristeza, era todo un soberano dejado de lado, sin más compañía que sus nuevas heridas...
 
El recién jubilado entro a su departamento, no se molestó en hablar a su esposa, sabía que no se encontraba, desde que ella se había enterado que estaban por jubilarlo se había vuelto muy fría, conservaba mucha de su belleza, cuidada en extremo en una vida en la que no hacía nada, solo cuidarse, solo mantener esa belleza que era su eterna apuesta, lo recibió el personal de limpieza quienes lo ayudaron con su portafolio y su abrigo, fue al bar y se preparó una copa y con un andar cansado se sentó en su elegante sillón, viendo el enorme ventanal que le dejaba ver la gran ciudad, guardaron su portafolio y el abrigo y le entregaron unos papeles, por su experiencia sabían que eran legales, los abrió para ver una demanda de divorcio, su amada esposa le exigía separase por diferencias irreconciliables. Hizo una mueca que quiso ser una sonrisa irónica y le dio un trago a su copa, el silencio reinaba en todo ese espacio, solo estaba prendida una luz del pasillo por lo que estaba prácticamente a oscuras, solo con la luz de la luna iluminando su copa.
 
El nuevo día tomo su lugar, el viejo macho se enderezo para ver la grandeza del bosque a sus pies, el ruido del despertar de las diferentes especies reinaban el lugar, comió un poco y salió a investigar la zona, apenas había avanzado por unas ramas cuando se encontró con una colonia de monos, una con la que en su momento fueron rivales, una familia con la que peleo su territorio, era liderada por otro experimentado macho al que en su momento había vencido, era un poco más joven que él y aún conservaba su puesto en la familia, no estaba herido y aún estaba en su plenitud, al verlo de inmediato se le arrojo encima, con un alarido de guerra, lo ataco violentamente persiguiéndolo por todos los arboles hasta que perdió el equilibrio y cayó a tierra...
 
El recién jubilado en cuanto se despertó llamo a su abogado, tenía una cita con su mujer para ver los detalles del divorcio, se pusieron de acuerdo y acudieron a la cita. Llegaron a tiempo, pasaron a una elegante sala de juntas donde los esperaba su aún esposa con un regimiento de abogados, las demandas eran muy simples, ella quería todo, nunca firmaron un convenio antes de casarse por lo que ahora era una indefensa presa, con los abogados de su esposa cegados por la ambición de la jugosa comisión que se llevaban de todo eso, el debate entre abogados se convirtió en una fiera pelea donde se despedazaban lo poco de dignidad que aun a él le quedaba.
 
El viejo macho como pudo se levantó, la caída le había fracturado una de sus patas, arrastrándose se retiró del lugar, el dolor lo obligaba a moverse despacio, le era imposible poder subirse a otro árbol, estaba a merced de los predadores que a esa hora ya andaban en busca de alguna presa con que alimentarse, busco refugio en unos troncos de un árbol tirado, encontró lo que parecía una madriguera abandonada y ahí se metió...
 
El recién jubilado salió con su abogado de la junta, estaba claro que no iban a descansar hasta quitarle todo lo que le quedaba, lo que en años de triunfos había logrado, aún estaba impactado de la agresividad de los abogados de su aun bella esposa cuando recibió una llamada... Era de la empresa donde había trabajado, tenían una filial que habían abierto para movimientos fiscales, una empresa fantasma que le sirvió para desviar impuestos, una vieja estrategia usada por muchos, un pecado común en el mundo de los negocios, un arma común usada cuando querían desviar la atención por nuevos cambios, una forma de demostrarles a los socios lo recta que era la nueva administración, ahora esta arma la estaban usando contra él, lo estaban demandando por desvío de dinero, por un desfalco del que en su momento todos estuvieron de acuerdo, un movimiento que les genero a todos millones, una artimaña de la que solo el aparecía involucrado, una estrategia que usaban para tapar otros pecados, estaban simplemente usándolo como una cortina de humo, no era nada personal, era solo cuestión de negocios, él lo sabía, el mismo había hecho lo mismo con la administración que el suplió, también en su momento le toco sacrificar a alguien, ahora él era el cordero que ponían en el matadero, era la ofrenda que presentaban para calmar la ira de los dioses, era la forma acostumbrada de hacer nuevos negocios...
 
