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martes, 13 de febrero de 2018

Tu gran amor juvenil

Ya te esperaba, si bien llegaste cuando menos lo pensaba, yo ya te esperaba. Vamos por la calle, sumidos en la intolerancia de la gente que nos ve pasar, tomados de las manos, como si nuestras manos fueran los barandales que nos permite equilibrarnos en estos caminos tan espinosos, de un piso tan plano, como la mente de la gente que por ahí transita.

Personas que no aceptan, no permiten, la diferencia entre parejas ¿Que importa lo que diga la gente, si la gente nunca estaba cuando solo por la vida andaba? Ahora todos se preocupan por mi, por quien ahora me acompaña. No aceptan que las diferencias son los que nos hace completos. Que gracias a que somos distintos podemos ser tan iguales, mientras nuestros iguales nos ven tan distintos.

Contigo rio lo que tanto tiempo deje guardado, saliendo las carcajadas como oleadas, en marejadas de sentimientos guardados por no tener un rio donde desaguarlos. Encerrados por no tener un motivo para sacarlos y ahora te tengo a ti, en un país donde la intolerancia va de la mano con la hipocresía, de la misma forma como tú y yo vamos caminando todos los días.

Siempre se escucha sobre la igualdad de las gentes, de los colores, de las religiones. Donde muchos buscan foros para gritar que no importa lo que creas, ni quien tu seas, de donde vengas o como vengas. Que lo que importa es el interior de las personas, que el exterior es solo una cubierta que tiene vigencia, mientras el interior es algo que por siempre dura.

Todo se perdona, si los colores cuando se mezclan esta bien, si las religiones cuando se juntan esta bien, si las diferentes nacionalidades se entien es perfecto, si son del mismo sexo no importa... ¿Cual es entonces nuestro pecado, que la gente tanto nos observa? ¿No comprende que somos felices por tan solo estar juntos? 

No importa el poco tiempo que nos quede. Estoy consciente que el mismo destino que te cruzo en mi camino, el mismo destino me va a obligar a olvidarte, en algún momento, en nuestro próximo futuro. Cuando estos treinta años que tenemos de diferencia, cobren su factura. Cuando nuestras edades te obliguen, siendo una bella mujer madura, a ver como se olvida de ti tu gran amor juvenil... Viéndolo separarse de ti, obligado por la demencia senil.




sábado, 28 de octubre de 2017

Hace mucho tiempo...

Y te dije Adiós, pero no me dejas irme. Tus lagrimas plantaron mis pies en el suelo, pero mi sentir no estaba listo para echar raíces en una tierra tan fértil, que una broma pintada de promesa bastó para idealizar una familia de tres generaciones, en una relación que solo producía salidas en días sin tener nada más que hacer.

Y aquí estamos de nuevo, dos seres tan unidos como el agua y el aceite. Dos polos luchando por intereses diferentes, uno por mantener lo que nunca tuvo y el otro buscando cortar lo que nunca los ha unido.

Trato de usar palabras para no herirte, cuando intento dejarte claro que quiero irme; pero tú no escuchas lo que no quieres escuchar y el verte sangrar en el alma con cada desprecio que te hago me pone más anclas en el suelo, por el gran remordimiento de producirte un dolor que a mi mil me lo hicieron, y que por saber lo que es morir en vida, intento ser lo más discreto, cuando en mis acciones solo trato de decirte... Que yo hace mucho tiempo que ya no te quiero.






lunes, 23 de octubre de 2017

El vestido negro.

Y la luz se fue extinguiendo, poco a poco, lentamente. Mientras las sombras se iban acomodando en un piso cada vez más ensombrecido, sombras que iban peleando su lugar con cada centímetro que iban creciendo, hasta quedar unas pegadas con otras. Mientras la noche, elegantemente vestida en su eterno vestido negro, marchaba poco a poco, orgullosa, por esas calles que pintaban encajes entre su manto, con esas incandescencia provocada por los miles de candiles que iban despertando, como honrando a tan distinguida presencia.

A lo lejos, donde el cielo nace para unos y se termina para otros, se asoma un pálido astro, naciendo poco a poco, como consiente de que solo unas horas va a estar presente, por lo que no tiene prisa en salir. La noche lo recibe, abrazándolo con su manto, dándole el fondo necesario para resaltar el modesto brillar que lo distingue, un astro acompañado de constelaciones, que como fieles guardianes, siempre están a su lado.

