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sábado, 24 de mayo de 2014

El Vidente…

Todos lo buscaban, tenía un poder especial del que nadie comprendía pero que a todos sorprendía, lo conocían como El Vidente; tenía la capacidad de adivinar lo que iba a suceder, sus visiones le llegaban en sueños, donde predecía el futuro de quien se acercaba a consultarlo.
 
Tenía 34 años, a los 11 años se dio cuenta de su capacidad de tener sueños que se hacían realidad. El primero fue con su padre, a quien solo veía un par de veces al año, un día soñó en cómo venía a visitarlo, pero no con un fin amistoso, sólo le quería hacer una prueba de sangre para comprobarle al mundo que él no era su padre. Este sueño para un joven de su edad fue devastador, un golpe muy fuerte para su tierno corazón; si bien no tenía contacto directo con él, siempre tenía la ilusión de algún día estar junto a él, como cualquier niño de su edad. Esa vez despertó llorando y se lo contó a su madre, quien sólo lo abrazo y le dijo que no se preocupara, que sólo era una pesadilla, que no era más que un mal sueño.
 
Ese día pasó normal, como cualquier otro, fue a la escuela, regresó, jugó con sus medios hermanos, frutos del segundo matrimonio de su mamá. Cuando ya había olvidado lo soñado, recibió una llamada, era su padre, que preguntaba si iba a estar en la casa porque quería visitarlo, el niño sintió como si recibiera un baño de agua helada, serenamente le dijo que ahí iba a estar y que lo esperaba. 
 
El padre llegó una hora después, la mamá no estaba, él llegó acompañado de una persona que presentó como a un amigo. Lo saludó, lo abrazó, platicó un poco con él de todo y de nada y después le pidió que le dejara que le tomaran una muestra de sangre - Es sólo para ver si no tienes problema de salud - le había dicho el papá. El niño lloró profundamente por dentro sin soltar una sola lágrima, dejó que le levantaran la manga de la playera que portaba, dejó que le sacaran un poco de sangre, dejó que su padre lo abrazara de nuevo; agradeciéndole que le permitiera hacer eso y sin decir nada más se retiraron del lugar.
 
Ese día sufrió lo peor que le puede pasar a niño de su edad, confirmar el rechazo de un padre, un golpe del que nunca se pudo recuperar. 
 
A partir de ese día, los sueños siguieron, eran cada vez más reales, sólo bastaba que escuchara el problema de alguien para soñar algo referente al tema. De inicio no comprendía lo que sucedía, fue cuando empezó a platicarle a la mamá de los extraños sueños, que ella se dio cuenta del don de su hijo. 
 
Una vez, estando en la escuela, tuvo un problema con su maestra. Lo regañó por estar distraído en clases, la maestra tenía problemas con su pareja, por lo que su frustración se reflejó en el niño, quien esa noche soñó cómo la maestra tenía un viaje y en el trayecto sufría un accidente; vio en detalle como el vehículo en el que viajaba chocaba de frente con un autobús de pasajeros, vio cómo quedaba prensada, luchando por salir y como, a los pocos minutos, se empezaba a incendiar su vehículo, con ella adentro, atrapada, prensada. La veía cómo intentaba escapar, pero era inútil, sus piernas estaban atrapadas entre los hierros retorcidos, gritaba para que le ayudaran, pero los pasajeros que alcanzaron a bajar del autobús estaban muy golpeados para reaccionar. La maestra gritaba al sentir cómo sus pantalones se empezaron a quemar, fundiéndose la tela a la piel, ampollada por el fuego que la consumía. Ella gritaba histérica pero de nada servía, nadie se acercaba a ayudarla, los que se bajaron del autobús, sin moverse, sólo veían cómo el fuego, poco a poco, la consumía... 
 
El niño despertó gritando, llamando a su madre, quien acudió a su cuarto espantada, su hijo le contó lo que había visto, lo que había soñado y la mamá angustiada intentaba calmarlo - Es sólo un sueño, no todo lo que sueñas tiene que hacerse realidad - le decía mientras lo abrazaba, sin estar ella misma convencida de eso. En el fondo, sabía que sus sueños eran premoniciones de cosas que realmente sucederían. 
 
Ya no pudieron dormir, el niño se la pasó llorando asustado abrazando a su madre, ella también asustada por el alcance que estaban teniendo estas visiones de su hijo. 
 
Amaneció, se arreglaron para ir a la escuela y el niño le rogó a su madre que lo acompañara, quería que ella le advirtiera a su maestra de lo que le iba a pasar, pero ella se negó. Sabía que no le iban a creer y que probablemente se iban a burlar de él. 
 
El niño llegó a la escuela, entró al salón y en la primera oportunidad se acercó a la maestra, con lágrimas que le brotaron desde el fondo de su alma le dijo - Maestra, no haga ese viaje, va a tener un accidente, no vaya, por favor no vaya... -  Se lo imploraba sin poder detener las lágrimas. La maestra se quedó helada, a nadie le había dicho de ese viaje, tenía planeado visitar a su novio, de quien ya no sabía nada, él no contestaba sus llamadas, no le contestaba sus correos, sus amigas le habían dicho que ya había conocido a alguien más, que mejor se olvidara de él, pero ella no lo podía creer, tenía que verlo con sus propios ojos.
 
A nadie le había contado que pensaba ir ese fin de semana, cuando el niño le dijo eso, no supo que decir.  - No sé de qué me estás hablando, ¿De cuál viaje? ¿Quién te dijo que pensaba viajar? - Le contestó un poco alterada la maestra. - Nadie me lo ha dicho, yo lo vi en mis sueños, vi cómo viajaba en su automóvil y cómo tenía un accidente con un autobús por ir llorando, por favor no vaya, no viaje, le juro que siempre voy a estar atento a todas sus clases - Le contestó el niño llorando profundamente. 
 
La maestra no supo qué decir, no sabía qué estaba pasando, no sabía si era una broma pesada de alguna de sus colegas, que estaba usando a ese niño para quitarle la idea querer buscar a su novio. Al ver cómo no dejaba de llorar el pequeño, le dijo - Ya, calma, si no tengo pensado viajar, fue sólo un mal sueño, una pesadilla, no te preocupes más, te prometo que no voy a viajar... - El niño, al escucharla, se sintió más tranquilo, secó sus lágrimas y con una gran sonrisa salió al patio a jugar. 
 
El día transcurrió normal, salieron de clases, la mamá y su esposo se llevaron a los niños a acampar de fin de semana, jugaron mucho, rieron mucho, la pesadilla que había tenido ya la había olvidado. 
 
El lunes muy temprano llegó a la escuela, cuando llegó vio a varias maestras con las caras muy serias, como iban llegando los niños los estaban regresando, comentándoles que no había clases, que se regresaran a sus casas. A los niños que iban solos les llamaban a los padres para informarles que se habían suspendido las clases, porque su maestra había tenido un fatal accidente. La mamá, cuando escuchó esto, sintió un hueco en su corazón, no sabía cómo explicárselo al niño, pero no hizo falta, el niño la volteó a ver y sólo le dijo - No te preocupes mamá, sé que la maestra no me creyó y que hizo ese viaje- Y sin decir más se volteó para las caricaturas que estaba viendo. 
 
A partir de ese día las cosas cambiaron, la maestra le había platicado a sus colegas lo que había pasado, de cómo el niño la había intentado asustar, diciéndole que iba a tener un accidente, ella lo hizo, para intentar descubrir cuál de sus compañeras le había dicho que hiciera eso al niño. Después del accidente lo veían como si fuera un ave de mal agüero, alguien que traía mala suerte, no como un joven vidente que podía predecir el futuro, sino como un ser maldecido que traía sólo una pésima suerte. 
 
El rumor se corrió; se decía que había un niño que veía el futuro, se acercaron muchos buscando mejorar su suerte, le preguntaban sobre números de lotería, de cosas del trabajo, de infidelidades, muchos temas que no podía digerir un niño de su edad, pero que hicieron que madurara con una velocidad asombrosa. 
 
Muy pronto aprendió que podía ganar dinero con sus sueños, primero aceptaba lo que le dieran, cuando comprendió que le iban a dar lo que él pidiera, las cosas de nuevo cambiaron. A los 18 años ya contaba con un capital que le administraba su madre, se habían cambiado de casa, ahora ya era una propia; nunca se separó de su madre y su padrastro se convirtió en el padre que realmente nunca tuvo, aceptaron su don y supieron vivir con él, nunca hicieron nada para buscar aprovecharse de él. 
 
A los 34 años ya era famoso en casi todo el país, había gente que viajaba y esperaba horas para poder verlo. Ayudaba a la gente a tomar decisiones de sus negocios, de sus parejas, nunca pudo predecir nada que fuera de juegos de azar, loterías, apuestas, no podía verlo, o por lo menos nunca aceptó que lo podía ver. 
 
No tardó para que un hombre muy poderoso de las Vegas supiera de él, de inmediato pensó en todo lo que podría ganar, de lo que podia conseguir con alguien que pudiera adivinar cómo terminarían las carreras de caballos, las peleas, todo aquello que no tenía arreglado, todo aquello que no podía controlar en su negocio de apuestas de esa gran ciudad. 
 
Ordenó que le consiguieran toda la información; de quién era, dónde vivía, quiénes formaban su familia. Estaba decidido a conseguir que El Vidente trabajara para él, que hiciera de su negocio de apuestas una empresa internacional, controlando todos los eventos en los que se pudiera apostar. 
 
Su orden fue cumplida, El Vidente fue bien localizado, cada miembro de su familia fue identificado, las horas en que se movía, los lugares que frecuentaba, las horas en que atendía, todo sus movimientos fueron cuidadosamente vigilados, sin que él se diera cuenta, sin que notara que era vigilado. Sabían que si él veía a uno de ellos, bastaba para que todos los malignos planes se reflejaran en sus sueños. 
 
Cuando tuvieron toda la información completa, bien confirmada, el empresario mandó a su hijo para que se entrevistara con El Vidente, el enviado llevaba un expediente con cientos de fotografías; cada una detallando cada parte de su vida actual. Fotos de la casa donde vivía, de su consultorio, de su madre, de su novia, de amigos queridos, un tétrico collage de la vida de un protagonista que pensaba que era perfecta. 
 
Llegó al domicilio del consultorio donde atendía El Vidente, el visitante estaba consciente de que no podía estar mucho tiempo ahí, no podía darle el tiempo suficiente a El Vidente para que lo escaneara, ésta era una visita práctica y rápida de negocio, donde le iba a presentar la propuesta y no había lugar para ninguna negociación. Era simplemente presentarle a El Vidente, quién era su nuevo jefe. 
 