El viejo macho despertó por el dolor del sueño que lo venció por el cansancio, la pata rota la tenía colgando, se la toco y emitió un gruñido de dolor, estaba todo herido por las mordidas y la caída, el hambre lo obligo a salir para buscar algo de comer, se arrastró entre los arboles buscando frutos caídos, insectos, lo que fuera que pudiera comer pero no encontró nada, había muchos animales buscando lo mismo con la diferencia de que se podían mover libremente, un rugido lo hizo quedarse quieto, sin moverse, sin respirar, poco a poco se empezó a mover pero de nuevo lo escucho, pero estaba vez más cercano, algo a su espalda se estaba moviendo...
 
El recién jubilado comento con su abogado de la nueva demanda que le estaban poniendo, al abogado le basto un par de llamadas para conocer todos los detalles, el panorama estaba muy negro, el abogado fue muy franco y le explico que no veía como podían rescatarlo, lo primero que intentarían era declararlo en bancarrota, pero sabían que las cuentas del banco ya estaban intervenidas, las propiedades ya estaban identificadas, no había nada pada poder rescatarse, el mismo abogado ya sentía que debía separarse, ese cliente ya no iba a tener ni con que pagarle, por sus años de litigio sabía perfectamente que lo tenía todo perdido...
 
El viejo macho se agacho y anduvo muy despacio hasta quedar al pie de un gran árbol, como pudo intento trepar, cuando quedo todo callado supo que lo habían localizado, no se escuchaban ruidos de otros animales, el alboroto que había hace unos minutos se había callado, señal de que un cazador estaba acechando, se quedó quieto a un lado del árbol, de repente dio un salto con la pata sana para empezar a trepar, subió un metro cuando sintió como una mandíbula se clavaba en su pata sana, grito tratando de zafarse, pero unas afiladas garras ya estaban rasgando su piel, el peso fue mucho, no pudo resistir, con un fuerte grito cayo, quiso voltearse cuando unas fuertes quijadas le trituraron el cráneo...
 
El recién jubilado escucho impasible las explicaciones de su abogado, se despidió con la recomendación de buscar otro despacho, alguien que tuviera más experiencia en la nueva demanda, alguien que estuviera de acuerdo en acompañar a ese moribundo, alguien que hiciera algo más que solo buscar el lucrar con los casos que tuvieran en mano, él sabía que nadie de prestigio iba a aceptar su caso, era un divorcio y una demanda millonaria por desvío de dinero, sabía de antemano que lo tenía todo perdido. Llego a su automóvil donde lo esperaba su chofer, pidió que lo llevaran a su departamento, sentía como esa angustia lo corroía por dentro, sentía como su cuerpo temblaba de la furia por la impotencia que estaba siendo orillado, empezó a golpearlo todo, el chofer asustado detuvo su marcha y le pregunto si se sentía bien, el no alcanzo a contestar, un dolor empezó a recorrer su hombro izquierdo, acalambrando todo el brazo, el dolor recorrió el hombro hasta su pecho, su chofer espantado lo saco del vehículo, no sabía que estaba pasando, el cayo pesadamente al suelo agarrándose el pecho, para cuando llegaron los paramédicos ya estaba muerto...
 
El viejo macho reflejado en el espejo de los mundos paralelos ve como es velado con cientos de llorosos dolientes, muchos de ellos solo pendientes de salir en la fotografía... El nuevo jubilado reflejado en el mismo espejo de los mundos paralelos ve como es devorado y sus huesos dejados como ofrenda al reino de la naturaleza.... Ambos ven sus reflejos impasibles, hasta que ya no hay nada que ver, se voltean y cada uno, con nuevos bríos, toman un nuevo camino, uno que nace de esos mundos paralelos hacia un nuevo universo compartido, uno donde las diferentes especies hablan el mismo idioma, uno donde no existen animales salvajes o animales inteligentes, solo animales diferentes.
 