Su lento, pero continuo camino, sirve para despertar Musas que estaban durmiendo, y que ahora inquietas, han provocado el nacimiento de cientos de poetas, muchos de ellos solo viven el tiempo que les dura su pena.

La noche sigue, escondiendo pasiones, provocando pecados, dejando muchas veces, muertes por su paso.


Las horas pasan, y como a todos en su momento nos sucederá, es tiempo de que la noche se extinga. Se despide de ese astro al que muchos se refieren como La Luna, pero que para la noche es solo un adorno más, de un elegante vestido negro, del que tiene la suerte de estrenar uno nuevo... Cada vez que pensamos que se ha terminado el día.





sábado, 21 de octubre de 2017

Un reino vacío...

Estaba un rey sentado en su trono, un trono de un reino vacío. Su mirada cansada esta fija en un punto, enfocada en un recuerdo que va más allá de la pared que simula un falso muro entre el monarca y sus pensamientos. 

Esta sentado, recargando su peso en el brazo derecho que descansa a un lado del sillón donde está sentado, un viejo sillón de piel que le ha servido de patíbulo, para romper los sueños de las mujeres que a su lado han pasado, ninguna se ha quedado, ninguna ha valido la pena de mantenerla a su lado. Un sillón que forma parte de un muy fino escritorio, de una elegante oficina. Con finos detalles de muy buen gusto, detalles que hacen alarde de que a ese rey no le importa el precio de las cosas, solo importa el querer que sean propias.

Afuera su reinado se aprecia vacío, solo adorando con el ruido de cientos de trabajadores que desquitan un sueldo consiguiendo las metas que les han marcado, metas fijas, metas que esperan a ser alcanzadas, mientras esos hombres se parten el alma para lograrlo y no quedarse sin llevar el pan a sus casas.

En el ambiente flotan incontables llamadas telefónicas, de clientes que esperan ser atendidos, de esponjas que esperan ser exprimidas, de tierras fértiles que han sido de nuevo fertilizadas, para seguir cosechando dinero en cada nueva temporada.

No hay reina en ese reinado vacío, algunas llegaban buscando ocupar ese puesto, pero la oleada de doncellas practicantes buscando una oportunidad de trabajo es demasiada tentación para quien está acostumbrado a tenerlo todo, y es demasiada humillación para quien pensaba que podría ser la única, en un corazón que tiene mucho tiempo que había dejado de latir, y que ahora solo era una bóveda para guardar los trofeos de un hábil cazador. Un cazador acostumbrado a atrapar a sus presas en una red que compraba voluntades, en una red que rompía la más puritana crianza, una red que mezclaba las perores perversiones con los mejores principios.     

El poder y el dinero de ese reinado tan vacío habían aburrido a ese Rey que estaba acostumbrado a tener todo lo que había querido, un rey tan cansado y aburrido... Que ahora se había propuesto ser el presidente de los Estados Unidos.




domingo, 8 de octubre de 2017

Sin salir de casa...

Y tu imagen se rompió en mil pedazos, de pronto, de la nada. Estallando de entre mis manos, como una pompa de jabón cuando es tocada. 

Sentía como agua helada cada parte de la imagen que entre mis manos se escurría. Partes divididas como un espejo que se revienta cuando cae al suelo. Igual de impresionante, igual de filosos los trozos de vidrio que quedan esparcidos, igual los trozos de tu imagen dejan mi corazón herido.

Todo sucedió en un instante, tan rápido, que un pestañear daba el tiempo suficiente para que pasara mil veces. 


Tan repentino, que aún no puedo entender como empezó a desintegrarse la imagen de alguien tan perfecta, tan maravillosa, tan insuperable. La imagen de un sueño que se hacía realidad. Una realidad que se volvió en mi contra, cuando recibí la selfie de una diosa desnuda, con los restos diluidos de un beso en un seno. Un beso que no fue dado por mí en su momento, un vestigio que me fue enviado por una ilusión que estaba a cientos de kilómetros de distancia, un ilusión que me juraba... Que estaba esperando mi llegada sin salir de casa.





viernes, 6 de octubre de 2017

Cuando todo era perfecto.

Y así sucedió, sin que nadie se lo esperara. En un nublado día de verano, iban a ser las cuatro de la tarde, cuando empezó a llover.