Se presentó, le comentó rápidamente quién era el, a quién representaba, le mostró el expediente que llevaba, todo de una forma casi mecánica. Le explicó que necesitaban de su don para conocer el resultado de los eventos deportivos, de olimpiadas, de copas mundiales. Le ofreció un porcentaje de las ganancias y lo más importante, el poder continuar con la compañía en vida de su amada y de su mamá. 
 
El Vidente no mostró ningún signo de alteración en su rostro, tenía la mirada fija en su visitante, nadie podría adivinar sus pensamientos, nadie podría adivinar qué tanto le había dolido el sentir en peligro a la gente que amaba. Sin decir nada despidió a su visita, quien sólo se levantó de su silla y puso una tarjeta de presentación en su escritorio, sólo agregó antes de irse - Necesitamos su confirmación, no venimos por una negación ni a negociar nada, necesitamos que empiece la próxima semana, no lo haga por usted, hágalo por la vida de los que más ama... -  Y el hijo del empresario se retiró del lugar. El Vidente se quedó por largo tiempo sentado, desde que su padre le había fallado cuando era niño, nunca había sentido de nuevo ningún grado de angustia, ahora sentía como todos esos años de felicidad se venían abajo, se derrumbaban, se evaporaban, como una neblina que ocultaba un mundo del que no conocía, del que nuca había formado parte, del que tanto se había cuidado para no mezclarse. 
 
Esa noche llegó a su casa donde lo esperaba su novia; era una hermosa mujer que había quedado impactada con él desde que lo conoció, cuando acompañó a su padre para consultarlo por su negocio, desde ese momento mantuvieron el contacto. Ahora ya tenían un par de meses que vivían juntos, la abrazó y al sentir el cuerpo de ella pegado al suyo sintió unas ganas inmensas de llorar, cómo si fuera un niño otra vez, como si hubiera soñado con el accidente de su maestra otra vez. 
 
Su novia sintió ese abrazo distinto a los demás, le preguntó si todo estaba bien y él solo le contestó que sí, El Vidente guardó su compostura y continuó como sin nada pasara. Cenaron, platicaron de cómo les había ido en el día, vieron un rato la televisión abrazados, ahora él más que nunca necesitaba sentirla junto a él. Intentó lo más que pudo el evitar irse a dormir, temía de lo que pudiera soñar, para evitar soñar le hizo el amor a su amada con mucha pasión, dedicándole minutos completos a cada parte de su cuerpo, intentando alargar lo más que pudiera esa pasión. Pero tanto amor tuvo su clímax y cayeron agotados, uno al lado del otro y sin poder evitarlo, terminó profundamente dormido. 
 
De repente se vio en su consultorio, atendiendo gente, cuando recibió una llamada, era de su madre. Le informaba que su casa se estaba quemando, colgó y dejando a sus pacientes sentados corrió a su hogar, llegando vio las llamas cómo salían de las ventanas, vio a su madre con su ropa ennegrecida gritándole a los bomberos que acaban de llegar, gritándoles que su nuera estaba adentro, que entraran a rescatarla. Cuando escuchó esto sólo pudo emitir un grito de dolor, sin pensarlo, corrió a la puerta de su casa, los bomberos intentaron detenerlo, pero no hay reacción más inmediata, que la de un hombre cuando ve en peligro a su amada. Pateó la puerta que de inmediato se abrió, vencida por el calor, entró como pudo. El interior estaba lleno de humo, había flamas por todos lados, intentó avanzar, pero el humo no le permitía respirar, ver, sólo caminaba guiado por la memoria de tanto tiempo de recorrer el mismo camino. Sentía cómo su ropa se empezaba a incendiar, pero no le importaba, sólo gritaba el nombre de su novia, hasta que sintió cómo lo jalaban por la espalda, eran dos bomberos que por la fuerza lo sacaban. En cuanto quedaron fuera, se escuchó una explosión y todo se vino abajo... 
 
Cuando vio caer la casa, él también se derrumbó, quedando de rodillas, con las manos sujetándose la cabeza, gritando profundamente y con tanto dolor, que no emitía sonido alguno; volvió a tomar aire para gritar de nuevo, pero ahora con un grito espeluznante, con la mirada perdida en el cielo, gritando por todo lo que perdía, por ese mundo perdido que siempre pensó que era perfecto. 
 
Su novia lo despertó, el grito fue más allá del sueño, un grito que pudieron escuchar algunos de sus vecinos, quienes prendieron sus luces para ver qué había pasado, ella lo abrazó, él, al verla, la abrazó llorando, tan profundamente que se agitaba con cada lamento, lloraba de emoción por verla viva, de miedo por verla amenazada, de dolor por saberla muerta. 
 
Al día siguiente le llamó al hijo del empresario, le dijo que estaba de acuerdo, que podían verse para ver los detalles, El Vidente sólo les pidió que fuera en un lugar donde nadie los pudiera ver. No podía correr el riesgo de que alguien lo relacionara con gente que se dedicara a las apuestas, tenía un prestigio que cuidar y él estaba siendo obligado a llevar a cabo esa nueva actividad.
 
No podían verse en la ciudad donde él vivía pero tampoco en donde vivían el empresario y su hijo, debía ser en un lugar donde fueran pocos los testigos, donde las probabilidades de que los reconocieran fueran remotas. 
 
El Vidente propuso que se vieran en un viaje en tren, había una sección de compartimientos de primera clase, privados, donde podrían hablar para ponerse de acuerdo, así eran mínimas las probabilidades de que los vieran juntos y que pudieran vincularlo con las actividades del magnate de las apuestas. 
 
El empresario y su hijo estuvieron de acuerdo, en la ruta del tren, uno iba a subir en una ciudad y los otros en otra. Para que no hubiera error y cuidando todos los detalles, El Vidente se encargó de ver lo de los boletos, le envió los suyos al empresario y a su hijo y él compró el suyo. Tal como lo habían dicho, lo hicieron; subieron al tren en lugares distintos y cuando todos abordaron, se vieron en el compartimiento del empresario. Ahí llegó El Vidente y empezó la negociación, el plan era muy sencillo, él tenía que viajar a donde estuviera entrenando, practicando o preparándose cualquiera de los jugadores, equipos o peleadores a los que iban a apostar, para que pudiera soñar con lo que iba a pasar, con el marcador, con los puntos con que iba a ganar, etc. Toda la información que pudieran necesitar para ganar sus apuestas, El Vidente a todo accedió, tenía aun presente el sueño de cómo se había quemado su casa, sabía que estas gentes estaban decididas a todo, si enviaba a otra ciudad a su novia lo iban a hacer con su madre. Si ellos se cambiaban a otro país, sabía que era fácilmente localizable, por su pura fama, y El Vidente no tenía otra forma de ganarse la vida, simple y sencillamente él estaba en sus manos... 
 
El empresario le ofreció darle un porcentaje de las ganancias, un porcentaje tan bajo que era humillante el sólo escucharlo, una burla del empresario sólo para demostrar quién tenía el poder, El Vidente, bajando la mirada, lo aceptó. 
 
Después de ponerse de acuerdo en cómo les iba a hacer llegar la información, del porcentaje y en confirmarles que los iba a ayudar en todo, padre e hijo se pusieron a brindar. Abrieron una botella del mejor de los whiskies y se pusieron a tomar, como si El Vidente no existiera, como si sólo fuera un mueble más, del elegante compartimiento. Profundamente humillado, él se levantó y salió a su propio compartimiento, cerrando las puertas tras de sí, escuchando las carcajadas de esos dos que felices celebraban, el gran negocio que acababan de cerrar. 
 
El Vidente llegó a su compartimiento, preparó las pocas cosas que llevaba y esperó a la siguiente parada para dejar ese tren. El tren llegó a la estación, era una ciudad que estaba a solo un par de horas antes de llegar a Las Vegas, bajando le marcó a su madre y después a su novia. Sólo quería confirmar que ambas estaban bien, en eso estaba cuando el tren reinició su marcha, El Vidente vio cómo se alejaba desde el andén de llegada; se quedó viendo hasta que se perdió en la distancia. Se dio la vuelta para retirarse de la estación, cuando sonó de nuevo su celular; esta vez la llamada era de uno de sus clientes, una persona que estaba muy agradecida con él, por haberle salvado la vida, por haberlo prevenido de un accidente fatal, la persona le hablaba sólo para agradecerle de nuevo por haberlo prevenido, El Vidente lo escuchó paciente, estaba acostumbrado a esas muestras tan expresivas de agradecimiento.
 
Tenía solo unos días de que lo había prevenido de su viaje, por lo que aún su cliente estaba muy impresionado y emocionado por salvarle la vida. Él era ganadero, uno de los más ricos de la región, una semana antes lo había visitado para pedirle consejos sobre un nuevo negocio que iba a realizar, El Vidente lo vio y lo citó después para darle información, como siempre lo hacía, para poder darse el tiempo de soñar. 
 
Cuando lo vio de nuevo le previno para que no viajara, le comentó que iba a tener un accidente, que se olvidara de viajar. El afortunado cliente sentía cómo se le iba la sangre del cuerpo cuando El Vidente le explicaba en detalle de todo lo que iba a pasar, sin decir más se puso a llorar. Ese viaje significaba mucho para su negocio, porque era para verse con un nuevo cliente, pero le daba pavor viajar por avión, por lo que había hecho arreglos para viajar por tierra, pero después de lo que le dijo El Vidente reprogramó su viaje, ahora por avión... 
 
Ese día, El Vidente tomo los fatídicos boletos que dejó su cliente, eran unos boletos de tren, los metió en un sobre, escribió el nombre del destinatario y una dirección y los envió por correo.
 
Eran los mismos boletos que habían recibido y utilizado el empresario junto con su hijo, para subirse a ese tren. En ese viaje en donde habían obligado a El Vidente a trabajar para ellos, el mismo tren del que se  había bajado El Vidente hacía unos minutos en esa parada previa a un fatal accidente, donde un tren, por el defecto de una vía, se iba a descarrilar. Un percance tan mortal, que nadie iba a sobrevivir. Tan imprevisto, que muchos de sus pasajeros los iba a tomar desprevenidos. Tan instantáneo, que algunos no iban a tener el tiempo ni de dejar la copa… Con la que estuvieran celebrando.
 
 
 
 
 
 






lunes, 31 de marzo de 2014

Mundos paralelos...