Un universo donde conviven seres tan variados, que entre todos son aceptados, donde la riqueza no nace del territorio que pelean, sino de la capacidad de respetar las diferencias que se tengan, un nuevo mundo Animal donde los seres no se manejan... Por puro instinto animal.





viernes, 28 de marzo de 2014

Más tiempo de vida…

Es una mañana muy temprano, a la orilla del lago junto al muelle se escucha un gran alboroto, está un hombre tirado, sumido esta entre paramédicos y rescatistas, esta todo mojado, con la camisa rasgada por los primero auxilios, yace sin vida mientras varios dedicados paramédicos le aplican RCP para intentar volverlo a la vida.
 
Es un indigente, viste unos pantalones raídos y muy sucios, esta descalzo, suponen que perdió su calzado durante el tiempo que estuvo bajo el agua.
 
Los testigos comentan entre ellos diferentes versiones de lo que ahí ha pasado, unos afirman que el rescatado se arrojó intencionalmente al agua, otros señalan que fue un accidente cuando estaba pescando, otros aseguran que le paso por andarse drogando, lo que haya pasado realmente no importa, para los rescatistas su trabajo es solo volverlo a la vida...
 
Arduo trabajo representa revivirlo, los curiosos extasiados luchan entre ellos para no perder detalle, nadie quiere perderse esa escena sacada de algún drama de la vida real. Todos atentos a como le ponen las inyecciones, como le dan las respiraciones, como se turnan para presionarle el pecho, todos absortos, todos nerviosos, todos sumidos en una curiosidad morbosa esperando confirmar que el rescatado, muerto quedaba.
 
Tras varios minutos se escuchó un tosido, se escuchó como una exclamación ahogada hacía eco en todos los presentes, el muerto regresaba a la vida, todos aplaudieron, los paramédicos entre ellos se felicitaron, lo pusieron en una camilla y partieron a un hospital público…
 
El tiempo de recuperación fue rápido, ese indigente tenia años de vivir en la calle por lo que un poco de descanso y los tres alimentos diarios hicieron que su sentido de supervivencia tan desarrollado reaccionara de inmediato, al tercer día ya estaba bien, lo revisaron, nunca pudieron aclarar que era lo que en realidad había pasado, no les interesaba mucho hacerlo, la urgencia era poder dejar disponible de nuevo su cama, tras revisarlo de nuevo lo dieron de alta.
 
Salió del hospital, limpio, recién bañado, con nueva ropa que le habían regalado, se vio sus uñas, por primera vez en años las veía limpias, cortas, tocaba su cara ya sin su larga barba que le habían rasurado, calzaba unos zapatos nuevos que también le habían regalado…
 
No recordaba muy bien lo que había pasado, tenía varios días perdido de borracho inhalando solventes que tenían nublada por completo su mente, solo recuerda haber despertado en ese hospital donde intentaban responder las mismas preguntas que se hacia él.
 
Ahora ya bañado, con ropa limpia, partió al lugar que le ha servido de hogar durante los últimos veinte años, empieza su andar hasta llegar a las orillas de la ciudad, se adentra en el bosque hasta una pequeña choza en un claro abierto entre la vegetación, dentro solo tiene un cartón que le sirve de cama y todo lo demás está lleno de basura, de comida echada a perder, después de estar esos días en ese hospital donde todo estaba pulcramente desinfectado, donde él fue todos esos días bañado, el olor a putrefacción lo desconcierta, por veinte años vivió así y solo bastaron tres días sobrio y limpio para sentir repugnancia de lo que ahí veía, de lo que ahí olía.
 
Ratas salían por los lados de su inclemente choza, a un costado, tapado por algunas tablas, se veía el alcohol etílico que usaba para beber, el Resistol y el thinner  que usaba para inhalar, un poco más atrás estaba el lugar abierto que usaba como baño, el olor mezclado de todo eso, por primera vez en años, le habían revuelto el estómago.
 