El llevaba tres bolsas de mandado en cada una de sus manos cuando llego a su automóvil, ya la lluvia caía intensamente. Iba maldiciendo por dentro, mientras intentaba encontrar unas llaves, que dispuestas a no ser encontradas se ocultaban en el último lugar donde serían buscadas. En eso estaba cuando se detuvo el agua, volteo hacia arriba y se vio tapado bajo paraguas multicolor, mientras una tímida risa se escuchaba a su espalda.

Volteo y se encontró  a un ángel enfundado en unos jeans desgastados, con una playera con muchas puestas, el cabello recogido y sin una gota de maquille. Sostenía un paraguas que ahora con el compartía, un alma caritativa que llegaba a un coche estacionado a un lado y que notaba por lo que aquel empapado humano estaba pasando.

Y así comenzó, una historia de amor llena de sorpresas, de cosas imprevistas. De viajes sin planes, de salidas sin destinos. De risas sin sentido. De un mundo de dos personas, de dos personas que se comían al mundo. Un mundo que no estaba dispuesto a ser comido.

Los trabajos empezaron a faltar, no había patrones dispuestos a soportar a esos dos felices y desinteresados enamorados. Las cosas materiales no son importantes cuando existe un gran amor...  Hasta que el amor ya no es suficiente para alimentar a dos personas.

Las primeras noches sin luz eran románticas veladas con deseos desenfrenados, cuerpos entrelazados alumbrados con velas. Con gemidos y jadeos que retaban a la noche, demostrando que no les importaba tener la luz cortada por no haberse pagado... Pero los gemidos con cada noche se fueron apagando, ya no había sexo suficiente como para olvidarse de la importancia de estar alumbrados.
Los amigos se acabaron con tanta visita imprevista de esos dos, visitas que eran casualmente a la hora de la comida, cena, desayuno, almuerzo.

A la realidad de un mundo mortal, donde no existen sueños sin ser pagados, donde la felicidad se empieza a medir a partir de un salario. Donde no importa que tanto ganes, si no que encuentres con quien sumar lo que hayas ganado; le basto tan solo un suspiro para tragarse a ese amor infinito.

Hoy en día esos dos complementos perfectos han desaparecido, en su lugar quedaron dos seres sujetos a jornadas de trabajo, días de descanso, días de paga y vacaciones bien ganadas. Viviendo las vidas que el mundo mortal tenía preparados para ellos. Un mundo mortal que ya los perdonó, por haberle faltado el respeto esos dos... Cuando pensaban que solo por estar juntos, todo era perfecto.






jueves, 5 de octubre de 2017

Dos dientes...

Y el tiempo volvió, en una antigua plaza para un viejo que se la pasa sentado todos los días de la semana, en el centro de una ciudad colonial, donde todo sigue igual.

Las mismas palomas buscando migajas, en un piso de piedras tan desgastadas, que ya no pueden descolorarse más. La brisa que sopla es tan densa, que los recuerdos que cuelgan en ella, no le permiten ver un presente tan vacío, que no hay nada que se interponga con esos vestigios, de una vida que fue plena, hasta el momento en que los sueños pararon, cuando ya no hubo nada que fuera nuevo, como para invertirle tiempo en poder alcanzarlo.


Los viejos amores, los grandes amigos. Los buenos momentos, las malas fortunas. Todo danzando en un mismo tiempo, un tiempo que fue en su momento, pero que ahora regresa, en la mente de ese anciano dominada por un pasado, que se niega a ser olvidado. Un pasado que ahora cubre su presente, viviendo sus días con una gran sonrisa... En la que solo se le ven dos dientes.




sábado, 15 de octubre de 2016

La respuesta

Y la repuesta me llegó, justo en el momento en que tenía que me tenía que llegar, en el momento en que más la necesitaba. Cuando más tiempo pasábamos juntos, cuando ya compartíamos los fines de semana, cuando hasta las salidas más vulgares se volvían algo importante. Cuando contigo me reía de las cosas más simples, cuando lo más simple lo celebrábamos como el evento del año.

Justo en ese momento me llegó la respuesta, cuando con una gran sonrisa en tu bella cara me decías que me empezabas a querer, que yo me estaba convirtiendo en algo importante en tu vida. Me llegaba la respuesta cuando me dabas ese abrazo que arropaba mis palabras con mis pensamientos, callando una contestación que tú nunca me pediste, pero que yo a mí mismo me exigía, cuando abrazado a ti, veía en el fondo de tu mirada… A tan solo una gran amiga.