El viejo Macho alfa de este grupo de simios ha dado todo por defender a su clan, tiene cicatrices de viejas batallas ganadas por defender a sus hembras, a sus crías, por cuidar su territorio, por cuidar su gran familia.
 
Feroces luchas contra predadores están firmadas en todo su cuerpo, ya está viejo, ya el tiempo y las heridas le han hecho mella, su andar es cansado pero nunca deja su puesto, siempre atento, siempre vigilante, siempre dispuesto a defenderlos a todos...
 
Por su territorio anda merodeando un joven macho, fuerte, está atento al valioso reinado del viejo macho, algunas de las hembras le han permitido acercarse, con algunas ha llegado a aparearse, el viejo líder cuando se da cuenta lo encara, una fiera pelea se inicia, pero ya es una pelea con muy poco argumento, la juventud se impone y el viejo jerarca es humillado, sin más es echado de su propio reinado, todas sus hembras a las que defendió, los hijos a los que cuido, su territorio que tanto defendió, todo lo pierde en solo un instante, su familia tranquilamente le da la espalda, a nadie le importa lo que él hizo por ellos, ahora ya es solo un viejo que ya no es necesario, solo ha dado unos pasos y ya es algo por todos olvidado...
 
Herido y humillado el viejo macho, cojeando, huye del lugar, va corriendo con una pata herida hasta que se cansa, hasta que su fuerza también queda vencida, sigue su andar pero ahora caminado despacio, sigue cojeando, tiene una profusa herida en su pata derecha, tiene otra mordida que le ha dejado la piel colgando en un costado, está mal herido, su instinto así se lo ha dicho.
 
Un recién jubilado camina por la calle, tiene sesenta y cinco años, era el presidente de una compañía refresquera a la que el comité de socios por estrategia comercial ha decidido jubilar, presto sus servicios por cuarenta años, creció con la empresa, lucho por ella, juntos sobrevivieron crisis, devaluaciones, la gran recesión, cuando todos daban a la compañía como terminada él siempre la saco de nuevo adelante, hoy se mereció un gran homenaje, otros jubilados fueron invitados para que dieran unas palabras recordando sus logros, los nuevos ejecutivos sonrientes le presentaban sus respetos, aun no dejaba el edificio cuando ya estaban desocupando la oficina que había ocupado por tantos años...
 
El viejo macho ya con un paso más lento, arrastrando la pata enferma, buscaba un refugio, un lugar donde poder protegerse, no había muchas opciones, los mejores arboles eran los que formaban su antiguo territorio. Encontró un frondoso árbol frutal, subió como pudo hasta lo más alto, hasta donde pudiera estar a salvo, hasta donde pudiera vigilar por nuevas amenazas, tomo algunos frutos y sentado por primera vez en años, comía solo, sin el gritar constante de los más pequeños, sin el gritar de las hembras, solo se escuchaba el ruido natural de esa selva...
 
El recién jubilado llego a su elegante departamento, estaba en una de las zonas más prestigiadas de la ciudad, tenía quince años que se había divorciado de su primer esposa con la que duro treinta años de casado, hasta que el poder cegó su razonamiento, hasta que su sed de crecimiento también le dio un valor a su vida personal, vio a su fiel y entregada esposa como un modelo que también tenía que renovar, vivía rodeado de trepadoras sociales que veían en ese interesante hombre un excelente partido, jóvenes bellas que vivían de lo que sus encantos podían conseguir, bellas joyas disponibles para todo aquel que las pudiera comprar, se divorció y se casó con una hermosa edecán que era treinta años más joven, el tenía en ese entonces cincuenta y cinco años, su joven esposa solo veinticinco, ambos en la plenitud de grandeza, ella en su belleza, el en su riqueza...
 
El viejo macho vio el día morir, ya se oscurecía, los ruidos empezaron a cambiar, los animales corrieron a resguardarse, los depredadores de la noche salían a cazar, animales de vida nocturna que saludaban a su nuevo día, comió de nuevo, busco un buen lugar en ese alto árbol y se dispuso a dormir, era la primera noche con la que solo se acompañaba con la luna, una luna que muda lo veía con suma tristeza, era todo un soberano dejado de lado, sin más compañía que sus nuevas heridas...
 
El recién jubilado entro a su departamento, no se molestó en hablar a su esposa, sabía que no se encontraba, desde que ella se había enterado que estaban por jubilarlo se había vuelto muy fría, conservaba mucha de su belleza, cuidada en extremo en una vida en la que no hacía nada, solo cuidarse, solo mantener esa belleza que era su eterna apuesta, lo recibió el personal de limpieza quienes lo ayudaron con su portafolio y su abrigo, fue al bar y se preparó una copa y con un andar cansado se sentó en su elegante sillón, viendo el enorme ventanal que le dejaba ver la gran ciudad, guardaron su portafolio y el abrigo y le entregaron unos papeles, por su experiencia sabían que eran legales, los abrió para ver una demanda de divorcio, su amada esposa le exigía separase por diferencias irreconciliables. Hizo una mueca que quiso ser una sonrisa irónica y le dio un trago a su copa, el silencio reinaba en todo ese espacio, solo estaba prendida una luz del pasillo por lo que estaba prácticamente a oscuras, solo con la luz de la luna iluminando su copa.
 
El nuevo día tomo su lugar, el viejo macho se enderezo para ver la grandeza del bosque a sus pies, el ruido del despertar de las diferentes especies reinaban el lugar, comió un poco y salió a investigar la zona, apenas había avanzado por unas ramas cuando se encontró con una colonia de monos, una con la que en su momento fueron rivales, una familia con la que peleo su territorio, era liderada por otro experimentado macho al que en su momento había vencido, era un poco más joven que él y aún conservaba su puesto en la familia, no estaba herido y aún estaba en su plenitud, al verlo de inmediato se le arrojo encima, con un alarido de guerra, lo ataco violentamente persiguiéndolo por todos los arboles hasta que perdió el equilibrio y cayó a tierra...
 
El recién jubilado en cuanto se despertó llamo a su abogado, tenía una cita con su mujer para ver los detalles del divorcio, se pusieron de acuerdo y acudieron a la cita. Llegaron a tiempo, pasaron a una elegante sala de juntas donde los esperaba su aún esposa con un regimiento de abogados, las demandas eran muy simples, ella quería todo, nunca firmaron un convenio antes de casarse por lo que ahora era una indefensa presa, con los abogados de su esposa cegados por la ambición de la jugosa comisión que se llevaban de todo eso, el debate entre abogados se convirtió en una fiera pelea donde se despedazaban lo poco de dignidad que aun a él le quedaba.
 
El viejo macho como pudo se levantó, la caída le había fracturado una de sus patas, arrastrándose se retiró del lugar, el dolor lo obligaba a moverse despacio, le era imposible poder subirse a otro árbol, estaba a merced de los predadores que a esa hora ya andaban en busca de alguna presa con que alimentarse, busco refugio en unos troncos de un árbol tirado, encontró lo que parecía una madriguera abandonada y ahí se metió...
 
El recién jubilado salió con su abogado de la junta, estaba claro que no iban a descansar hasta quitarle todo lo que le quedaba, lo que en años de triunfos había logrado, aún estaba impactado de la agresividad de los abogados de su aun bella esposa cuando recibió una llamada... Era de la empresa donde había trabajado, tenían una filial que habían abierto para movimientos fiscales, una empresa fantasma que le sirvió para desviar impuestos, una vieja estrategia usada por muchos, un pecado común en el mundo de los negocios, un arma común usada cuando querían desviar la atención por nuevos cambios, una forma de demostrarles a los socios lo recta que era la nueva administración, ahora esta arma la estaban usando contra él, lo estaban demandando por desvío de dinero, por un desfalco del que en su momento todos estuvieron de acuerdo, un movimiento que les genero a todos millones, una artimaña de la que solo el aparecía involucrado, una estrategia que usaban para tapar otros pecados, estaban simplemente usándolo como una cortina de humo, no era nada personal, era solo cuestión de negocios, él lo sabía, el mismo había hecho lo mismo con la administración que el suplió, también en su momento le toco sacrificar a alguien, ahora él era el cordero que ponían en el matadero, era la ofrenda que presentaban para calmar la ira de los dioses, era la forma acostumbrada de hacer nuevos negocios...
 
El viejo macho despertó por el dolor del sueño que lo venció por el cansancio, la pata rota la tenía colgando, se la toco y emitió un gruñido de dolor, estaba todo herido por las mordidas y la caída, el hambre lo obligo a salir para buscar algo de comer, se arrastró entre los arboles buscando frutos caídos, insectos, lo que fuera que pudiera comer pero no encontró nada, había muchos animales buscando lo mismo con la diferencia de que se podían mover libremente, un rugido lo hizo quedarse quieto, sin moverse, sin respirar, poco a poco se empezó a mover pero de nuevo lo escucho, pero estaba vez más cercano, algo a su espalda se estaba moviendo...
 
El recién jubilado comento con su abogado de la nueva demanda que le estaban poniendo, al abogado le basto un par de llamadas para conocer todos los detalles, el panorama estaba muy negro, el abogado fue muy franco y le explico que no veía como podían rescatarlo, lo primero que intentarían era declararlo en bancarrota, pero sabían que las cuentas del banco ya estaban intervenidas, las propiedades ya estaban identificadas, no había nada pada poder rescatarse, el mismo abogado ya sentía que debía separarse, ese cliente ya no iba a tener ni con que pagarle, por sus años de litigio sabía perfectamente que lo tenía todo perdido...
 
El viejo macho se agacho y anduvo muy despacio hasta quedar al pie de un gran árbol, como pudo intento trepar, cuando quedo todo callado supo que lo habían localizado, no se escuchaban ruidos de otros animales, el alboroto que había hace unos minutos se había callado, señal de que un cazador estaba acechando, se quedó quieto a un lado del árbol, de repente dio un salto con la pata sana para empezar a trepar, subió un metro cuando sintió como una mandíbula se clavaba en su pata sana, grito tratando de zafarse, pero unas afiladas garras ya estaban rasgando su piel, el peso fue mucho, no pudo resistir, con un fuerte grito cayo, quiso voltearse cuando unas fuertes quijadas le trituraron el cráneo...
 