Estaba por cumplir los treinta y cinco años, empezó su vida de indigente cuando perdió a su padre, estando viuda su madre se fue a vivir con un amigo de su padre, el nuevo padrastro nunca lo acepto, él tenía un gran parecido con su padre por lo que cada vez que se embriagaba el padrastro lo corría de la casa.
 
Vagó de casa en casa pasando por todos sus parientes hasta que su propia rebeldía lo lanzo a la calle, desde entonces mendigaba, robaba, viviendo en la calle, viviendo de la calle, los inhalantes y el alcohol barato formaron parte de su dieta natural, en el hospital lo habían mantenido con tranquilizantes por lo que no había resentido los reclamos de tantos años de vicio, pero ahora ya empezaba a sentir esos temblores que le exigían un trago, que le pedían drogarse de nuevo…
 
Caminó de regreso a la ciudad, los sudores fríos ya recorrían su cuerpo, el hambre también ya le exigía su parte, cuando vivía perdido en los vapores del vicio no recordaba ni de alimentarse, ahora en esa cruda sobriedad todo era diferente, los colores del día eran más vivos, las necesidades más imperiosas, necesitaba alimentarse o nuevamente drogarse.
 
Llego a un parque después de caminar cerca de dos horas, se sentó en una vieja banca para descansar sus pies que no estaban acostumbrados a caminar sin sentido, el estómago era un eco constante de los ruidos de sus jugos gástricos exigiendo que digerir, un cuerpo al que nunca alimentaba ahora resultaba ser un coro inestable de ruidos estomacales que le exigían algo de comer, esa sobriedad estaba resultando la peor de sus crudas, la peor resaca de una vida tan entregada a una somnolencia perpetua, a divagar en una nube cerrada creada de los vapores producidos por los alcoholes que en su cuerpo terminaban de fermentar…
 
A lo lejos vio el hospital donde había estado, donde lo habían salvado, todos se habían portado muy bien con él, le habían regalado lo que ahora vestía, le dieron de comer tres veces al día, era como una pequeña isla que se asomaba en su mar de desesperación.
 
Llego a la entrada principal, entro pero no pudo pasar más allá del área de recepción, no supo decir el nombre de algún doctor o de alguna enfermera a la que le pudieran llamar, pregunto por la salida para el personal y hacia allá se dirigió, esperanzado en poder encontrarse de nuevo con alguna de esas almas caritativas con las que convivio esos días, llego a la puerta que estaba cerrada y con la entrada controlada, tomo asiento en la acera y ahí espero, paciente y esperanzadamente espero… Pero nadie que reconociera salió.
 
Pasaron tres horas, sin moverse se quedó atento a la puerta, muchos entraron, muchos salieron, vestían ropas de calle, nadie tenía puesta las batas o el uniforme de enfermeras, las mujeres con el cabello suelto, los hombres con ropas ligeras, no había forma de reconocerlos si se hubiera encontrado con alguien…
 
Ya la frustración inundaba su alma, los quejidos lastimeros de su estómago se confundían con el temblor de su cuerpo, necesitaba ya beber algo, inhalar algo, ya el comer había dejado de ser la prioridad principal, ahora necesitaba dejar atrás ese mundo virtual para llegar a su mundo real, un mundo difuminado en siluetas borrosas, formas confusas, con voces que perdían sentido por sus bajas revoluciones, donde los movimientos eran tan lentos que no había necesidad de preocuparse de nada mas, solo de divagar, solo de vagar por su mundo real.
 
Se levantó de donde estaba y dio la vuelta al hospital, paso por la salida de emergencia, ahí vio varios ambulancias, con paramédicos vestidos iguales que los que lo habían rescatado, sintió un aire de esperanza refrescando todo su cuerpo, paso a un lado de ellos, tratando de reconocer a sus héroes anónimos pero ninguno le pareció conocido, cuando lo vieron ahí de forma automática cerraron las puertas de las ambulancias y guardaban sus cosas, como temiendo que algo se pudiera robar, todos lo veían con miradas de desconfianza, todos callaban cuando pasaba a su lado. Ya la tarde empezaba a ceder su lugar a la noche, las largas sombras todo lo cubrían, a esa hora ya las mujeres le rehuían.
 