Sintiéndome impotente ante este déjà vu, donde ahora me tocaba a mí estar del otro lado del espejo, de ese lado donde tantas veces me vi reflejado, suplicando por el ser amado. Desde el lado donde solo vemos las consecuencias, pero que no somos participes de los actos. Ahora yo me veo de ese otro lado del espejo, donde se refleja a quien ahora tengo en mis brazos, donde se refleja una mujer feliz de sentirse enamorada de mí, donde ese reflejo no refleja lo mismo que ella empieza a sentir, porque al reflejo de su espejo… Ahora le toco no sentir, como tantas veces anteriores a él, le toco vivir.




miércoles, 15 de junio de 2016

Ayer fue una noche especial...

Ayer por la noche fue una noche especial, porque no encontramos el lugar ideal, para ir a cenar. Porque pasamos horas dando vueltas, buscando sin encontrar, un escondrijo que sirviera como recipiente, para vaciar todo lo que nos teníamos que platicar. Porque encontramos un sitio del que no tuvimos opción. Porque bebimos de lo que tenían, no de lo que queríamos, dejándote con el antojo de tu margarita con hielo frappé.

Ayer fue una noche especial, porque no hacia el calor sofocante de los últimos días, permitiéndonos el estar en esa mesa en el exterior. Porque la música del lugar era solo un murmullo de fondo de los temas que pudimos platicar. Porque pudiste estar a gusto, sin preocuparte por los demás. Porque se pudo rescatar, lo que parecía una cita perdida.

Ayer fue una noche especial, porque te volví a encontrar, después de algunos meses en que te pensé perdida. Porque de nuevo estuve, cuando tenía que estar. Porque una vez más comprobé, que eres un ser muy especial.

Ayer fue una noche especial, porque platicamos de muchos temas y de nada. Porque mis silencios siempre fueron llenados con tu espontanea platica, enriquecida con tus risas en cada una de tus ocurrencias. Siempre fresca, sin tener que demostrar nada. Tan natural, sin poses, pero con una elegancia innata que le deja bien claro a cualquiera, que eres toda una Reina.

Ayer fue una noche especial, porque me demostraste que puedo soñar con algo más, pero sin permitirme despegar mis pies del suelo, dejándome bien claro que entre nosotros aun no había nada... Pero que podía haber.

Ayer fue una noche especial, porque me permitiste sellar con un beso, esa noche tan especial; donde no hubo un lugar elegante en donde cenar, donde faltaron platillos finamente elaborados. Donde no tuvimos a nuestra disposición las bebidas más esenciales, indispensables en una cita especial.

Ayer fue una noche especial, porque el lugar tan austero donde nos tocó cenar, en una noche que podría ser como cualquier otra, me ha demostrado que estando contigo, cualquier noche se convierte… En una noche muy especial.





viernes, 10 de junio de 2016

En tanta belleza...

Y llego un ángel bajado del cielo, vistiendo una blusa de tirantes color naranja, con una pequeña falda de mezclilla desteñida, que dejaba ver unas hermosas piernas doradas por un sol que se deleitaba con ellas cada mañana. Calzaba unas coquetas sandalias que daban el toque final a esa bella figura que caminaba como una diosa en esa plaza comercial. 

Era bella, muy bella, del tipo exacto del estereotipo banal que nos inculcaron por años los llamados genios de la moda, quienes solo mostraban a una talla especifica de mujer, como la única merecedora de portar sus diseños de temporada.  

Era una rara mezcla de raza nórdica con africana. De piel aperlada, con un cabello negro muy rizado que llevaba suelto. Tenía unos ojos muy azules que contrastaban con el color de su piel, como si tuvieron una pequeña carga de gas neón para hacerlos fluorescentes, pero en un muy bajo voltaje para hacerlos discretos, pero lo suficiente para no pasar desapercibidos. Su nariz era muy fina, naturalmente respingada, del tipo que hace millonarios a los cirujanos plásticos especializados en la rinoplastia. Sus labios eran ligeramente gruesos, sin ser exagerados, solo exquisitamente carnosos, moldeados perfectamente, retocados con un color rosa muy suave, lo suficiente para despertar sonrisas en los caballeros que la veían. El rostro era delgado, el tamaño del lienzo suficiente para reflejar tanta belleza, sin espacios en blanco que se requirieran rellenar, sin espacios saturados que se tuvieran que eliminar, solo lo justo para hacerte suspirar.