El recién jubilado escucho impasible las explicaciones de su abogado, se despidió con la recomendación de buscar otro despacho, alguien que tuviera más experiencia en la nueva demanda, alguien que estuviera de acuerdo en acompañar a ese moribundo, alguien que hiciera algo más que solo buscar el lucrar con los casos que tuvieran en mano, él sabía que nadie de prestigio iba a aceptar su caso, era un divorcio y una demanda millonaria por desvío de dinero, sabía de antemano que lo tenía todo perdido. Llego a su automóvil donde lo esperaba su chofer, pidió que lo llevaran a su departamento, sentía como esa angustia lo corroía por dentro, sentía como su cuerpo temblaba de la furia por la impotencia que estaba siendo orillado, empezó a golpearlo todo, el chofer asustado detuvo su marcha y le pregunto si se sentía bien, el no alcanzo a contestar, un dolor empezó a recorrer su hombro izquierdo, acalambrando todo el brazo, el dolor recorrió el hombro hasta su pecho, su chofer espantado lo saco del vehículo, no sabía que estaba pasando, el cayo pesadamente al suelo agarrándose el pecho, para cuando llegaron los paramédicos ya estaba muerto...
 
El viejo macho reflejado en el espejo de los mundos paralelos ve como es velado con cientos de llorosos dolientes, muchos de ellos solo pendientes de salir en la fotografía... El nuevo jubilado reflejado en el mismo espejo de los mundos paralelos ve como es devorado y sus huesos dejados como ofrenda al reino de la naturaleza.... Ambos ven sus reflejos impasibles, hasta que ya no hay nada que ver, se voltean y cada uno, con nuevos bríos, toman un nuevo camino, uno que nace de esos mundos paralelos hacia un nuevo universo compartido, uno donde las diferentes especies hablan el mismo idioma, uno donde no existen animales salvajes o animales inteligentes, solo animales diferentes.
 
Un universo donde conviven seres tan variados, que entre todos son aceptados, donde la riqueza no nace del territorio que pelean, sino de la capacidad de respetar las diferencias que se tengan, un nuevo mundo Animal donde los seres no se manejan... Por puro instinto animal.





viernes, 28 de marzo de 2014

Más tiempo de vida…

Es una mañana muy temprano, a la orilla del lago junto al muelle se escucha un gran alboroto, está un hombre tirado, sumido esta entre paramédicos y rescatistas, esta todo mojado, con la camisa rasgada por los primero auxilios, yace sin vida mientras varios dedicados paramédicos le aplican RCP para intentar volverlo a la vida.
 
Es un indigente, viste unos pantalones raídos y muy sucios, esta descalzo, suponen que perdió su calzado durante el tiempo que estuvo bajo el agua.
 
Los testigos comentan entre ellos diferentes versiones de lo que ahí ha pasado, unos afirman que el rescatado se arrojó intencionalmente al agua, otros señalan que fue un accidente cuando estaba pescando, otros aseguran que le paso por andarse drogando, lo que haya pasado realmente no importa, para los rescatistas su trabajo es solo volverlo a la vida...
 
Arduo trabajo representa revivirlo, los curiosos extasiados luchan entre ellos para no perder detalle, nadie quiere perderse esa escena sacada de algún drama de la vida real. Todos atentos a como le ponen las inyecciones, como le dan las respiraciones, como se turnan para presionarle el pecho, todos absortos, todos nerviosos, todos sumidos en una curiosidad morbosa esperando confirmar que el rescatado, muerto quedaba.
 
Tras varios minutos se escuchó un tosido, se escuchó como una exclamación ahogada hacía eco en todos los presentes, el muerto regresaba a la vida, todos aplaudieron, los paramédicos entre ellos se felicitaron, lo pusieron en una camilla y partieron a un hospital público…
 
El tiempo de recuperación fue rápido, ese indigente tenia años de vivir en la calle por lo que un poco de descanso y los tres alimentos diarios hicieron que su sentido de supervivencia tan desarrollado reaccionara de inmediato, al tercer día ya estaba bien, lo revisaron, nunca pudieron aclarar que era lo que en realidad había pasado, no les interesaba mucho hacerlo, la urgencia era poder dejar disponible de nuevo su cama, tras revisarlo de nuevo lo dieron de alta.
 
Salió del hospital, limpio, recién bañado, con nueva ropa que le habían regalado, se vio sus uñas, por primera vez en años las veía limpias, cortas, tocaba su cara ya sin su larga barba que le habían rasurado, calzaba unos zapatos nuevos que también le habían regalado…
 
No recordaba muy bien lo que había pasado, tenía varios días perdido de borracho inhalando solventes que tenían nublada por completo su mente, solo recuerda haber despertado en ese hospital donde intentaban responder las mismas preguntas que se hacia él.
 
Ahora ya bañado, con ropa limpia, partió al lugar que le ha servido de hogar durante los últimos veinte años, empieza su andar hasta llegar a las orillas de la ciudad, se adentra en el bosque hasta una pequeña choza en un claro abierto entre la vegetación, dentro solo tiene un cartón que le sirve de cama y todo lo demás está lleno de basura, de comida echada a perder, después de estar esos días en ese hospital donde todo estaba pulcramente desinfectado, donde él fue todos esos días bañado, el olor a putrefacción lo desconcierta, por veinte años vivió así y solo bastaron tres días sobrio y limpio para sentir repugnancia de lo que ahí veía, de lo que ahí olía.
 
Ratas salían por los lados de su inclemente choza, a un costado, tapado por algunas tablas, se veía el alcohol etílico que usaba para beber, el Resistol y el thinner  que usaba para inhalar, un poco más atrás estaba el lugar abierto que usaba como baño, el olor mezclado de todo eso, por primera vez en años, le habían revuelto el estómago.
 
Estaba por cumplir los treinta y cinco años, empezó su vida de indigente cuando perdió a su padre, estando viuda su madre se fue a vivir con un amigo de su padre, el nuevo padrastro nunca lo acepto, él tenía un gran parecido con su padre por lo que cada vez que se embriagaba el padrastro lo corría de la casa.
 
Vagó de casa en casa pasando por todos sus parientes hasta que su propia rebeldía lo lanzo a la calle, desde entonces mendigaba, robaba, viviendo en la calle, viviendo de la calle, los inhalantes y el alcohol barato formaron parte de su dieta natural, en el hospital lo habían mantenido con tranquilizantes por lo que no había resentido los reclamos de tantos años de vicio, pero ahora ya empezaba a sentir esos temblores que le exigían un trago, que le pedían drogarse de nuevo…
 
Caminó de regreso a la ciudad, los sudores fríos ya recorrían su cuerpo, el hambre también ya le exigía su parte, cuando vivía perdido en los vapores del vicio no recordaba ni de alimentarse, ahora en esa cruda sobriedad todo era diferente, los colores del día eran más vivos, las necesidades más imperiosas, necesitaba alimentarse o nuevamente drogarse.
 
Llego a un parque después de caminar cerca de dos horas, se sentó en una vieja banca para descansar sus pies que no estaban acostumbrados a caminar sin sentido, el estómago era un eco constante de los ruidos de sus jugos gástricos exigiendo que digerir, un cuerpo al que nunca alimentaba ahora resultaba ser un coro inestable de ruidos estomacales que le exigían algo de comer, esa sobriedad estaba resultando la peor de sus crudas, la peor resaca de una vida tan entregada a una somnolencia perpetua, a divagar en una nube cerrada creada de los vapores producidos por los alcoholes que en su cuerpo terminaban de fermentar…
 
A lo lejos vio el hospital donde había estado, donde lo habían salvado, todos se habían portado muy bien con él, le habían regalado lo que ahora vestía, le dieron de comer tres veces al día, era como una pequeña isla que se asomaba en su mar de desesperación.
 
Llego a la entrada principal, entro pero no pudo pasar más allá del área de recepción, no supo decir el nombre de algún doctor o de alguna enfermera a la que le pudieran llamar, pregunto por la salida para el personal y hacia allá se dirigió, esperanzado en poder encontrarse de nuevo con alguna de esas almas caritativas con las que convivio esos días, llego a la puerta que estaba cerrada y con la entrada controlada, tomo asiento en la acera y ahí espero, paciente y esperanzadamente espero… Pero nadie que reconociera salió.
 
Pasaron tres horas, sin moverse se quedó atento a la puerta, muchos entraron, muchos salieron, vestían ropas de calle, nadie tenía puesta las batas o el uniforme de enfermeras, las mujeres con el cabello suelto, los hombres con ropas ligeras, no había forma de reconocerlos si se hubiera encontrado con alguien…
 
Ya la frustración inundaba su alma, los quejidos lastimeros de su estómago se confundían con el temblor de su cuerpo, necesitaba ya beber algo, inhalar algo, ya el comer había dejado de ser la prioridad principal, ahora necesitaba dejar atrás ese mundo virtual para llegar a su mundo real, un mundo difuminado en siluetas borrosas, formas confusas, con voces que perdían sentido por sus bajas revoluciones, donde los movimientos eran tan lentos que no había necesidad de preocuparse de nada mas, solo de divagar, solo de vagar por su mundo real.
 
Se levantó de donde estaba y dio la vuelta al hospital, paso por la salida de emergencia, ahí vio varios ambulancias, con paramédicos vestidos iguales que los que lo habían rescatado, sintió un aire de esperanza refrescando todo su cuerpo, paso a un lado de ellos, tratando de reconocer a sus héroes anónimos pero ninguno le pareció conocido, cuando lo vieron ahí de forma automática cerraron las puertas de las ambulancias y guardaban sus cosas, como temiendo que algo se pudiera robar, todos lo veían con miradas de desconfianza, todos callaban cuando pasaba a su lado. Ya la tarde empezaba a ceder su lugar a la noche, las largas sombras todo lo cubrían, a esa hora ya las mujeres le rehuían.
 
Un policía se acercó para preguntarle si necesitaba algo, si traía alguna identificación, él no tenía nada con que identificarse, tenía muchos años que había dejado de ser alguien, hizo como que iba a buscar su cartera y salió corriendo, el policía corrió tras el pero la agilidad felina de alguien que está acostumbrado a huir de la justicia se impuso fácilmente…
 
Ahora estaba de nuevo caminando, sin un lugar definido a donde ir, con el hambre carcomiéndole las entrañas, con el cuerpo reclamando su vicio, caminando en una vida sin ningún sentido.
 
El andar solo por andar lo llevo de nuevo al lago, ahora recordaba algo del evento pasado, recordaba que llego ahí caminando, con la diferencia que llegaba ahogado en su vicio, sin una razón especifica de seguir andando, perdido en esas vidas paralelas en las que vivía vagando, tan perdido que termino en el fondo del lago…
 
Recuerda haber despertado, estar rodeado de gente, ver rostros sonriendo felicitándose entre ellos, recuerda cuando lo subieron a la camilla y partieron en la ambulancia, el con una mascarilla de oxígeno fija en su rostro.
 