Un policía se acercó para preguntarle si necesitaba algo, si traía alguna identificación, él no tenía nada con que identificarse, tenía muchos años que había dejado de ser alguien, hizo como que iba a buscar su cartera y salió corriendo, el policía corrió tras el pero la agilidad felina de alguien que está acostumbrado a huir de la justicia se impuso fácilmente…
 
Ahora estaba de nuevo caminando, sin un lugar definido a donde ir, con el hambre carcomiéndole las entrañas, con el cuerpo reclamando su vicio, caminando en una vida sin ningún sentido.
 
El andar solo por andar lo llevo de nuevo al lago, ahora recordaba algo del evento pasado, recordaba que llego ahí caminando, con la diferencia que llegaba ahogado en su vicio, sin una razón especifica de seguir andando, perdido en esas vidas paralelas en las que vivía vagando, tan perdido que termino en el fondo del lago…
 
Recuerda haber despertado, estar rodeado de gente, ver rostros sonriendo felicitándose entre ellos, recuerda cuando lo subieron a la camilla y partieron en la ambulancia, el con una mascarilla de oxígeno fija en su rostro.
 
A un lado sentado iba un muy joven paramédico quien le dijo triunfante cuando él lo volteo a ver… ¡Te hemos salvado!, ¡Te hemos regalado más tiempo de vida!
 
Cuando llegaron al hospital todos fueron muy buenos, todos le explicaban las medicinas que le ponían, la comida que le daban, todos con el platicaban, todos fueron muy amables, todos eran tan agradables, todos muy atentos… Pero nadie nunca le dijo que podía hacer con ese tiempo adicional de vida que le habían dado.
 
Ahora estaba sentado, viendo el agua del lago, con esas pequeñas olas danzantes que reflejaban la luz de la luna, olas que como pequeñas manos se agitaban en el agua, como llamándolo, como incitándolo a entrar en el agua…
 
Se paró y empezó a caminar a la orilla del lago, escuchando una vez  y otra vez la voz del paramédico sin parar…
 
-¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida! ¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida! ¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida!
 
El agua helada mojo sus pies y detuvo su paso, con las manos metidas en las bolsas del pantalón veía hacia el centro del lago, las palabras seguían repitiéndose con ecos macabros en su cabeza.
 
-¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida! ¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida! ¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida!
 
Con un grito se tapó los oídos para intentar callar esa voz que se repetía una y otra vez…
 
-¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida! ¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida! ¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida!
 
Con sus manos en sus orejas levanto su mirada al cielo y le grito desde lo más profundo de su ser, con un grito desgarrador producido por la lucidez que le dieron esos cuatro días de sobriedad...
 
¡Porque me has dado más tiempo de vida, si yo ya estaba salvado de esta miserable vida!
 
Al día siguiente encontraron un cuerpo flotando en el lago, estaba vestido completamente, quienes lo sacaron no pudieron evitar un escalofrío, ese hombre tenía su rostro tranquilo, apacible, como si estuviera durmiendo, con cierto miedo juraban… Que ese muerto estaba sonriendo.
 
 
 

miércoles, 26 de marzo de 2014

En su propio mundo…

Es una linda adolecente que tiene la afición de escribir, de pintar. Una mezcla de extraños seres convive en esa bella cabeza, por el mundo va tejiendo historias que en el aire flotan, transpiradas por las personas que a su lado pasan. Fragmentos de cuentos que pesca en la escuchas involuntarias en la parada del colectivo, personajes que cobran vida durante las noticias de la noche, dramas y desventuras que se arman con solo leer una frase del periódico de la tarde.
 
Seres infernales que a su lado se aparecen, mientras escucha las historias del abuelo. Duendes que a su lado duermen, cuando lee de nuevo el libro de cuentos que le regalo su padre.
 