La vi venir, como flotando en un suelo que no merecía ni siquiera el ser pisado por ella. Sonriendo de forma coqueta, mostrando unos dientes perfectos producto de una adolescencia dedicada al martirio de los brackets, y que ahora cosechaba la pequeña fortuna que pagaron sus padres para esa hermosa sonrisa.

Yo estaba sentado afuera de un Starbucks, sorbiendo el ocio en un humeante café negro cuando la vi venir. Desde ese momento todo perdió sentido para mí, solo el cadencioso andar de ese ángel era todo lo que mis ojos podían captar, los ruidos se hicieron murmullos, las imágenes se hicieron borrosas, un marco perfecto para una perfección andando.

Estaba sentado justo enfrente del venir de ella, a un lado del pasillo, por lo que mi mirar era natural, no volteando, la veía de frente. Hasta suerte tenia, no tenía que simular nada, con una pose natural me perdía en esa belleza. 

Los metros  que nos separaban poco a poco se fueron terminando, todo pasaba como en cámara lenta, como si un caprichoso destino hubiera bajado las revoluciones al ritmo de la vida, solo para jactarse de mi mirada perdida.

Cuando ya estaba a un metro y medio de mí, pasó justo por detrás de mi esposa que estaba sentada frente a mí. Justo en el momento en que ella terminaba de leer los textos de su móvil, mis ojos seguían ese caminar y justo en ese momento, al pasar por detrás de ella, mi mujer levanto la mirada.
 
-¿Vas a pedir algo más?- Me pregunto mi compañera de varios años
- No, ya he tenido suficiente por el día de hoy- Le conteste, con una gran sonrisa en los labios, mientras aspiraba profundamente el suave aroma del perfume, que emitía un ángel que en ese momento a mi lado pasaba.

 Mi mujer me sonrió satisfecha de que estuviera a gusto, yo le sonreí por el gusto de tenerla a mi lado, satisfecho por lo que tenía; pero sin dejar de agradecerle al señor destino, el que me permitiera el haberme pedido por unos instantes... En tanta belleza








lunes, 6 de junio de 2016

En una noche de conquista...

Estaba un hombre maduro, arreglándose para salir a pasear, tenía meses que se había divorciado, respetó el tiempo de luto que por etiqueta y por respeto a quien fuera su pareja por tantos años, sentía debía de guardar, llevando una vida discreta, evitando ponerse en evidencia frente a sus mutuos conocidos.
Pero hoy era diferente, ya había pasado el tiempo suficiente. Ahora estaba listo para salir, para conocer gente, para hacerse ver en los lugares donde pudiera conocer, a quien le pudiera dar nuevas esperanzas en el amor.

Había renovado todo su guardarropa, sin limitarse en nada. No importaba lo que costara, si le quedaba bien y lo hacía sentirse bien, bastaba para comprarlo. Sin ver el precio, solo importando lo que el espejo le mostraba, como se veía, sonriendo por ver que aún conservaba ese algo que lo distinguía, en sus tiempos de conquistas.

Termino de vestirse, de peinarse, de perfumarse. Sonriendo complacido a la imagen de cuerpo completo, que le devolvía el gran espejo que recién había montado en su closet.

Estaba listo, bajó las escaleras del departamento donde vivía, haciendo rechinar sus zapatos nuevos. Salió a la calle, sonriendo al ver su reluciente automóvil estacionado en la calle, recién encerado, no cabía duda que esta noche era su noche.

Llego al bar que estaba de moda para solteros de su edad, lleno de gente madura vestida impecablemente. Los caballeros luciendo muy caros relojes, las damas atrevidos escotes, la temporada de caza había comenzado.

El elegante caballero entró al lugar, paseando por todas partes, haciéndose ver, midiendo las miradas que iba recibiendo, sonriendo coqueto a las sonrisas coquetas. Dio un par de vueltas hasta que localizó a una presa.

Era una dama, madura, bien vestida, bien conservada. Estaba con un par de amigas, todas elegantemente vestidas. Platicaban para ellas pero se reían para todos, haciéndose notar, sabiendo que se hacían notar, gozando el sentirse observadas por los lobos alfas que llenaban el lugar.

Después de un intercambio de miradas, de algunas sonrisas, se hizo el acercamiento. Los temas de charla salían uno tras otro, con silencios que se llenaban con sonrisas coquetas, con momentos llenos de excusas para los roces con las manos, hasta terminar platicándose al oído, enroscados en un abrazo por ambos aceptado.