A un lado sentado iba un muy joven paramédico quien le dijo triunfante cuando él lo volteo a ver… ¡Te hemos salvado!, ¡Te hemos regalado más tiempo de vida!
 
Cuando llegaron al hospital todos fueron muy buenos, todos le explicaban las medicinas que le ponían, la comida que le daban, todos con el platicaban, todos fueron muy amables, todos eran tan agradables, todos muy atentos… Pero nadie nunca le dijo que podía hacer con ese tiempo adicional de vida que le habían dado.
 
Ahora estaba sentado, viendo el agua del lago, con esas pequeñas olas danzantes que reflejaban la luz de la luna, olas que como pequeñas manos se agitaban en el agua, como llamándolo, como incitándolo a entrar en el agua…
 
Se paró y empezó a caminar a la orilla del lago, escuchando una vez  y otra vez la voz del paramédico sin parar…
 
-¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida! ¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida! ¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida!
 
El agua helada mojo sus pies y detuvo su paso, con las manos metidas en las bolsas del pantalón veía hacia el centro del lago, las palabras seguían repitiéndose con ecos macabros en su cabeza.
 
-¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida! ¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida! ¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida!
 
Con un grito se tapó los oídos para intentar callar esa voz que se repetía una y otra vez…
 
-¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida! ¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida! ¡Te hemos salvado, te hemos regalado más tiempo de vida!
 
Con sus manos en sus orejas levanto su mirada al cielo y le grito desde lo más profundo de su ser, con un grito desgarrador producido por la lucidez que le dieron esos cuatro días de sobriedad...
 
¡Porque me has dado más tiempo de vida, si yo ya estaba salvado de esta miserable vida!
 
Al día siguiente encontraron un cuerpo flotando en el lago, estaba vestido completamente, quienes lo sacaron no pudieron evitar un escalofrío, ese hombre tenía su rostro tranquilo, apacible, como si estuviera durmiendo, con cierto miedo juraban… Que ese muerto estaba sonriendo.
 
 
 

lunes, 24 de marzo de 2014

En el reino animal...

Por la calle se aprecia un dulce cantar, es el de un jilguero del que es imposible no detenerse un momento para poderlo escuchar, sus diferentes cantos se adaptan al estado de animo de todo aquel que lo oye cantar, como si fueran odas dedicadas al sentir de cada uno de los que por ahí puedan pasar.

El ave fue traída por encargo desde muy lejos, ahora vive en las montañas, en un pequeño pueblo en donde todos los pobladores se dan un momento en el día para poder pasar por la casa donde nace ese cantar, la tienen en una elegante jaula colgada afuera de una gran ventana, en una casa que da a las montañas.

Lo que nadie sabe es que el pájaro dedica todas sus notas, todos son cantos de reproche, al viento porque le envidia su capacidad de libremente viajar, a las nubes les reclama el verlas libres flotar, al sol por ir y venir cada día sin que nadie se lo impida, a las aves que ve pasar les canta su disgusto de verlas libremente volar...

Uno de tantos días en que estaban limpiando su jaula vio una oportunidad y la aprovecho, dejaron mal cerrada la puerta de su jaula y partió hacia la libertad, hacia esa libertad a la que tanto le cantaba, a la que tanto celaba a todos aquellos que por fuera de su jaula pasaban...

Voló, voló y voló, sintiendo como el aire se colaba entre sus plumas, abriendo su pico para beber toda esa sensación que le llegaba de golpe, estiro sus alas como nunca lo había hecho, planeo como su instinto se lo indicó, gozo, cantó y voló hasta que se cansó, se posó en lo alto de un árbol y trinó como nunca lo había hecho, porque ahora no era de reclamo, su canto ahora era de triunfo, más claro, con más sentimiento, sin barrotes que obstruyeran sus sentidos, ahora era un ave en libertad cantándole al viento...

Vio partir al sol y conoció por primera vez a la luna, jamás la había visto por qué su jaula la tapaban cuando se metía el sol.

Se quedó maravillado de la elegancia del manto de su suave luz con que todo lo cubría, de las estrellas que brillaban como un cortejo de bellas damas acompañando a su reina.

Con la luna llego el frio, la temperatura empezó a bajar rápidamente, el viento amable se convirtió en un viento helado que en todos lados se colaba, el jilguero emocionado no dejaba de disfrutar todas esas nuevas sensaciones que estaba conociendo, que estaba sintiendo, junto con la luna jamás había conocido el frio, su jaula era metida por las tardes a la cálida casa, con temperatura controlada, con una manta cubriendo por completo su pajarera, era la primera vez que sentía en sus huesos lo que era la naturaleza...

Ahora estaba en lo alto de un árbol, en una rama expuesto a todo a lo que siempre le cantara, a lo que siempre envidiara, a lo que siempre añoraba, a esa libertad que nunca había conocido, a esa libertad con la que siempre soñó, con la que siempre pensó que era lo mejor para él…

Estaba solo, esponjando sus plumas buscando algo de calor, el viento cada vez soplaba más fuerte, cada vez más helado, no se veía nada en las ramas de ese árbol, solo un pájaro que se aferraba con sus pequeñas garras al tronco, garras que no fueron hechas para eso, garras que nunca fueron preparadas para eso... Las horas pasaron, la temperatura bajo más hasta que el nuevo día empezó a nacer, los primeros rayos del sol cortaba en tajos el frio viento que aún quedaba, poco a poco la temperatura subió, las aves acostumbradas al frio salieron de sus nidos, empezaron a escucharse los canticos de las diferentes aves, el sol salió por completo saludando a todos los que se encontraban despiertos, buscando escuchar ese canto que lo siempre lo saludaba por las mañanas y que por primera vez no escucho…

Del jilguero ya no se supo nada, ya no se escuchó de nuevo, los aldeanos extrañaron su canto, su dueña estaba inconsolable, era su única compañía, esa ave era quien le daba calor a su vida. Muchos la consolaban diciéndole que tal vez seguía cantándole a su nueva libertad, pero en el fondo todos sabían que era una ave que estaba hecha para cantar, para ser cuidada, para ser honrada, para ser admirada, no estaba preparada para ser liberada.

El jilguero siempre deseo el volar de las aves que fueron hechas para cazar, envidio al viento que fue hecho para vagar sin un hogar permanente, celó al sol que fue creado para vivir errante en el espacio viendo flotar a su lado los mundos que se crearon muy a su pesar.

Era un ave que ya tenía su propia libertad en un entorno ganado por su virtud de cantar, tenía su propio nicho para ser admirada, alimentada y cuidada solo por la esperanza de poderla escuchar, sin exigirle nada más, sin obligarle a nada más...

Cuando tuvo la oportunidad voló hacia nuevos horizontes sin nunca mirar atrás, perdida en un instinto de libertad que no le iba a permitir el regresar. Era solo un bello animal que no tenía forma de recapacitar, de pensar, de analizar que cuando se tiene todo, no se debe buscar una felicidad en base de lo que tienen los demás, de entender que no es necesario el vivir envidiando lo que tienen los demás, de aprender a vivir con lo que se tiene, sin buscar siempre tener algo más. Vivió una vida inconforme, irracional, algo que solo pasa... En el reino animal.



#Relato, #Cuento, #Jilguero


martes, 11 de marzo de 2014

Pasando de los cuarenta…

Es su cumpleaños, su cincuenta aniversario, esta sentado en una plaza comercial, frente a un aparador que refleja un bosquejo mal dibujado de lo que él algún día fue...
 
Tiene un abultado estomago resultado de su vida sedentaria, sus piernas flacas están enfundadas en un pantalón de mezclilla despintado, viste una playera recuerdo de su viaje a los Cabos, su cara ya colgada por los años remata en una incipiente papada, un corto cabello canoso deja ver una calvicie cubierta de pecas, unos lentes de aumento descansan en su nariz, dándole una perfecta vista de ese reflejo que de su edad no miente...
 
Con una media sonrisa de resignación se toca el estómago mientras con la otra mano ve la hora, son las cinco menos cuarto, lleva media hora sentado repasando lo que fueron sus primeros cincuenta años...
 
Aún recuerda como si fuera ayer su primera vez, cuando perdió su virginidad, cuando después de muchas historias inventadas supo en verdad que se sentía estar con una mujer, fue a los dieciséis años, lo recuerda y sonríe, siempre presumía con todos sus amigos de ser todo un veterano en el amor y cuando llego esa primera vez de los nervios no podía ni desabrocharse el pantalón, le toco estar con una dama muy experimentada, una mujer que fue por ellos contratada, ahí desfilo junto con dos amigos, ahí los tres compartieron esa primera vez...
 
La experiencia no tuvo nada de mágico, un cuarto estrecho y oscuro, un colchón cansado de tantas batallas montado en una cama que de todo rechinaba, los rechinidos y sus nervios hicieron  de esa primera experiencia los cinco minutos más largos de su vida...
 
Que gran diferencia de cuando lo hizo por amor, en aquellos días en que podía estar todo el día haciendo el amor, cuando experimentaba cualquier posición, cuando no se tenía que detener por calambres en los pies...
 
Recuerdos de su primer empleo, de cuando supo lo que era ganarse el dinero, de cómo llegaba a su casa con todo el sueldo en su pantalón, presumiendo de su pago, de cómo le tocaba invitar a todos a cenar, de cuando sonriendo aprendió que tal vez no era la mejor decisión darles a sus padres y hermanos esa información...
 
Recuerda su primer matrimonio, lo bella que era su esposa, lo nervioso que él estaba, lo hermoso de todo el momento, de la luna de miel, de los primeros meses, de cómo el empezó a perderse...
 
Remembranzas de su lucha interna, de cómo buscaba seguir siendo ese joven soltero, a la caza siempre de chicas, sin importar realmente como estuvieran, todo era solo el tener más trofeos colgados en un orgullo inmaduro nunca satisfecho, esto le costó otros tres matrimonios, todos con bellas mujeres, todas terminaron por las mismas razones, nunca llegaron más allá de pasar solo la novedad del momento, nunca eran suficientes, el nunca comprendió que no eran ellas, era el quien tenía el problema...
 
Siempre vivió rodeado de mujeres muy bellas pero nunca del todo le llenaban, siempre necesitaba la novedad para despertar una hombría resuelta a estar dormida, no podía estar solo con una, no podía darle explicaciones a ninguna.
 