Es una joven retraída que no habla con nadie, tímida, callada, socialmente vive encerrada en su propio mundo,  en su propio arte. Rodeada de todos los personajes que nacen en esa inspirada mente; todos se asombran de ver lo profundo de sus letras, de cómo se sumergen en sus cuentos de terror, sin poder escapar, sin poder dejar de leer…
 
Sus cuadros son escenografías vivas de las más espeluznantes escenas de horror. Todos aquellos que los ven, de inmediato quedan fascinados con esos seres tan detalladamente plasmados, que dan la sensación de estar vivos. Con ojos que cualquiera juraría que tienen viva la mirada, viendo fijamente, estremeciendo a todo aquel que los ve de frente.
 
Su madre se inquieta de verla siempre sola, a veces hablando con ella misma. Le preocupa que no tenga a nadie más con quien conviva.
 
La mamá por las noches entra a su cuarto para ver como está, para darle las buenas noches. Siempre la encuentra sentada pintando o escribiendo, tan absorta está en su arte, que poca atención le pone a su madre, quién solo la saluda y le desea dulces sueños, cerrando la puerta con esa angustia que nace de nuevo; angustia por ver a su niña tan sola, tan metida en su propio mundo.
 
La hija en su cuarto solo voltea a ver como su mama cierra la puerta y de nuevo continúa con sus letras. Mientras a su lado esperan pacientes un policía corrupto, un asesino maniaco, una abuela sonriente sin dientes, una bella enfermera con los senos mutilados, un ser de dos cabezas, un hermoso niño sin un brazo, un hombre lobo con una estaca clavada en un hombro, un vampiro chorreando sangre, un ogro con un mazo en la mano, un payaso con el maquillaje ensangrentado, una enfermera limándose las uñas mientras tiene entre sus piernas una cabeza cercenada…
 
Todos sentados alrededor de ella, pacientes, callados. Todos atentos a su menor movimiento, esperando a que ella les de vida en algunos de sus cuentos, esperando a ser elegidos para aparecer en alguno de sus cuadros.
 
Son seres que viven acompañándola siempre, hablando con ella solo cuando ella se los permite. Porque la mayoría de las veces… Ella esta fastidiada de vivir rodeada de tanta gente.
 
 
 
 
 

lunes, 24 de marzo de 2014

En el reino animal...

Por la calle se aprecia un dulce cantar, es el de un jilguero del que es imposible no detenerse un momento para poderlo escuchar, sus diferentes cantos se adaptan al estado de animo de todo aquel que lo oye cantar, como si fueran odas dedicadas al sentir de cada uno de los que por ahí puedan pasar.

El ave fue traída por encargo desde muy lejos, ahora vive en las montañas, en un pequeño pueblo en donde todos los pobladores se dan un momento en el día para poder pasar por la casa donde nace ese cantar, la tienen en una elegante jaula colgada afuera de una gran ventana, en una casa que da a las montañas.

Lo que nadie sabe es que el pájaro dedica todas sus notas, todos son cantos de reproche, al viento porque le envidia su capacidad de libremente viajar, a las nubes les reclama el verlas libres flotar, al sol por ir y venir cada día sin que nadie se lo impida, a las aves que ve pasar les canta su disgusto de verlas libremente volar...

Uno de tantos días en que estaban limpiando su jaula vio una oportunidad y la aprovecho, dejaron mal cerrada la puerta de su jaula y partió hacia la libertad, hacia esa libertad a la que tanto le cantaba, a la que tanto celaba a todos aquellos que por fuera de su jaula pasaban...

Voló, voló y voló, sintiendo como el aire se colaba entre sus plumas, abriendo su pico para beber toda esa sensación que le llegaba de golpe, estiro sus alas como nunca lo había hecho, planeo como su instinto se lo indicó, gozo, cantó y voló hasta que se cansó, se posó en lo alto de un árbol y trinó como nunca lo había hecho, porque ahora no era de reclamo, su canto ahora era de triunfo, más claro, con más sentimiento, sin barrotes que obstruyeran sus sentidos, ahora era un ave en libertad cantándole al viento...