Las horas volaron, ella se despidió de sus amigas, sabía que esa noche ahí no terminaba. Ambos salieron abrazados, con muchas risas provocadas por tantos brindis realizados.

Él le abrió la puerta, ella encantada se subió, sonriendo por el gesto tan caballeroso. El galán se subió por su lado y aun no terminaba de sentarse, cuando ella ya estaba encima de él besándolo.

El trayecto al departamento fue un flotar entre el denso entorno provocado por las promesas y besos de esos dos enamorados, el manejando, ella colgada en su regazo, besándolo a cada momento mientras lo iba acariciando.

Llegaron al edificio donde él vivía, subieron los escalones, llegaron a la puerta del departamento. Él abrió como pudo, mientras ella no dejaba de besarlo, cerró la puerta y empezaron a desvestirse, ella ya jadeaba por lo excitada que estaba, el concentrado en tocar cada parte que iba quedando sin ropa, acariciando, besando. Llegaron a su habitación, se tiraron en la cama, ella ya solo vestía las bragas, el aún conservaba casi toda su ropa. Le quito lo que le quedaba de ropa a esa mujer que tenía ya los ojos entrecerrados por el placer que la inundaba esa aventura; el poso su mano en la depilada y muy húmeda vulva, introduciendo sus dedos entre los gemidos que ella soltaba.

Ella ya no podía mas, necesitaba sentirlo dentro, le quito la camisa, le desabrocho el cinturón, le abrió el pantalón, mientras el no deja de humedecer sus dedos en esa fuente de miel interminable.

Él se quitó el pantalón, se deshizo de los calcetines, quedando solo en unos calzones... Que no guardaban nada.

El seguía besándola mientras no dejaba de masturbarla con sus dedos, mientras con la otra mano, de forma desesperada, intentaba despertar a un miembro que parecía que nunca fue invitado a la fiesta. Un miembro con una mínima erección, que solo le podía servir para no mojar el piso del baño si fuera a orinar, pero que no le servía de nada, para complacer a una mujer que gritaba exigiendo ser penetrada.

Ella buscaba tocarlo, sentirlo. Quería de igual forma sentir entre sus manos la hombría de ese galán que la tenía tan mojada, tan excitada. Tenía mucho tiempo de no tener una relación y ese hombre le había movido un sentimiento que pensaba tan olvidado, como lo era la lujuria.

Ella buscaba agarrarlo, pero él no la dejaba. Seguía peleando la batalla de su vida con sus dos manos; una para seguir teniendo a su merced a esta bella mujer, la otra mano luchando por que se levantara, lo que esa noche ya había decidido a no levantarse. Sentía que la dignidad se le iba por las manos, al igual como fluía toda esa miel entre sus dedos, miel que empezaba a secarse, cuando esa bella mujer notaba que ahí había algo raro.

Hubo un momento en que los besos se detuvieron, los jadeos pararon, las sonrisas se acabaron.

Ella, sin decir nada, empezó a vestirse. Él, sin decir nada, veía como se esfumaba la victoria de una batalla que creía ganada.

Ella termino de vestirse, se paró, tomo su bolso y sin decir más, camino a la salida. Él, vistiendo solo el calzón y la camisa a medio abotonar, intento detenerla tomándola del brazo. Ella se detuvo, lo volteo a ver, con un rostro que pedía mil respuestas. Él fijo su mirada en ella, buscando las palabras adecuadas, pero no encontró una sola que pudiera mover esos labios, los mismos labios que no paraban de moverse cuando tanto la besaba.

Se quedaron viendo un instante que pareció eterno, el no supo que decir, se quedó mudo. Logrando que un rostro que pedía mil respuestas se convirtiera en un gesto de frustración. Su mano la soltó, cayendo a su lado su brazo, inmóvil, como una lúgubre imitación de lo que guardaba dentro de su calzón.

Ella salió del departamento, mientras pedía un taxi por su celular.  

Él se quedó inmóvil, parado afuera de su habitación, sintiendo en sus hombros el peso de todos los años que tenía.

Se dio la vuelta, caminó a su cuarto, pasando al baño; sin voltear a ver la imagen del gran espejo que hacia tan solo unas horas reflejaba a un ganador, y que ahora solo veía pasar a un guerrero, cuya triunfal carrera fue truncada por algo tan débil… Como la falta de una simple erección.