Ya pasando los cuarenta, sumido en una frívola vida llena de conquistas se topo con un antiguo compañero de la escuela, alguien con el que coincidió en una fiesta de conocidos comunes, de jóvenes habían tenido algunas experiencias pero nunca le dieron importancia, siempre lo tomaron como tonterías de jóvenes llenos de testosterona, ahora ya más viejos todo fluyo de forma natural, dos hombres maduros que encontraron una forma diferente de amar, no vivieron un conflicto por remordimientos mal encausados, no tenían por qué justificarse, no tenían con quien justificarse, una gran diferencia veían en esa naciente relación, no había que más buscar, no había ya conflictos que solucionar, no había necesidad de nuevos trofeos para cazar, era mucho más que solo dos seres que se buscaban acompañar...
 
Sentado en esa banca le llegan todos los recuerdos, con una sonrisa saluda de nuevo a ese gran aparador, pero esta vez a través de su reflejo, hacia dentro de la tienda, donde su compañero por fin termino de comprar todo lo que necesitan para montar su regalo de cumpleaños, es una gran pantalla, la nueva base, las nuevas bocinas, los cables para el sistema de sonido, el control universal. Todo lo necesario para la tranquilidad de un hombre en su hogar... Sin importar su diversidad sexual.
 
 
 
 

sábado, 1 de marzo de 2014

Ojos Tristes...

Ojos Tristes la llamaban, era una delgada mujer, de tez blanca y cabello castaño, acostumbraba ir por la calle callada, con nadie hablaba, perdió a sus padres desde muy chica, ellos murieron por un lamentable accidente, una fuga de gas cuando ella estaba ausente. Después de esto por sus abuelos fue criada hasta que también murieron en forma trágica, ambos muertos a golpes de una pala, cuando acostados en su cama estaban, una trágica muerte que la dejo sola. 
 
Llego una tía para vivir con ella, era una hermana de su abuelo, una persona de edad avanzada, de trato muy amable, pronto se ganó la confianza de la gente, cuando parecía que la tranquilidad llegaba a ese hogar de nuevo la tragedia se apareció, la tía saliendo del baño resbalo, de un golpe en la cabeza se desangro, ahí mismo murió, ahora sí, completamente sola se quedó... 
 
Desde entonces ese apodo le quedo, todos la conocían como Ojos Tristes, era un nombre fácil de recordar, solo bastaba fijarse en su mirada para ver esa eterna tristeza que por siempre la acompañaba. 
 
Ahora de dieciocho años vivía sola,  con la herencia de sus padres y abuelos le permitían vivir sin trabajar, sin salir de su casa, con nadie convivía, solo amablemente sonreía cuando alguien la saludaba, estaba sola en su propio mundo, los pobladores su tragedia respetaban y nadie a ella se acercaba. 
 
El pueblo estaba entre montañas eternamente nevadas, con temperaturas siempre muy bajas, siempre lleno de turismo que gustaba de la esquiada, un lugar muy concurrido, siempre lleno de gente extraña. 
 
Ojos Tristes caminaba cabizbaja, meditabunda, eso no evitaba que su belleza siempre llamara la atención de los turistas, de quienes no la conocían, de quienes no sabían lo que en vida sufría... 
 
Nunca se le conoció a un novio, solo se le veía ocasionalmente platicar con esos atrevidos turistas, los que solo buscaban hacer conquistas, pero nunca la veían platicar con el mismo al siguiente día, nadie criticaba esto, no había nada malo que pudiera estar haciendo, solo era amable con quien se atreviera a hablarle como fue el caso de un italiano que no pudo resistirse a su bella presencia, con el valor que le daba el buen tinto que vendían en ese lugar tomo valor y a ella se acercó... Hola, ¿no sabes cómo puedo llegar a la plaza principal? sabia el camino pero perdí el rumbo cuando te vi pasar. 
 
Ojos Tristes levanto la mirada y lo vio a los ojos, sonrió y el Italiano sintió una fuerte emoción, con esa sonrisa comprobó que era aún más hermosa de lo que había pensado, pasaron todo el día sentados en un discreto banco, por las orillas del pueblo caminaron, hablaron de mil cosas, el tiempo paso volando, llego la noche y la bella joven se despidió... 
 
El gallardo galán estaba impactado por la belleza de Ojos Tristes por lo que en acompañarla a su casa insistió, a la bella chica también le había agradado el joven y con una sonrisa accedió, iban por la calle caminando, ya con la noche encima, caminaban despacio, uno junto al otro pegados, rozándose las manos, muchas risas coquetas, llegaron a la casa y el aprovecho el momento para darle un sorpresivo beso.
 
Disculpa, no pude evitarlo le dijo, ella sonrojada lo miro y abrió la puerta haciéndose a un lado para dejarlo pasar, era una abierta invitación que el afortunado Don Juan aprovecho, ambos a la casa entraron y ambos con un fuerte abrazo se besaron... 
 
Una pasión desbordante se apodero de esos dos, hicieron el amor desenfrenadamente, terminaron ambos tirados, agotados, sudados en la mullida alfombra frente  a la chimenea... 
 
Ambos acostados, uno a un lado del otro, completamente desnudos, aun intentando recuperar el aliento. Ella le pregunto si no se le ofrecía nada porque iba para la cocina, era un buen momento para un chocolate caliente, el no quiso nada, ella se levantó, con un suéter se tapó y coquetamente salió. El al verla salir, con esas esbeltas piernas saliendo de la prenda, una vez más confirmo era una mujer muy bella, se sentía el hombre más afortunado del mundo... 
 
Ella regreso, con una taza en la mano y una toalla en la otra, a un lado se acostó y ronroneando a él se pegó. 
 
Él se volteo dándole la espalda para que ella por atrás se abrazara, tenía una duda, cuando por la calle caminaban los lugareños cuando la saludaban le decían Ojos Tristes, lo que lo tenía intrigado, cuando la sintió pegada a su espalda eso le pregunto y ella pacientemente le explico... Es porque mis padres murieron cuando era muy joven, después paso lo mismo con mis abuelos y más adelante con una tía, ya nadie me quedo de parientes aquí, por mi forma de mirar es que me dicen así. 
 
El orgullosamente le contesto... ¡Pero hoy no te visto con una mirada triste, has estado conmigo muy alegre, eso quiere decir que conmigo se te quito la tristeza!. 
 
Ella se le pego y al oído le susurro... Hoy no la tengo, pero puedes estar seguro que mañana de nuevo vuelve esa mirada. 
 
El sin comprender muy bien sus palabras cerró los ojos disfrutando ese cuerpo que lo calentaba, el perfecto cuerpo de esa hermosa dama. 
 
Al día siguiente Ojos Tristes salió de su casa, iba como siempre con su triste mirada, del Italiano nadie jamás supo nada, simplemente desapareció y no lo volvieron a ver, era un pueblo turístico donde era costumbre que los visitantes se perdieran en la fiesta y al día siguiente cuando obtenían lo que buscaban simplemente se marcharan, nadie lo echo de menos, nadie más pregunto nada... 
 
Ojos Tristes caminaba sola por la calle, de nuevo sumida en su eterna melancolía, una ilusión más que se perdía, uno más que al igual que otros amantes espontáneos, sus padres, sus abuelos y su tía, cuando sentía que la querían simplemente desaparecían, era algo que no podía evitar, no lo podía controlar, nadie sabía por todo lo que por eso sufría, condenada a estar siempre sola, ¡Eso nunca va a cambiar! pensaba mientras por la calle caminaba, sosteniendo en su mano un saco bien amarrado, caminaba a un precipicio a la orilla del poblado, llego hasta ahí, vio la infinita caída, se acercó más, sabía que no tenía otra salida, sabía que a eso estaba destinada de por vida, no podía estar con alguien que la quisiera, que le mostrara interés, nunca, sabía que eso era más fuerte que ella, una maldición que no podía comprender, sosteniéndose con una mano en un árbol se puso al filo del abismo y llorando su desgracia hizo lo que tenía que hacer... 
 
Abrió el saco que llevaba y empezó a tirar por el despeñadero restos humanos, eran dos brazos y una pierna junto con una cabeza, los restos del nuevo amante que en la noche anterior metió a su casa, otro más que mataba cuando en su cama descansaba, después de poseerla, después de confirmarle que por ella daría lo que fuera.
 
Así como lo hizo con sus padres cuando le demostraban que la querían, como lo hizo con sus abuelos cuando por ella se desvivían, como lo hizo con su única tía que era lo único que le quedaba. 
 
En el pueblo nunca supieron nada, había extrañas ausencias repentinas de jóvenes apuestos de otros pueblos, pero nunca nada que la vincularan, ella nunca salió con nadie del poblado, solo a veces se le veía caminando con alguien de fuera, pero sabían que nunca llegaba a nada, sabían que Ojos Tristes era una mujer negada a ser amada...
 
 
 
 
 
#QueLeer, #Relatos, #Cuentos

viernes, 28 de febrero de 2014

Frustraciones...

Estaba en la esquina parada, esperando el colectivo en esa gran avenida, en una mano llevaba los documentos de su despido, después de quince años de trabajar en la misma empresa le toco recorte de personal, era madre soltera, con el pago pendiente de su renta, de la escuela, con su madre enferma de cáncer esperándola a ella...
 
En la otra mano traía a su hijo de seis años quien sostenía su pelota favorita, inquieto como lo dicta su edad, brincando, cantando, jaloneando a su madre, haciendo de todo para llamar la atención.
 
¡Ya estate quieto! le grita a su vástago desquitando esa frustración que la está carcomiendo.
 
¡Mami, quiero ir al baño! ¿Falta mucho?...
 
¡Deja de estar fastidiando! Le grita jalándolo violentamente, sin meditarlo, sin pensarlo, reaccionando como todos los de esta especie que se desquitan con quien menos la culpa tiene, con los más indefensos, con quien todo le perdona…
 
El niño espantado se le queda viendo, asustado por el grito, lastimado en su pequeño hombro, su boquita empezó a temblar y con un gran sentimiento empezó a llorar.
 
La madre lo volteo a ver para solo gritarle de nuevo... ¡Deja de llorar! que te voy a dar una buena para que tengas en verdad por qué llorar…
 
El niño al ver su determinación callo, pero sus lágrimas no dejaron de caer.
 
Ella se concentró de nuevo en los papeles de despido que traía, por quince años de entrega total le daban el mínimo de indemnización, ¿Ahora qué voy a hacer? Sentía que su mundo se le estaba cayendo en pedazos, que su vida perdía sentido.
 
El niño de nuevo empezó a estar inquieto, brincaba en el mismo lugar, giraba en de un lado a otro, se paraba, se agachaba, la mama cansada de los tirones lo soltó.
 