Vio partir al sol y conoció por primera vez a la luna, jamás la había visto por qué su jaula la tapaban cuando se metía el sol.

Se quedó maravillado de la elegancia del manto de su suave luz con que todo lo cubría, de las estrellas que brillaban como un cortejo de bellas damas acompañando a su reina.

Con la luna llego el frio, la temperatura empezó a bajar rápidamente, el viento amable se convirtió en un viento helado que en todos lados se colaba, el jilguero emocionado no dejaba de disfrutar todas esas nuevas sensaciones que estaba conociendo, que estaba sintiendo, junto con la luna jamás había conocido el frio, su jaula era metida por las tardes a la cálida casa, con temperatura controlada, con una manta cubriendo por completo su pajarera, era la primera vez que sentía en sus huesos lo que era la naturaleza...

Ahora estaba en lo alto de un árbol, en una rama expuesto a todo a lo que siempre le cantara, a lo que siempre envidiara, a lo que siempre añoraba, a esa libertad que nunca había conocido, a esa libertad con la que siempre soñó, con la que siempre pensó que era lo mejor para él…

Estaba solo, esponjando sus plumas buscando algo de calor, el viento cada vez soplaba más fuerte, cada vez más helado, no se veía nada en las ramas de ese árbol, solo un pájaro que se aferraba con sus pequeñas garras al tronco, garras que no fueron hechas para eso, garras que nunca fueron preparadas para eso... Las horas pasaron, la temperatura bajo más hasta que el nuevo día empezó a nacer, los primeros rayos del sol cortaba en tajos el frio viento que aún quedaba, poco a poco la temperatura subió, las aves acostumbradas al frio salieron de sus nidos, empezaron a escucharse los canticos de las diferentes aves, el sol salió por completo saludando a todos los que se encontraban despiertos, buscando escuchar ese canto que lo siempre lo saludaba por las mañanas y que por primera vez no escucho…

Del jilguero ya no se supo nada, ya no se escuchó de nuevo, los aldeanos extrañaron su canto, su dueña estaba inconsolable, era su única compañía, esa ave era quien le daba calor a su vida. Muchos la consolaban diciéndole que tal vez seguía cantándole a su nueva libertad, pero en el fondo todos sabían que era una ave que estaba hecha para cantar, para ser cuidada, para ser honrada, para ser admirada, no estaba preparada para ser liberada.

El jilguero siempre deseo el volar de las aves que fueron hechas para cazar, envidio al viento que fue hecho para vagar sin un hogar permanente, celó al sol que fue creado para vivir errante en el espacio viendo flotar a su lado los mundos que se crearon muy a su pesar.

Era un ave que ya tenía su propia libertad en un entorno ganado por su virtud de cantar, tenía su propio nicho para ser admirada, alimentada y cuidada solo por la esperanza de poderla escuchar, sin exigirle nada más, sin obligarle a nada más...

Cuando tuvo la oportunidad voló hacia nuevos horizontes sin nunca mirar atrás, perdida en un instinto de libertad que no le iba a permitir el regresar. Era solo un bello animal que no tenía forma de recapacitar, de pensar, de analizar que cuando se tiene todo, no se debe buscar una felicidad en base de lo que tienen los demás, de entender que no es necesario el vivir envidiando lo que tienen los demás, de aprender a vivir con lo que se tiene, sin buscar siempre tener algo más. Vivió una vida inconforme, irracional, algo que solo pasa... En el reino animal.



#Relato, #Cuento, #Jilguero


sábado, 15 de marzo de 2014

La única salida...

Caminando por una espesa neblina, tan cerrada que no veo la salida de esta ruta que llevo por la vida, tanteando los espacios para intentar encontrar algo con que aferrarme, no encuentro nada, solo aire denso que se cuela entre mis dedos, volteando de un lado a otro buscando el faro que pueda guiar mi caminar...
 