Ahora sosteniendo con ambas manos el legajo de hojas que le habían entregado leyó una vez más lo mil veces ya leído, la carta del Director General agradeciéndole su fidelidad, la del Jefe de Personal agradeciéndole su empeño, la de la Auxiliar de Recursos Humanos informándole lo que le tocaba, la relación de pagos que le correspondía, sentía como una gran amargura se apoderaba de su cuerpo, sentía como se le acaba el mundo, sentía que su vida ya no tenía sentido...
 
Por encima de las hojas alcanzo a ver como una pelota rebotaba hacia la mitad de la avenida, una pelota igual a la que traía su hijo, absorta estaba en sus lamentaciones que no reacciono a tiempo, seguía sosteniendo los papeles con ambas manos viendo por encima de ellos, vio aparecer tras la  pelota a una cabellera pelirroja, toda alborotada, igual que la del niño que tenía a su lado, vio como riendo la alcanzaba, vio como con un rechinido de llantas un pesado camión lo arrollaba...
 
Todo pasó en milésimas de segundo, sus manos soltaron los papeles, sus piernas perdieron su fuerza, su grito desgarro la calle, su vida... Ahora en realidad había perdido sentido.
 
 



jueves, 27 de febrero de 2014

Instintos...

El sol va saliendo, extendiendo su claridad por toda la ciudad, rayos de luz que van borrando las sombras de la noche, rayos de luz que evidencian los abusos de la noche...

En una esquina se empieza a vislumbrar a una mujer sentada, mal vestida, con rastros en todo su cuerpo del mendigar por las calles, con su cabeza en la pared recargada, profundamente dormida con un bebe en su regazo, despierto, jugando con una cobija con la que estaba medio tapado.
 
Ella tiene en los brazos cicatrices causadas por múltiples heridas provocadas por las jeringas que le dan sus fugas constantes de este mundo, drogadicta desde los trece años cuando fue violada por su padrastro, cuando fue lanzada a la calle, cuando fue olvidada hasta por su propia madre.
 
Su vida ha sido una constante vagancia, prostituyéndose cuando la necesidad se lo exigía, drogándose para que su vida tuviera sentido, por sus pies pasaron muchas calles, por sus piernas muchos hombres, por sus manos diversas drogas, por su mente... Solo vagos recuerdos.
 
Tiene la mirada vidriosa, con sus ojos a medio cerrar, le faltan dientes causados por la falta de higiene, su cara llena de cicatrices de viejas heridas por disputas de esquinas, por transacciones mal acordadas, por malas negociaciones con sus clientes ocasionales.
 
Costras de mugre llenan su cuerpo, olores pestilentes marcando un rastro que nadie sigue, por lo menos de nadie que la estime...
 
Ella no recuerda ni su propio nombre, su cama es la primera banca que se encuentre al morir el día, no es propietaria ni de unos cartones que la cubran por las noches...
 
Poco a poco empieza a despertar, forzada por la luz del sol que le da de lleno, abre los ojos ve la criatura, un fuerte olor le indica que tiene que cambiarla...
 
Esta huyendo con ese pago que fue dado por una adicta a su proveedor, el niño era el pago de una transacción, ella se dio cuenta, era con su mismo vendedor, estaba por inyectarse cuando un suspiro de coherencia le llego a la cabeza, estaba ya muy dañada de tantos excesos con sustancias tan variadas, de todo había probado, a todo le metía, pero en algún lado aún quedaba algo de esa niña que fue tan lastimada, le llegaron los amargos recuerdos, de todo lo que había pasado, se vio las manos, vio la jeringa ya lista, vio al niño limpio e inocente y en ese momento supo que algo tenía que hacer...
 
Quien llevaba al niño estaba muy ocupada negociando la cantidad de heroína que iba a recibir, estaba encerrada con el proveedor en una recamara, pagando con su cuerpo el favor que le estaban haciendo al recibir como pago algo diferente a dinero.
 
Ella tomo al niño, tomo la maleta con pañales que llevaba y sin pensarlo dos veces corrió a la calle, iba temblando, por la adrenalina, por la falta de su dosis, por el llanto que desde lo más profundo de su alma le salía, abrazaba a ese niño como si fuera su hijo, era de nuevo esa niña de trece años abrazando a su muñeca más querida, era de nuevo un alma sin malicia que solo buscaba proteger a quien estaba más indefenso que ella, siempre todos la pisotearon, ahora ella sentía ese poder de defender a alguien, un instinto que nunca había sentido, un instinto aún más fuerte que su propia adicción, dejo la dosis que tenía preparada tirada, cuando unas horas antes mataba por conservar algo así...
 
Dejo de correr cuando sus piernas no dieron más, los años de pésima alimentación no reconocían la buena intención, no tenía energías con que sostener esa fuga desesperada, bajo su ritmo, siguió caminando hasta caer agotada, hasta que el cansancio domino su mente...
 
Ahora estaba despierta, iluminada por ese nuevo día, con un niño en brazos que necesitaba urgente ser cambiado, nunca en su vida lo había hecho, nunca se había hecho cargo de nadie, nunca había tenido a un bebe en brazos antes...
 
Pero al igual que los animales que nunca fueron instruidos para ser padres tuvo un instinto que la fue dirigiendo, se fijó como estaba armado el pañal que tenía y siguiendo esto puso el nuevo, limpio el excremento con unas toallas húmedas que encontró en el interior de la mochila y le dio de comer con una mamila que ya estaba preparada.
 
Sentada en la calle estaba, dándole de comer, balanceándose mientras lo hacía, susurrándole una tonada que no se explicaba de donde la sabía...
 
Termino de darle de comer y se preparó para seguir su camino, sabía que la estaban buscando, no podía ir a ningún lugar de los que acostumbraba frecuentar, estaba perdida en una ciudad donde había vivido toda su vida...
 
Paso frente a una aparador, vio lo que su cruel reflejo le reclamo, veía a una persona con el pelo revuelto, pegado en una masa por la suciedad de meses sin bañar, vio una cara sucia, manchada, demacrada sobre un suéter roto en el área de los codos, despintado y manchado por las huellas de la calle, una falda rota y sin un color definido, unos tenis igual de desgastados, uno diferente al otro...
 
Vio como esa figura sostenía a un niño con un rostro inocente que plácidamente dormía ahora cobijado con una manta limpia, manta que resaltaba en unas manos sucias con las uñas negras, largas, manchadas,...
 
No sabía que podía hacer, ni imaginarse en acudir a la policía, había sido tantas veces levantada por drogarse en las calles que tenía pavor de pensar en tan solo acercarse, pasaba frente a una iglesia pero tampoco era una opción, cuando de niña vagaba por las calles conoció a varios niños que eran solicitados por los sacerdotes que estaban al frente de esas iglesias, solicitados para darle rienda suelta a sus más bajas pasiones, después simplemente eran regresados a las calles, muchas veces sin pagarles lo que les había prometido...
 
Paso frente a una escuela, la misma a la que anteriormente había ido por que le daban de comer las sobras que quedaban del comedor, llego por la puerta de la bodega, busco a su amiga, la misma que siempre le había tendido una mano, la misma que tantas veces intento llevarla a rehabilitación, la misma que nunca la dejo de ver como otra persona más...
 
Ella era una ex religiosa que decepcionada de su propia iglesia había renunciado a ella, ahora ella por su parte daba lo que pensaba que Dios esperaba de cada uno de sus hijos, el hacer el bien sin mirar a quien, todo el mundo la conocía como la Hermana María.
 
La encontró como siempre, dándole de comer a los que no tenían con que pagar sus alimentos, temerosa confirmo que no hubiera nadie que la conociera, nadie que pudiera delatar en donde se encontraba, sabía que ahora su vida nada valía...
 
Espero a que estuviera sola escondida en unos botes de basura, cuando vio la oportunidad se acercó... ¡Hermana María!, la religiosa volteo y su cara palideció cuando la vio cargando esa criatura.
 
¿Pero qué has hecho? ¿De dónde has sacado ese niño? qué barbaridad has hecho...
 
Ella le conto lo que había sucedido, como había escuchado la transacción que se hacía y como había decidido huir con el niño, la Hermana María la escucho asombrada, nadie como ella sabía de cómo todos la daban como un ser perdido, sin futuro, sin esperanza alguna de rehabilitarse y ahí estaba, dándole el mejor ejemplo de como la bondad de las personas está más allá de la forma de comportarse, de cómo vives, de cómo sufres, con una mano tapándose la boca la escuchaba sintiendo como un nudo en la garganta se le formaba...
 
Tomo al bebe, confirmó que estaba bien, estaba despertando reclamando de nuevo alimento, la Hermana María preparo un nuevo biberón con las cosas que venían en la maleta, explicándole detalladamente como se hacía, le paso al bebe para permitirle darle de comer, fue a cerrar el comedor y juntos partieron a la casa de la ex religiosa.
 
Ahí la baño, prácticamente la rapo, no había mucho cabello que rescatar, le corto las uñas, le dio ropa limpia, se asombró de cómo un poco de cuidado y atención puede hacer tanto por una persona que ha sido completamente abandonada, los acomodo en una recamara y les dejo dormir...
 
La Hermana María no supo de inmediato que hacer, sabía que tenía que dar parte a la policía, pero también sabía que ese niño era la única esperanza para rescatar a esa mujer tan maltratada por la vida, decidió darle una oportunidad a quien le dio esa oportunidad a una vida que apenas comenzaba, no iba a dar parte hasta que ese niño le diera la fuerza para poder rehabilitarse, hasta que esa criatura diera el nuevo renacer a quien para muchos era una muerta en vida.
 
La fuerza de voluntad padece ante el terror de la abstinencia, los temblores atacaron a ese cuerpo que reclamaba las drogas que por tantos años formaron parte de su ser, temblores incontrolables con temperaturas que mantenían empapada de sudor a esa mujer, que por primera vez veía al mundo sin tener nublada su mente, dándose fuerzas con ese niño en sus brazos, dándose valor con ese nuevo instinto maternal que la hizo levantar, reaccionar, por primera vez buscar por la vida caminar...
 
Paso una semana que fue la peor que recordara, la Hermana María nunca se separó de su lado, con tratamientos, cuidados y paciencia poco a poco se fue descontaminando ese cuerpo, el nuevo cabello ya empezaba a crecer, el cuidado y alimento le hizo ganar peso, el brillo regreso a sus ojos, la conciencia del tipo de vida que llevaba le daba más fuerzas para continuar con la abstinencia...
 