No hay nada, un paso tras otro, sin tener la certeza a donde voy, con las rodillas sangrantes de tanto tropezar, no hay forma de evitarlo, solo la caída me anuncia que había atravesado algo en el camino, son solo piedras, muchas de ellas iguales, piedras que no puedo evitar y que tanto daño me han hecho en mi andar.
 
Llamo en un grito desesperado a los que caminaban a mi lado, nadie contesta, solo el ruido ensordecedor del silencio profundo, provocando ecos de mi respiración agitada, no hay nada que me confirme que no estoy solo, los pasos siguen, buscando la única salida anunciada.
 
De nuevo llamo al vacío buscando una respuesta, solo el mismo silencio me contesta, no hay manos amigas que me guíen, no hay una vereda distinguible, no hay una luz amigable, no veo algo que me indique que en algún lado alguien me espera, voy con pasos ya cansados de caminar sin llegar a ningún lado.
 
Ahora se escuchan ecos de pasos, me detengo para escucharlos mejor pero el ruido cesa, inicio de nuevo, de nuevo los ecos, me detengo solo para confirmar que son los provocados por mis propio pasos, ecos que me confirman que ahora no únicamente estoy solo, ahora ya no hay nada a mi lado, como si fuera un gran cuarto completamente vacío, mis manos flotan de nuevo en esa neblina espesa, buscando de nuevo algo con que sujetarme, con que guiarme, ya no busco algo que me hable, por lo menos algo que me sostenga pero el intento es vano, nada ni nadie sostiene mi mano...
 
De pronto mi pie siente algo, es una cuerda firme y maciza tirada en el piso, me agacho y la tomo en mis manos, de inmediato me doy cuenta que es una guía hacia la salida, la sostengo con fuerza con ambas manos, llorando como un niño, desconsolado, con sacudidas de angustia en todo mi cuerpo, con gritos desgarradores por todo el dolor que llevo dentro, por esa gran emoción de encontrar algo que me de consuelo...
 
La densa neblina sigue, continuo sin ver nada, solo mis pies tocan el suelo firme, de nuevo mi mano libre hace un vano esfuerzo por intentar tocar algo, sentir algo, sostenerse de algo mientras la otra mano sigue sujeta a ese único medio de salida, grito pero nadie contesta, solo el silencio acompaña mi presencia.
 
De nuevo inicio mi andar, pero ahora guiado por esa cuerda, caminando mientras jalo de ella, poco a poco siento como se va elevando, ya no está solo tirada en el piso, ahora se levanta como si estuviera colgando de alguna parte, ahora con pasos más ligeros voy cuando tropiezo con algo, caigo al suelo golpeándome la cara, no había forma de evitarlo, nunca vi que tuviera algo de frente.
 
Me levanto y toco con lo que me he caído, es una silla alta como de una cantina que estaba tirada en el suelo, la levanto y por primera vez en mucho tiempo puedo descansar un poco, en esa silla me siento.
 
La cuerda ahora ya está prácticamente colgando de forma vertical, tomo la silla y me acerco hasta sentir que estoy debajo de donde está colgando, jalo de ella, está bien sujeta, no sé si sea un árbol o una viga de donde este amarrada, pero si se siente que es algo muy firme, grito por si hay alguien allá arriba, nadie me contesta, la profunda neblina todo me rodea, no tengo forma de ver hacia donde sube esa cuerda.
 
Pongo la silla a un lado, me subo sosteniéndome de la soga, parado por encima sigo sin alcanzar a donde este amarrada, estiro lo más que puedo mi brazo pero no llega a nada, grito de nuevo pero nadie me contesta, no hay nada a mi lado, no hay nadie conmigo, solo esa cuerda ahora me sostiene, sé que es el único medio para trepar hacia la única salida...
 
Doy un último grito esperando una respuesta pero nuevamente nadie me contesta, no hay nadie que me diga si esa es efectivamente la única salida, no tengo opción, estoy solo hundido en esa profunda neblina, tomo la cuerda, la enrollo en mi cuello, doy una patada a la silla… Y parto hacia esa única salida.