El tiempo pasaba, la Hermana María sabía que tenía que dar parte a la policía, reportar a ese niño rescatado de ese trágico destino, tenía que hacerlo, podría meterse en problemas por no reportarlo a tiempo, pero era tan milagrosa la recuperación de esa madre sustituta que tenía sentimientos encontrados, era cierto que se estaba recuperando de la adicción tan tremenda que tenía, pero también era cierto que no contaba con nada para poder hacerse responsable de ese crio...
 
Llevaba ya un mes con este conflicto, ya la buena alimentación, el dormir a sus horas, el no tocar las drogas habían dado un sentido positivo a esa mujer, las huellas imborrables de su pasado seguían en sus brazos, pero una sonrisa siempre presente opacaban esas huellas presentes.
 
La criatura también iba ganando peso, ya reconocía a esas dos madres sustitutas, no hay nada que mueva más el alma que la sonrisa un bebe cuando reconoce a alguien, no hay nada que se compare, menos para quien nunca había recibido una muestra de cariño, menos para alguien que había decidido dar su vida a Dios renunciando a ser madre, fue un sentimiento que nació en esas dos, a un mismo nivel, haciendo una complicidad que las unió aún más, una lazo que ya era imposible de romper.
 
Para la Hermana María ya se trataba de una hija que acababa de rescatar y de un nieto que acaba de conocer, instintos naturales que nacen del amor incondicional de una madre, de esas madres que no necesitan parir a los hijos para darles todo, para entregarles todo, para amarlos por sobre todo...
 
Cuando menos se dieron cuenta pasaron seis meses, la recuperación era ya casi total en ella, ya no sentía la menor necesidad de drogarse otra vez, ahora acompañaba a la Hermana María en sus labores caritativas, ayudaba en el comedor, repartían alimentos, recogían donativos, siempre con él bebe con ellas, siempre los tres como una compacta familia, ya todos estaban acostumbrados a verlos juntos, todos suponían que era su hija con su nieto, nadie hacia preguntas, no había por qué hacerlas.
 
De los recuerdos pasados poco era lo que podía rescatar, siempre vivió sumida en neblinas que opacaban su mente, siempre dopada, de las gentes que trataba recordaba muy poco, si las veía de nuevo seguro que a nadie reconocía... Por lo menos ella no.
 
Empezaron a visitar todos los refugios de drogadictos, de gente que vivía en las calles, les llevaban ropa, comida, ahora formaban parte de una fundación que dirigía la Hermana María, contaban con su propio centro de rehabilitación, buscaban sacar de las calles a quienes se dejaran rescatar, andaban por toda la ciudad.
 
Ella estaba muy cambiada, había subido de peso, andaba bien vestida, por lo menos con ropa limpia, adecuadamente peinada, con un brillo en la mirada, era muy difícil que alguien la reconociera... Pero no para quien había puesto precio a su cabeza.
 
El traficante nunca había olvidado la ofensa, sabía que no había salido de la ciudad, no tenía a donde ir, por lo que solo se armó de paciencia y espero el momento en que de nuevo apareciera, no faltó quien reconociera los tatuajes que ella tenía en los brazos y en el cuello, esos tatuajes que le hicieron cuando estuvo presa, tatuajes que nunca cambian... Aunque se esté bien alimentado.
 
La ubicaron, la siguieron, estuvieron por una semana cazándola, midiendo sus movimientos, ya ellas dos andaban sin el niño que se quedaba en una guardería esperando por su madre y abuela sustitutas, quienes la cazaban no sabían que aun tenia al niño.
 
Ella tenía mucho tiempo que se sentía mal, un día lunes muy temprano se sintió peor por lo que acudió al doctor en el servicio comunitario del hospital local, la reviso, le hizo hacerse unos análisis, le decía al médico que solo era anemia, que por tanto trabajar se olvidaba de comer, que solo dormía algunas horas, una enfermera le tomo varias muestras y se fue a su casa...
 
Nunca se imaginó que ese día la estaban esperando, los lunes era cuando acudía a entregar la comida en uno de los albergues, lo hacía sola, manejando una desvalijada camioneta que les habían prestado, no tenía licencia por lo que siempre andaba con mucho cuidado, muy despacio, acudía muy temprano, cuando no había tráfico, cuando las calles estaban solas, ese día por ir al hospital por primera vez en meses había faltado a su rutina, ese día sin saberlo había burlado al destino.
 
Paso una semana más, trabajando como siempre, la nueva familia hacia planes, la Hermana María tenía que arreglar la situación del niño, ahora la ligaba algo más que una actitud caritativa, ahora era un lazo familiar que quería formalizar, hizo llamadas, consulto funcionarios, cobro favores, chantajeo a políticos ambiciosos que buscaban mejorar su imagen, utilizo el gran poder que le dieron tantos años de ayudar desinteresadamente, de pensar siempre en el prójimo, de renunciar a una vida por buscar la mejoría de los demás, ahora era el momento de pensar en ella por primera vez, de aprovechar esa única oportunidad de tener a una familia propia, ahora que sentía lo que por decisión propia había renunciado muchos años atrás, la bendición de ser madre.
 
Los favores pendientes fueron cobrados, las presiones a los funcionarios tuvieron respuesta, el chantaje a los que traficaban por su imagen tuvo resultados, les dieron una cita para presentar su caso, un Abogado de lo familiar les dio mucha esperanza, no había denuncia por robo o extravío del niño por lo que se les facilitaban las cosas.
 
Llego otro lunes, día de entregar la comida, subió las cosas a la camioneta y partió al albergue, temprano como siempre, pero esta vez no iba sola, la Hermana María la estaba acompañando, era el día en que le daban los resultados en el hospital por lo que de ahí pensaban ir con el médico. Llegaron al albergue, como la Hermana María era quien manejaba llegaron un poco más tarde de lo normal, cuando ya había gente en las calles, cuando ya había tráfico en la ciudad, tuvieron que dar dos vueltas para poderse estacionar, ese día paso normal, una entrega más, dejaron la comida y partieron al hospital...
 
El doctor estaba ocupado por lo que no las pudo atender, solo les dejo recado que regresaran más tarde para explicarles del resultado de los análisis, ella decidió esperar, ya no tenía más entregas que realizar, la Hermana María ahí la dejo y salió para ver más pendientes.
 
El medico regreso y con ella hablo, estuvieron una hora hablando del resultado de los análisis, le entrego una receta con unas indicaciones y salió, antes hizo una llamada a la Hermana María avisándole que a la casa iba, ya en la calle avanzo una cuadra cuando sintió un golpe seco, todo se oscureció, nada supo hasta despertar por un baño de agua fría amarrada a una silla, en un cuarto con las ventanas tapiadas, con un tipo mal encarado viéndola de frente franqueada por otros dos, todos viéndola fijamente...
 
¡Que milagro princesa!, hace mucho que no te veo, justo desde que te desapareciste con algo que me pertenece… Y sin decir nada más en la cara la golpeo, tenía un guante puesto con un armazón que cubría los dedos, de fierro, cada golpe que le daba desfiguraba su cara, ella solo escupía sangre con pedazos de dientes, la nariz era ya una masa deforme de carne, la boca desecha, abierta...
 
¿En dónde está el niño? le preguntaban con cada golpe que le daban... No sé, lo deje cuando esa noche corría, me dio mucho miedo y lo deje en la puerta de una iglesia.
 
De nuevo un golpe, más sangre, su ojo derecho completamente cerrado por recibir tantos, de nuevo la pregunta, de nuevo le pegaron, ya tenía la cabeza colgando, navegando en la inconciencia, la despertaban con agua helada solo para desmayarla de nuevo, la misma macabra cadencia por horas recibida, la Hermana María ya la buscaba por toda la ciudad, preguntando en todos lados, angustiada por no saber en dónde estaba.
 
Cuando ya no despertó con los baños de agua fría la desamarraron y la dejaron tirada en una esquina, iban a esperar unas horas para que se recuperara para seguir con el interrogatorio, tenían que estar seguros de que en verdad ya no lo tenía, así les tomara el tiempo que les tomara, aun si fuera necesario el arrancarle toda la cara en pedazos, eran la consigna que ahora tenían.
 
Pasaron un par de horas y regresaron, ella seguía tirada, vestía una playera que ahora estaba manchada de sangre, su falda levantada dejaba ver sus piernas, ahora ya repuestas, torneadas por la buena alimentación, por caminar todos los días, esto lo notaron y de su falda la despojaron, le quitaron la ropa interior y entre los tres la empezaron a violar, primero el jefe, después los otros dos, se tomaron su tiempo, no tenían prisa, ella estaba desmayada por lo que su flácido cuerpo a sus bajas acciones cedía, la movían de lugar, la ponían en diferentes posiciones, se convirtió en un perverso juguete para esos tres enfermos de la mente, cuando termino el tercero de nuevo el jefe volvió a empezar...
 
Mientras la violaban se empezaron a drogar, turnándose cada vez, la movían de lugar como si solo fuera un mueble más, la imprudencia por verla desmayada y estar drogados tuvo su consecuencia, habían dejado una pistola junto a sus pantalones tirados, en su juego de estarla moviendo por toda la habitación nunca se dieron cuenta de que la pistola quedo bajo su cadera, cuando termino el que estaba en turno fue a la mesas donde estaban los otros dos, para seguir drogándose, para tomar las cervezas que habían llevado hasta ese lugar.
 
Cuando los tres estaban de espaldas, ella abrió su único ojo medio sano, tomo la pistola que sintió debajo de ella y disparo sin darle a nadie, todos se agacharon cuando oyeron el disparo, corrieron mientras ella disparaba de nuevo, ahora sentada, tomando la pistola con las dos manos, sin dejar de disparar hasta que a uno de ellos acertó, fue al jefe, al traficante que le dio de lleno en la cabeza, los otros dos cuando lo vieron caer salieron corriendo de la habitación, ella llorando dejo caer la mano con la pistola a un lado, lloraba por lo que le habían hecho, por como la habían violado, por como la habían golpeado, por la noticia que el médico le había dado...
 
Y sin pensarlo de nuevo levanto la pistola poniéndosela en la sien, con esa misma determinación y sin pensarlo más acciono el gatillo, un certero balazo entro por un lado de su cabeza saliendo por el otro, se fue de este mundo sin decir nada, sabía que mientras ella viviera nunca la iban a dejar en paz hasta saber que había pasado con el niño. Ella nunca les dijo que aún lo tenía, nunca les dio su actual dirección, nunca le pudieron sacar nada, se fue sin decir una palabra, ni a sus captores ni a la Hermana María, que no le pudo decir lo que le dijo el doctor cuando fue al Hospital... Que tenía cáncer en su fase terminal.